Festejando
Cuentos, relatos y anecdotas
Pesaj
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Recuerdos de un jasid II

Selección extraída del libro “De generación en generación” por Abraham Twerski, (C) Kehot Lubavich Sudamericana

El siguiente relato, que es sólo uno de los muchos relatos de milagros de los maestros jasídicos, figura en este libro sencillamente porque tuve la dicha de escucharlo directamente de dos participantes que presenciaron el hecho, y mi padre conoció otros tantos innumerables testigos del acontecimiento. De modo, pues, que es un relato verídico y sería una pena que se perdiera para la posteridad.
De joven, conocí a Zélig Chepovetsky, entonces un hombre de casi ochenta años. Zélig era nativo de Ivankov, un pequeño pueblo en Ucrania, cerca de Kiev. Mi bisabuelo, el Rebe de Hornostipol, también cerca de Kiev, era reconocido como la autoridad absoluta en cuestiones religiosos en los pueblos cercanos.

El padre de Zélig era conocido como “Moshé, el Profesor”. Esto se debía a que Moshé, que no sabía cómo ganarse la vida, fue cierta vez a plantearle al Rebe su problema, y éste le respondió: “Ve, y hazte médico”.
Para Moshé, la palabra del Rebe era ley. Como el aprendizaje formal de la medicina no le era viable, Moshé se hizo aprendiz del médico local. Llevaba el maletín del médico, observaba los síntomas de cada paciente, y tomaba nota de lo que el médico recetaba en cada caso. Al tiempo, comenzó a tratar pacientes por sí mismo, y ¡oh milagro! los tratamientos de. Moshé parecían infalibles: todos sus pacientes se recuperaban. Su fama cundió, y los médicos más destacados de Kiev se referían orgullosamente a Moshé como “nuestro estimado colega”.

La principal industria de Ivankov era la fabricación de levadura, y varias de las fábricas de levadura eran de propiedad judía. Como en Pesaj está prohibido que los judíos posean levadura, los propietarios firmaban un contrato por el que transmitían la propiedad de sus fábricas a no judíos, y luego continuaban explotando las fábricas durante Pesaj

El Rebe condenaba enérgicamente esta práctica pues consideraba que el contrato era un engaño. Sin embargo, la práctica continuaba año tras a año. Cierta vez, el Shabat anterior a Pesaj, cuando, los residentes de los pueblos circundantes se reunieron en la casa del Rebe, éste amonestó a los ivancovitas por desobedecer sus deseos, y les dijo: “Recuerden, la halajá dice que el jametz que se guarda durante Pesaj deberá ser destruido por el fuego”.

Moshé el Profesor, que también era ivancovita y se encontraba entre los presentes, exclamó: “Pero, Rebe, yo no tengo la culpa. No tenga nada que ver con la manufactura de levadura”. A lo cual el Rebe respondió: “No estaba pensando en ti, Moshé”.

Zélig me contó que en la tarde de la víspera de Pesaj, se desató un terrible incendio en la ciudad que se extendió muy rápidamente. Los habitantes de la ciudad trataron de salvar al unos de sus bienes cruzando el río que dividía la ciudad, pero el incendio cruzó el río, destruyó todas las casas de la ciudad, con excepción de una: la de Moshé.

Abuelo me contó que esa víspera de Pesaj, su padre, el Rebe, parecía muy agitado y demoró la celebración del Seder. En medio del Seder, se abrieron las puertas y una delegación de Ivankov, entre ellos Zélig, informaron al Rebe de que habían perdido todos sus bienes en el incendio.
El Rebe mandó decir a toda su comunidad que guardaran raciones mínimas de comida para ellos y que enviaran toda la comida que pudieran a Ivankov. Se organizó una caravana de carros para llevar provisiones, artículos de vestir y ropa de cama a la ciudad asolada por el fuego.
Unos sesenta años más tarde, Zélig me relató esta historia, con los ojos bañados en lágrimas. “Sí”, dijo, “el Rebe destruyó nuestro pueblo. Pero también lo reconstruyó”.

 

Abraham Tweski

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