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Piedras en el camino

Una vez un hombre estaba limpiando su campo. Hacía bien su trabajo, porque quitaba las piedras que perjudicaban su sembrado. Pero ¿qué hacía con las piedras? En vez de acumularlas en un rincón de su campo, o utilizarlas para construir con ellas un cerco, las tiraba en el lugar donde le resultaba más cómodo: en medio del camino donde pasaba la gente.
En ese camino pasaban siempre muchas personas, que iban y venían a sus casas o a sus trabajos. Por supuesto que esas piedras molestaban mucho a todos los que tenían que pasar por ahí, pero al campesino no le importaba, porque sólo pensaba en sí mismo y en su comodidad.

Pasó por allí un hombre Jasid, y cuando vio las piedras en medio del camino, se afligió mucho y llamó al dueño del campo.
“¡Oh, hombre ignorante! ¿Qué estás haciendo? ¿Por qué estás echando piedras de un lugar que no es tuyo a un lugar que es tuyo?”.
El campesino interrumpió por un momento su trabajo; observó al Jasid, y estalló en una estruendosa carcajada.
“¡Ja! ¡Ja! ¡Ja! ¡Qué tonto eres!”, se burló, “¿Qué es lo que dices? ¡Es al revés…! ¡De mi lugar yo estoy sacando piedras! ¡Y estoy arrojando piedras al lugar que no es mío, que es el camino…!”.

El Jasid nada le contestó, y siguió caminando, sacudiendo su cabeza en evidente signo de desaprobación. Mientras, el campesino continuó con su tarea de sacar piedras de su campo y arrojarlas al camino. Pasó un rato largo, y el campesino se seguía riendo de lo que había escuchado del Jasid. Tiempo después, ese campesino perdió todas sus riquezas; entre ellas sus campos, y se empobreció, y se vio obligado a trabajar de empleado de otros campesinos.

Una vez, regresando de su trabajo, sus pensamientos lo llevaron a recordar aquellos tiempos en los que era un poderoso hacendado, y como no se dio cuenta por dónde andaba, tropezó con unas piedras que estaban en el camino, y se cayó al suelo.
A duras penas pudo levantarse, mientras gritaba del dolor. Observó a su alrededor, y reconoció el lugar: Estaba al lado del campo que tiempo atrás era suyo. Y a las piedras del piso también las identificó: ¡él mismo las había tirado con sus propias manos, cuando estaba limpiando su campo!
En ese instante exclamó: “¡Qué razón tenía ese hombre! ¡No era un tonto, sino un sabio! El campo del cual estaba sacando las piedras, ya no es mío,
sino de otros. Y el camino, donde había arrojado las piedras, ahora es mío. ¡Saqué las piedras del lugar que no era mío, y las puse en mi lugar! ¡Sin aberlo me he provocado un perjuicio a mí mismo…!”.

Masejet Babá Kamá 50

(Gentileza Revista semanal Or Torah, Suscribirse en: ortorah@ciudad.com.ar )

1 comentario
  1. Alberto

    No le hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a.ti…

    29/04/2018 a las 05:17

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