Profundizando
Educación Judía
Las Festividades y la Educación
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Prepárense para educar

¿Ud. quería comprar un perrito? Uno de esos perritos dulces que meneen la cola cuando les acarician la cabeza? ¿O que levante la patita cuando le hacen mimos? ¡Ya tiene la solución! Por el módico precio de $….., Ud. tendrá su perrito electrónico (de raza) que no sólo goza de las cualidades que Ud. buscaba, sino que, a su vez, posee muchos beneficios más: no ensucia la casa, no gruñe ni aúlla de noche, no crea problemas cuando se quiere ir de vacaciones, (no me consulten por los temas relacionados con Shabbat, pero posiblemente le resuelva el problema de sacarlo a pasear). Lo que estamos contando no es ficción. Una empresa japonesa ya creó este “perrito” y, quiero suponer, que antes de haber emprendido esta inversión, habrán hecho el estudio de mercado correspondiente y habrán llegado a la decisión que estos perritos encontrarán a sus dueños.

Bien. En el Ajdut no nos dedicamos tanto a los perros, sino a lo que podamos aprender de las situaciones que se dan alrededor de nosotros. En el caso particular del perrito en cuestión, los adquirentes buscaron un acompañante que tenga todos los “beneficios”, sin tener ninguno de los costos (aparte del precio). Pensemos juntos. ¿Es posible que nosotros pretendamos esta misma postura en muchas situaciones diferentes de la vida? Creo que sí. Lo grave del tema es que los seres humanos no fuimos creados con el objetivo de ser eficientes. No somos máquinas que tienen un costo de inversión con necesidad de amortizar dentro de una determinada cantidad de años. La eficiencia es provechosa, cuando sirve objetivo justos, pero, en si misma, no es una finalidad por la cual uno debe vivir.

A veces se me ocurre que los padres tenemos la actitud del cliente del “perrito perfecto” respecto a nuestros hijos. Sí. Suena atroz. Pero sería útil indagar en nuestra conciencia para corroborar que no sea así. Más aun antes de Pesaj, la fiesta que, por excelencia, es una ocasión propicia para intensificar los vínculos de padres e hijos alrededor de la mesa del Seder (y durante el resto de la fiesta). Pesaj es, a su vez, una oportunidad de formular preguntas (no sólo las cuatro tradicionales del Ma Nishtaná) y transmitir de la propia experiencia y herencia a los que algún día serán los que nos trasciendan en este mundo físico y lleven adelante los ideales por los cuales luchamos.

Si es así, entonces el Seder es una oportunidad que no debemos desperdiciar. ¿Qué enseñanza importante transmitirles? ¿Lo que se me ocurra en el momento? ¿Cuál es la lección de vida que nos es tan fundamental, que solamente nosotros – como padres – se la podemos legar directamente a nuestros hijos y que no quisiéramos dejar en manos de terceros? Pensemos nuevamente (con papel y lápiz en la mano para que no se nos escapen conceptos penetrantes y profundos). Ahora, sí ahora, que todavía faltan dos semanas hasta Pesaj y podemos hacer bien los deberes para que no nos tome por sorpresa. ¡¿Cómo?! ¿Qué dice? ¿Que no se le ocurren buenas ideas para el Seder? ¿Por qué? ¿Ya se lo dijo todo en otra ocasión? ¿Está tan seguro que su hijo ya lo sabe?

Bien. Es posible que nuestros hijos tengan una muy vaga idea de alguna de nuestras verdaderas aspiraciones, si las tenemos y si nos las planteamos seriamente en algún momento. Pero, como dicen, a menudo “lo urgente no da tiempo para lo importante”. Sucede frecuentemente que respecto a ciertas nociones se creen tan claras e indiscutibles, puede llegar a pasar toda una vida sin que se manifiesten verbalmente, aun entre padres e hijos. Sucede también que hay ideas que sostenemos “con todo nuestro ser” y “defendemos a muerte”, que no sabemos claramente (ni nos detuvimos a estudiar) por qué nos son tan evidentes e indubitables. Solo sabemos que “así es” y nada más. A su vez, acontece también que por las preocupaciones diarias por la supervivencia, lo material parece tomar un tono de emergencia mayor a la educación de valores morales.
Antes de seguir adelante, quisiera formular otra pregunta: ¿Sabe Ud. por qué quiso tener a los hijos que tiene? Ud. pensará: “¡Qué pregunta tonta!” “¡Cómo me va a cuestionar eso!” “¡Toda persona normal se casa y quiere tener hijos!”

Bien. No sé si normal o no normal, pero… criar hijos trae muchos gastos y sinsabores. Como padres debemos alimentarlos todo el día durante largos años, educarlos hasta el posgrado, hacernos cargo de sus malas conductas, proteger su salud física, mental y emocional, velar su seguridad, y, finalmente casar a nuestros hijos. ¿Para qué entramos en este “conflicto”? Para tirarles de los cachetitos, jugar un rato a la pelota los domingos y mostrar “qué ricos que son los niños”… ¿no sería más fácil encontrar una solución más práctica y eficiente y menos costosa?

A D”s gracias que no pensamos en estos términos (o, a veces, no pensamos del todo…). Casi “todos” se casan, casi “todos” tienen hijos y los tratan de educar lo mejor que saben o creen saber. Obviamente, también “les tiran de los cachetitos” y les gusta ostentar y lucirse con ellos, mostrando sus proezas en público. Sin embargo, demasiadas veces, las enseñanzas no se enseñan. Es muy posible que, como padres, mostremos más de una conducta que no debe ser a lo que sí debe ser. Por otro lado, con el tiempo también muchos suelen sufrir una decepción pues los niños no son lo perfecto que habíamos soñado desde un principio. El clima en la casa se vuelve tensionado y tirante. ¿Hay solución?

La Hagadá misma señala que respecto a la instrucción de Pesaj (y la de todo el año) no se le puede educar a un hijo en la misma manera que a su hermano. Cada uno es distinto y requiere su tiempo para acercársele y poder enseñarle. Los niños no menean su cabeza, ni levantan su patita como un perrito electrónico. Suele tener ideas propias “que no nos convencen” y que nunca habíamos pensado. Nos “descolocan”. Poseen otras ideas acerca de la vida que nosotros. Son libres y tienen vida propia, y, aun así, tenemos la obligación de educarlos.

Cuando los judíos escucharon en Egipto que Moshé les decía que en el futuro llegarían a la tierra de Israel y tendrían hijos que les preguntarían del porqué de Pesaj, ellos se postraron por la buena noticia (Shmot 12:26/27 y Rash”í). Esto no deja de extrañarnos, pues en la Torá se menciona varias veces acerca de los hijos preguntándole a los padres acerca de los preparativos de Pesaj. Sin embargo, en esta precisa cita, el texto de la manera de cuestionar de los hijos es la del hijo rebelde (“¡¿Para qué tanto trabajo?!”). ¿Por qué esto les pareció “una buena noticia”? ¿Acaso querían tener hijos rebeldes? La posible respuesta es que educar a los hijos es un desafío, casi el más importante que elegimos en toda nuestra vida. Como tal, no existe hijos que “no nos den trabajo”. Si nos parece que todo es muy fácil, quizás sea porque en realidad no nos estamos ocupando correctamente…

Pesaj es una oportunidad especial (aparte de lo que debemos hacer todo el año). Nos obliga a pensar y conversar. Más así en una época que carece de valores y se tornó materialista y exitista como la nuestra. Nuestros hijos están creciendo en medio de una carrera de supervivencia que es tan crítica como si fuese una guerra. Llegamos cansados a casa. Hay pocos momentos de respiro y tranquilidad. No es fácil ni para nosotros ni para los niños. Lo que importa en aquellos pocos ratos libres, es la calidad de la relación que establecemos. Lo que decimos y hasta los gestos que mostramos tiene un fuerte impacto sobre ellos. El rol de padres es indelegable. No perdamos el protagonismo que se nos confió.

Y no olvidemos. No existe educación posible sin la asistencia Di-vina. Uno de los componentes esenciales de la educación es el rezo al Todopoderoso. En nuestras plegarias más íntimas, debemos invocar Su ayuda y misericordia para que nuestros hijos sean lo que El quiere que sean.

Rab Daniel Oppenheimer

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