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Qué es la Caridad?

Extraido de la Bendicion de dar – El Rebe Najman sobre la Caridad

¿QUÉ ES LA CARIDAD?

Tan grande es la caridad que acerca la Redención Final, salva al benefactor de la muerte y le permite percibir el Rostro Divino (El Libro de los Atributos, Caridad A2-4).

Vivimos en una época asombrosa. Tenemos electricidad, conexiones instantáneas en Internet, jets que nos llevan alrededor del globo, teléfonos móviles que nos permiten conectarnos con quién sea y dónde esté y -quizás la bendición más grande de todas – ¡plomería y agua corriente en la casa! Disfrutamos de un confort nunca imaginado por nuestros ancestros. Estamos bendecidos con cosechas asombrosas, por una abundancia de medicinas creadas en laboratorio, con vestimentas listas para ser usadas y toda clase de comodidades.

Aun así, no todos derivan placer de esa abundancia.

La plétora de prosperidad material es contrarrestada por la extrema pobreza. La riqueza agregada de algunos individuos llega a ser equivalente al producto bruto interno de algunos países, mientras que otros -que quizás viven a unas pocas cuadras de esos billonarios- no tienen casi nada. Así como las estadísticas demuestran que los dones para caridad están aumentando constantemente, igualmente lo es la necesidad de “compartir la riqueza”.

No pasa un día sin alguna clase de pedido en la calle. Raramente pasa una semana sin que un individuo u organización golpee a la puerta, llame por teléfono o solicite por medio de e-mails, pidiéndonos involucrarnos. Quizás no siempre abrimos la puerta ni respondemos a los mensajes, pero de alguna manera, en algún lugar, alguien debe estar haciéndolo, pues parece que los solicitantes siguen en pie y que consiguen ayuda. Sea como fuere, no abandonan.

Entre aquellos que compiten por los fondos están los hospitales, las clínicas, los institutos de investigación médica y otras organizaciones dedicadas a mejorar la salud alrededor del mundo. Hay instituciones educacionales, organizaciones religiosas, servicios sociales para los ancianos y para los discapacitados físicos y emocionales, organizaciones dedicadas al rescate de los animales y a la protección del medio ambiente. A nivel individual, encontramos viudas y huérfanos, gente sin hogar, los desempleados y los que están subempleados… la lista es interminable.

Hay tantas causas. Pero, créase o no, más numerosas que las causas son las personas que tienen la capacidad de aliviar el aprieto de los necesitados en todas partes. ¿Qué es lo que las retiene?

El hecho de que no conocen el poder de lo que se da.

Dijo el rabí Natán, “Si comprendiésemos cuál es la recompensa que viene de dar caridad, correríamos por las calles buscando gente pobre y dándole lo necesario con ambas manos y una gran alegría” (cf. Likutey Halajot, Birkot HaReiaj 5:2).

De modo que, ¿por dónde comenzamos?

Comenzamos comprendiendo qué es la caridad y qué no lo es, y qué papel juega en el plan de Dios para la creación.

DEFINIENDO LA CARIDAD

Si le pides al hombre de la calle que defina la caridad, obtendrás una variedad de respuestas. En general la gente dirá que la caridad significa ayudar a los menos afortunados. Hablará de dones monetarios, pero también podrá mencionar alimento, vestimenta, refugio y diferentes actos de bondad.

El judaísmo reconoce esta definición. Dice la Torá: “Le abrirás tu mano y sin falta le prestarás lo suficiente para las necesidades que tuviere” (Deuteronomio 15:8). De acuerdo a Maimónides, el gran codificador judío, este versículo describe la mitzvá de dar caridad y se considera un precepto específico de la Torá hacer lo que podamos para sustentar a los necesitados, así sea mediante un regalo o un préstamo.

Pero la Torá va más allá aún: “Y cuando empobreciere tu hermano y pierda la capacidad de sustentarse, deberás ayudarlo (ve-hejezakta bo)” (Levítico 25:35). Si los negocios de tu amigo necesitan una inyección de dinero, es una mitzvá ir en su ayuda para que pueda continuar ganándose la vida. Una razón simple para esta mitzvá es que si los negocios de la persona fallan, se vuelve necesitada y una carga para los demás. Este tipo de caridad preventiva evita tal situación. En verdad, la frase hebrea ve-hejezakta bo significa literalmente “lo aferrarás” – significando que debes apoyar a la persona para que no caiga.

Uno de los principios más importantes de la caridad en el pensamiento judío es mantener a la gente sobre sus pies y no permitir que sucumba a las dificultades financieras que podrían dejarla en situación de indigencia. Esto no significa dar siempre dinero; a veces es mejor prestar lo necesario para ayudar a la persona a abrir o a restablecer un negocio. Por otro lado, hay veces en que no dar caridad es la verdadera caridad. Cuando el deudor crónico se dé cuenta de que ya no hay más préstamos gratis, aprenderá a administrar sus propios fondos de manera mucho más eficiente. Saber cuándo desembolsar los fondos y cuándo no hacerlo queda bien expresado en este adagio chino, “Dale pescado a un hombre y lo alimentarás por un día. Enséñale a pescar y lo alimentarás para toda la vida”.

ACTOS DE BONDAD

Otro aspecto de la caridad que enfatiza el judaísmo es guemilut jasadim (literalmente, “hacer actos de bondad”). Esto implica ayudar a las otras personas tanto física como emocionalmente, visitando a los enfermos, haciéndose cargo de sus necesidades y enterrando con respeto a los muertos. El Talmud enseña que guemilut jasadim sobrepasa de tres maneras la forma común de caridad conocida como tzedaka: (1) tzedaka es sólo con dinero, mientras que guemilut jasadim  es con el cuerpo y con la riqueza; (2) tzedaka es sólo para los pobres, mientras que guemilut jasadim es para el pobre y para el rico; (3) tzedaka es sólo para los vivos, pero guemilut jasadim puede ser hecho para los vivos y para los muertos (Suká 49b).

Guemilut jasadim incluye ofrecer una palabra de aliento o de bondad a los demás. Cuando Dios creó el primer ser humano a Su imagen, insufló en el hombre una parte de Él Mismo, el aliento de vida y entonces el hombre se volvió “un espíritu hablante” (Targum Onkelos sobre Génesis 2:7). El Rebe Najmán dice que debemos utilizar el poder del habla -la facultad que nos diferencia de los animales- para articular “palabras de caridad” (Likutey Moharán II, 2:4). Cita entonces al profeta Isaías, que describe a Dios como hablando con benevolencia (Isaías 63:1) y hace notar que emulamos a nuestro Creador cuando le hablamos con bondad a los demás, como está escrito, “Bueno es el hombre que es generoso y presta; que ordena sus asuntos con juicio”.

Existe un gran poder en el acto de recibir a la gente con una sonrisa. Enseña el Rebe Najmán:

Con alegría, puedes darle vida a una persona. Esa persona puede sufrir una terrible agonía y no ser capaz de expresar lo que pesa en su corazón. No hay nadie ante quien pueda abrir su corazón, de modo que permanece profundamente dolorida y preocupada. Si te acercas a tal persona con un rostro alegre, podrás animarla y literalmente darle vida. Ésta es una gran cosa y de ninguna manera es un gesto vacío (Sabiduría y Enseñanzas del Rabí Najmán de Breslov #43).

¡De modo que incluso una sonrisa pertenece a la categoría de la caridad!

Otros actos de caridad incluyen perdonar y juzgar a los demás de manera favorable – es decir, encontrando motivaciones positivas para sus acciones en lugar de condenar sus actos.

Las posibilidades son infinitas. Como hace notar el rabí Natán, cada buena acción que hacemos es considerada un acto de caridad. Como prueba, cita el versículo “Será caridad para nosotros si somos cuidadosos en cumplir todo este mandamiento en presencia del Señor, nuestro Dios, como Él nos lo ha ordenado” (Deuteronomio 6:25). Cada buena acción que llevamos a cabo es acreditada como un acto de caridad, pues es caridad para nuestras almas (Likutey Halajot, Rosh HaShaná 6:10).

Vemos que la caridad tiene muchas aplicaciones. También las recompensas son ilimitadas. A lo largo de las Escrituras, del Talmud, del Midrash, de los textos kabalistas y jasídicos, encontramos página tras página dedicadas a describir la abundancia y las bendiciones que descienden al mundo y hacen de él un lugar mejor para vivir, solamente como resultado de un solo acto caritativo.

En verdad, la caridad estuvo incluida en el mismo acto de la creación.

El rabí Iosef Zundel de Salant volvió a su hogar tarde, luego de su sermón en el Shabat HaGadol (el Shabat que precede Pesaj). Cuando su esposa le preguntó, “¿Por qué tan tarde?”, él respondió, “Es el Shabat HaGadol. Hoy es costumbre hacer un llamado para kimja de-Pischa (literalmente, ‘harina para Pesaj’, una colecta para cubrir las necesidades de los pobres para la festividad). Hice un largo y apasionado pedido para los pobres”.

Ella le preguntó, “¿Tuviste éxito?”.

El rabí Iosef Zundel le respondió, “Logré la mitad. ¡Los pobres están dispuestos a aceptarlo!”

Jaim Kramer

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