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El poder del habla y la plegaria
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Plegaria: recipiente para la bendición…

Extraído de El jardín de las almas. Breslov Institute. Traducido al español por Guillermo Beilinson.

Sólo cerrando nuestros ojos por completo a este mundo y contemplando el propósito último y eterno podremos anular todo sufrimiento y alcanzar la plegaria perfecta.

Los sabios nos enseñaron a decir, “Todo lo que el Misericordioso hace es para bien”. Pero si todo lo que Dios le hace a la persona es para su propio bien, y si el dolor y el sufrimiento son un gran favor para ayudarla a acercarse a la vida eterna, entonces ¿por qué se nos pide que oremos cuando hay problemas?

Ciertamente todo lo que Dios le hace a la persona es para bien, pero incluso así uno debe orar a Dios y rogarle alivio para su sufrimiento. Para entender porqué, debemos primero comprender que el propósito principal de la creación del mundo fue el hombre, poseedor de la libertad de elección. Dios dejó todo en nuestras manos para que nosotros hiciésemos los recipientes mediante los cuales el amor Divino y la bendición pudieran fluir hacia el mundo.

Un recipiente es un contenedor capaz de recibir algo y luego transmitirlo hacia alguien más. En la literatura de la Kabalá, las enseñanzas de la Torá, las plegarias, las mitzvot y las buenas acciones son llamados “recipientes”, canales finitos a través de los cuales la infinita luz de Dios puede ser revelada en este mundo. Mientras no preparemos los recipientes apropiados aquí debajo, la bondad Divina no puede fluir hacia nosotros desde arriba, porque de hacerlo descendería en exceso, tal como demasiado aceite apaga la lámpara. La bondad se volvería entonces juicio estricto, Dios no lo permita.

Los recipientes para contener la bondad de Dios se preparan a través del estudio de la Torá y de la plegaria, en especial de la plegaria. Es así que antes de la creación del hombre, “ningún arbusto existía aún en la tierra y ninguna hierba había brotado todavía porque Dios no había hecho llover sobre la tierra y no había hombres para trabajar el suelo” (Génesis 2:5). Rashi (ad loc.) explica que el hombre aún no estaba allí para orar, siendo su plegaria necesaria para iniciar el flujo de la bendición Divina.

De modo que antes de que la persona ore, todo lo que le sucede, incluso el sufrimiento, todo es para su bien. El mismo sufrimiento que atraviesa es en verdad una expresión de gran amor por parte de Dios, porque dado su comportamiento transgresor, no hay otra manera en que la bendición y la vida puedan descender hacia ella en esta etapa de su desarrollo. Si se la bendijese con una bondad sin limitaciones, la luz sería excesiva y haría más mal que bien.

Mediante la plegaria endulzamos los juicios Divinos que restringen el flujo de bondad y preparamos los recipientes mediante los cuales podemos acoger la bondad de Dios. Entonces somos capaces de anular los juicios severos, dado que ahora tenemos los recipientes para retener la infinita bondad de Dios sin tener que pasar por el sufrimiento.

Para preparar los recipientes, la primera etapa es elevar nuestros ojos hacia el objetivo final, donde todo es bueno, y formar una unidad con todas nuestras plegarias. Sólo mediante el abandono, el bitul en la unidad final, conociendo y aceptando que todo es para bien, podremos entonces orar por todo lo que necesitemos. Esto se debe a que los recipientes con los cuales acogemos las abundantes bendiciones Divinas, hijos, salud, sustento, etc., se forman a partir de la luz del vestigio de la experiencia del bitul que permanece luego de retornar a la conciencia normal. Habiendo preparado los recipientes apropiados con los cuales acoger las bendiciones y las bondades de Dios, ahora todo es para bien.

Este es el significado de lo que dice el Rebe Najmán, que al volver del bitul y mediante la Torá que recibimos del vestigio aplacamos la sed del alma producida por el sufrimiento. Esta Torá en verdad nos viene a través de la plegaria. Este es un punto que el Rebe presenta en varios lugares – cf. Likutey Moharán I, 8 y I, 19 – y también es evidente aquí. El Rebe habla primero sobre cómo unificar todas las plegarias contemplando el objetivo final, entonces concluye que mediante esta contemplación del objetivo último atraemos Torá a partir del vestigio del bitul. Claramente las ideas de Torá descienden a nosotros a través de la plegaria.

El hecho es que la plegaria y las ideas de Torá dependen una de la otra. Mediante la plegaria podemos conectarnos primero con el brillo del vestigio del bitul. Así es como hacemos descender las fuentes de luz que más tarde se expanden dentro de nosotros en la forma de ideas más profundas de Torá, con las cuales enfriamos y atemperamos nuestro sufrimiento. Esto se debe a que mediante la plegaria y la Torá formamos los recipientes con los cuales acoger el influjo de la bendición Divina, para bien, para eternidad y para vida, en lugar de para mal y para muerte.
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