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Que el Agua no nos Tape

Extraido de Jabad Magazine

“Formar parejas y que se mantengan juntas es tan difícil como elpartición del mar” declara el Talmud. ¿Cuál es el significado que se halla detrás de estas palabras? Es verdad, el proceso para encontrar y mantener un compañero de vida puede ser desafiante y difícil, no tan lejano de de un milagro. Pero ¿por qué, de todos los milagros descritos en la Biblia, el Talmud escoge el milagro de la partición del mar específicamente, para estudiar el proceso del matrimonio?

UN MAPA DEL SUBCONSCIENTE

¿Cuál es la diferencia entre la tierra y el mar? La tierra y el mar son terrenos vibrantes y llenos de acción- poblados por una infinidad de criaturas, y repletos de una gran variedad de minerales y vegetación. El universo de la tierra seca está expuesto al aire libre y todos pueden verlo y apreciarlo, mientras que el mundo del mar está oculto bajo una cama de agua. En el misticismo judío (Cabalá y espiritualidad jasídica), estos dos planos físicos reflejan las dimensiones conscientes e inconscientes de la psique humana. Ambas partes del ser son sumamente vibrantes y dinámicas.

La diferencia entre ellas es que mientras que nuestro ego consciente está desplegado y se exhibe a nosotros y a los otros para apreciarlo y experimentarlo, nuestro ser subconsciente permanece oculto, no sólo de otras personas sino incluso de nuestra propia visión. La mayoría de nosotros sabe muy poco de lo que está pasando en los túneles subterráneos de nuestra psique. Si se le diera la oportunidad de vislumbrar en su propio “mar” y descubrir el universo de la personalidad escondida bajo su cerebro consciente, ¿qué piensa que encontrará? ¿Vergüenza, miedo, culpa, dolor, inseguridad, impulso de destruir, sobrevivir, dominar, lamento por amor? ¿Descubriría la Líbido de Freud, el inconsciente colectivo de Jung, la búsqueda de Adler del poder y control, la demanda de Frankl de significar?

En Cabalá, en el centro de la condición humana hay un anhelo por la unidad. Rabi Shneur Zalman de Liadi (1745-1812), fundador de la escuela de Cabalá de Jabad, ha sido uno de los más grandes expertos en almas en la historia del Judaísmo, y escribió sobre el asunto más que cualquier otro sabio judío. En 1796- un siglo antes que Freíd- publicó un libro, el Tania, en el que presentó su “mapa del subconsciente,” basado en el Talmud y la tradición Cabalística. En una parábola estupenda, Rabi Shnuer Zalman cita el versículo bíblico “El alma del hombre es una llama Divina” (Proverbios 20:27), explicando que así como la llama siempre es oscilante, está siempre bailando, lamiendo el aire, buscando tocar el cielo librándose de la mecha. Así también el alma del hombre siempre está aspirando a dejar su cáscara y experimentar la unidad con lo Divino.

EL SECRETO DE LA INTIMIDAD

Esta demanda de una relación con lo Divino se manifiesta en nuestra búsqueda por relacionarnos con nuestra llama gemela aquí abajo. Donde Freud diagnosticó la libido como un deseo por la unión con un padre, y Jung lo vio como un anhelo por el género opuesto grabado en nuestro inconsciente colectivo, la Cabalá lo entendió como una demanda por la unión con Di-s. Nuestro deseo de intimidad es una de las expresiones más profundas de nuestro deseo existencial por la Verdad, por la Unidad, por Di-s. Como está escrito en Génesis: “Di-s creó al hombre en Su imagen, en la imagen de Di-s él lo creó; varón y mujer él los creó.” Claramente, fue en la unión y unidad de los géneros que el primer Adam, el primer ser humano, reflejó la imagen de Di-s.

Esta perspectiva de la relación e intimidad se expresa en los nombres hebreos del hombre y la mujer dadas por Adám en Génesis. Las palabras hebreas para hombre y mujer –Ish e Ishá– contienen la palabra fuego en hebreo, Esh. Cada uno contiene también una letra más, que combinada, forma el nombre de Di-s. La importancia de esto es profunda. El hombre sin la mujer, y la mujer sin el hombre faltan en la compleción del nombre de Di-s. Cuando se unen, las dos medias imágenes de lo Divino que se halla dentro de ellos, se une también. El fuego y la pasión que los atraen, son su anhelo para recrear el nombre completo de Di-s entre ellos. En una ceremonia de boda judía, se recita esta bendición: “Bendito eres, Tu Di-s, Rey del Universo que creó al ser humano en Su imagen.” ¿Por qué esta bendición se dice en una ceremonia de bodas? ¿No sería más apropiado decirla cuándo nace un niño? La respuesta es: Sólo a través de la unión del hombre y la mujer es que la imagen de Di-s se refleja más estrechamente.

Las ramificaciones de esta idea son importantes. Significa que el matrimonio no es una interrupción del ego natural individual de uno por causa de acoplarse a un extraño. Más bien- a través del matrimonio- el hombre y la mujer retornan a su verdadero estado natural, un solo ser que refleja a Di-s, cada uno en su propia y única manera. El matrimonio permite a la esposa y al marido descubrir su ser completo, compuesto de energía masculina y femenina.

CONOZCASE A SI MISMO

Podemos viajar a través de la vida desprevenidos de esta dimensión del ser y sin buscar la unidad con lo Divino. A lo largo de nuestros años en este planeta podemos comportarnos como si este elemento del ego no existiera. Aunque sus síntomas repercuten a través de nuestra conciencia – más a menudo en sentimientos de vacío y falta de contento cuando nuestro ego espiritual no se sacia – somos aficionados a expulsarlo o negarlo. Por lo menos en el corto término, es mucho más fácil aceptar que somos nada más que bestias inteligentes que piden auto-satisfacción, que almas espirituales que piden por Di-s.

Cuando vemos la superficie, el egoísmo es más fácil que el desinterés; el aislamiento es más natural que las relaciones; la soledad es más innata que el amor y el compromiso. Sólo cuando “abrimos nuestro mar”, cuando descubrimos la profundidad de nuestras almas, las vibraciones sutiles de nuestro subconsciente, revelamos esa unidad que satisface nuestro foco más profundo; el amor es la expresión más natural de nuestros profundos egos. “Formar las parejas y lograr que permanezcan juntas es tan difícil como el partición del mar” cita el Talmud.

El desafío de crear y mantener una relación significativa y poderosa es la necesidad de hender nuestros propios mares cada día, para aprender cuánto anhelamos amar en la profundidad de nuestros espíritus y compartir nuestras vidas con otro ser humano y con nuestro Creador.

Yosef Y. Jacobson

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