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Los Sueños y la Profecía
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Quién es apto para interpretar sueños

El Tur (inciso 569) escribe que en la actualidad las personas no son versadas en la interpretación de los sueños (así escribe también el R. Amrám y R. Kalonimus, el Aví Ezrí, y así lo mismo dictamina el Shulján Aruj, inciso 288). Y la razón de esto es que desde los tiempos de nuestros Sabios hasta la actualidad, la interpretación de los sueños ha experimentado diversos cambios.

En mi humilde opinión, no obstante, ello es aplicable específicamente a un sueño genérico; pero con relación a todo lo que se enseña en la sección Haroé del Tratado de Berajot ―quien ve un elefante, etc., quien ve un caballo, etc.― tiene vigencia también en la actualidad. Y en lo que respecta a un sueño cuya interpretación no aparece entre las interpretaciones que dieron nuestros Sabios, se explicó que, en su gran mayoría, no tienen ninguna importancia.

Y asimismo dice Rashba (Shut HaRashbá, 489), el Seder Hayom ( Kohelet, parashá 5), y la obra Haktav vehakabalá (Bereshit 40,8). Y el Lebush dice: “Es sabido que la gran mayoría de los sueños están entremezclados con cosas vanas, engañosas e irrelevantes, y no hay en ellos ni siquiera una cosa cierta”. Lo mismo dice el Pelé Yoetz (ver jalom), y también el libro de Tehilim: “Todos los sueños que tenemos no tienen ninguna relevancia, pues las personas viven abocadas a la búsqueda del sustento, y no existe un día cuya maldición no sea peor que la del día que le precede”. Por ello, también si a una persona le preocupa un sueño y desea interpretarlo, debe saber que es necesario que el intérprete sea alguien íntegro en el servicio de Dios.

Y esto es lo que dice el Séfer jasidim (447) al respecto: “La persona que tuvo un sueño no se lo debe contar más que a alguien sabio y temeroso del pecado”; y la obra Nishmat (41, 5, cap. 5) escribe que es necesario que el intérprete tenga cierto ruaj nevuá (‘espíritu profético’), y así  también indica el Yefé toar sobre el midrash (Bereshit Rabá 8, 9, 67), donde dice que se requiere un espíritu de los cielos para poder interpretar sueños. Y encontramos un idea similar en la obra Haktav vehakabalá (Bereshit 8,5). El intérprete debe ser también alguien que esté desligado de las vanidades de este mundo, etc., y algo similar escribe el Tzidkat Hatzadik (253): “Es necesario que el intérprete sea una persona libre de los deseos terrenales, libre del deseo por las mujeres, como Yosef, y libre del deseo por la comida, como Daniel”. Asimismo deberá ser sabio, como dice el Séfer Jasidim (ibídem), y lo mismo dice el Gaón de Vilna (Imrei Noam, Tratado de Berajot).

Y en el Jesed Laalafim (220, 9) está escrito que no tenemos intérpretes que sepan qué es lo bueno y qué es lo malo, y que, además, el intérprete debe conocer bien el sueño. Y así dice el R. Rafael Malki: “Hay una regla muy básica para la interpretación de los sueños: el intérprete debe tener conocimiento de la persona que haya tenido el sueño, sus ocupaciones y sus características, y conforme a ello interpretarlo. La regla es la siguiente: todo depende de quién sea la persona, del lugar y del asunto: un mismo sueño puede significar una cosa con respecto a una persona, y otra completamente distinta con respecto a una persona diferente”.

En síntesis: en nuestra generación son sumamente pocas la personas capaces de interpretar sueños, si es que las hay siquiera (y, como indiqué varias veces: ello es así con respecto a los sueños en general; pero en el caso concreto de las interpretaciones de sueños hechas por nuestros sabios, estas son válidas y tienen

Yehuda Cohen

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