Ascendiendo
Articulos varios
+100%-

Que no tengamos que alejarnos de Israel

Extraído de La luz de Efraim. Escrito por simja Benyosef. Editorial Obelisco

“Espero que tengamos tiempo para ello en Shabat, después de la tercera comida”, dijo el sabio, “pero sólo con formar parte de la experiencia de Shabat, deduciréis mucho vosotros solos. Saben”, añadió, “al final del servicio de medianoche, leemos una hermosa oración compuesta por el kabalista del siglo dieciocho, Rab Shalom Sharabi, conocido por el acróstico de su nombre, el Rashash. El objetivo de la oración es esencialmente pedir que baje la Luz Infinita de Ein Sof a todas las entidades Divinas sucesivas, de la más alta hasta la más cercana a nosotros, y se manifieste en todos los niveles de nuestra alma.

“Esa oración me enseñó la importancia del sonido de nuestra voz al decir tefilá. Sucedió más de una vez que había terminado de decir la oración de medianoche sin poder derramar lágrimas, y vinieron éstas al oírme a mí mismo pedirle a Hashem que por favor, que tenga ternura y compasión hacia la Shejiná y le dé mucha fuerza para salir de la klipá-que pronunciamos kali para no decir esa palabra completa. Le pedimos que le quite los ropajes impuros y se los cambie por el manto real que le corresponde y que le dé gran fuerza para también salgan con Ella todas las santas chispas que se quedaron en la kali por nuestra culpa, y aquí añadimos esos Nombres de los cuales te hablé hace unos días, jayil, bala´ve yakienu

“Al final, le pedimos a Hashem que no tengamos que dejar la Tierra de Israel. En apariencia, estamos pidiendo de permanecer en Israel, ya que solo aquí tenemos la Presencia de Hashem a todo momento. Sin embargo, una vez tuve que viajar fuera de Israel, y después de unos días me di cuenta cómo habían mejorado mis oraciones.

“Entonces comprendí que la distancia que sentía al estar lejos de Israel me estaba ayudando a acercarme a El Altísimo. A consecuencia de eso, siempre que dije la tefilá del Rashash, exclamé del fondo de mi corazón, ´¡Que no tengamos que dejar la Tierra de Israel´! añadiendo en mi fuero interno, ´para reanimar la intensidad de mi anhelo´.

“En el santuario interior del Templo estaba la Menorá, el candelabro de siete ramas cuya llama central ardía eternamente. Su llama representaba nuestro creciente deseo de apego apasionado. Cuando se apagó la llama interior de nuestro amor por Hashem, lo mismo sucedió con la de la Menorá, y entonces perdimos el Templo. ¡Nosotros debemos seguir alimentando nuestra llama interior, para que vuelva El a encender la de la Menorá desde arriba, y retorne Su Shejiná a Zión”!

simja Benyosef

Libros relacionados

La Luz de Efraim

Cabala




Deje su comentario

Su email no se publica. Campos requeridos *

Top