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Perdido y Encontrado

Extraido de El Milagro de la Roca y otras historias

Una vez, un hombre pasaba por cierta ciudad, cargando una bolsa con gallinas que había comprado. Estaba cansado, entonces se sentó a descansar en los escalones de la entrada de una casa. Él no sabía que esa era la casa del gran Rabí Janiná ben Dosá. Después de descansar, el hombre se levantó y continuó su camino, olvidando la bolsa que había apoyado en uno de los escalones.

Un rato más tarde, él se acordó de sus gallinas. Intentó volver hacia atrás para encontrar la casa en la cual había dejado la bolsa, pero no podía recordar por dónde él había venido. Caminó por una calle y luego por otra, pero no pudo encontrar la casa. Tristemente dejó la ciudad y continuó su camino.

Después de unas horas, la esposa de Rabí Janiná escuchó mucho ruido que venía de la entrada de la casa. Cuando abrió la puerta, se encontró con una bolsa llena de gallinas cacareando en los escalones de la casa. Miró a su alrededor buscando al dueño, pero no vio a nadie.

Ella levantó la bolsa y la llevó adentro. “¡Mira lo que he encontrado en nuestra puerta!”, le dijo a su marido. “¿Qué debemos hacer con estas gallinas?”.
“Seguro que le pertenecen a alguien”, respondió Rabí Janiná. “Debemos cuidarlas bien hasta que el dueño vuelva por ellas”.

Rabí Janiná y su mujer alimentaban a las gallinas todos los días. Pronto, las gallinas pusieron huevos y nacieron más pollos. ¡En poco tiempo, había una gran cantidad de ruidosos pollos corriendo alrededor del patio! Cuanto más pollos había, más ruido hacían y más suciedad producían. Pero Rabí Janiná y su esposa continuaban cuidándolos muy bien, y nunca tomaron para ellos ninguno de los pollos ni de los huevos.

“Estos pollos no son nuestros”, decían ellos. “Todo debe ser devuelto a su dueño cuando regrese por ellos”.
A pesar de que el dueño -siempre y cuando regresara- le devolvería el costo del alimento, a Rabí Janiná se le hacía muy difícil alimentar a tantos pollos, ya que él era muy pobre.
Entonces, Rabí Janiná decidió vender los pollos, usar el dinero para comprar cabras y devolverle las cabras al dueño de los pollos. Todos los días las cabras iban a pastorear a un bosque cercano y Rabí Janiná no tenía que alimentarlas.
Una vez más, Rabí Janiná y su esposa se aseguraron de no tomar para ellos ninguna de las cabras. “Estas cabras no son nuestras”, decían ellos. “Todo debe ser devuelto a su dueño cuando regrese”.

Unos años más tarde, el dueño de los pollos viajó nuevamente a la ciudad; esta vez con un amigo. Cuando pasó por la casa de Rabí Janiná, de pronto la reconoció.
“¡Esta es la casa!”, le dijo a su amigo con excitación. “¡Hace mucho tiempo estuve en esta ciudad y me olvidé aquí una bolsa con pollos. Pero cuando intenté volver a buscarla, no pude recordar dónde estaba ubicada la casa!”.

Rabí Janiná escuchó hablar al hombre y salió corriendo de la casa. Él estaba ansioso por devolver los animales a su dueño, pero primero el hombre debía probar que él era realmente el dueño.
“Dígame, ¿de qué color era la bolsa?”, le preguntó Rabí Janiná. “¿Y de qué color eran sus pollos?”.
El dueño le describió exactamente a Rabí Janiná cómo era la bolsa y cómo se veían los pollos.
“¡Entonces la bolsa con pollos que encontramos en nuestra entrada era suya!”, le dijo Rabí Janiná, quien estaba muy feliz de que finalmente podía cumplir la mitzvá de hashavat avedá, retornar algo perdido.

“Venga conmigo”, le dijo Rabí Janiná. Y llevó al hombre al patio donde estaban las cabras. “Son todas suyas”, le dijo Rabí Janiná al hombre. “Sus pollos produjeron más pollos y rápidamente hubo demasiados pollos para cuidar, entonces los vendí y usé el dinero para comprar estas cabras. Llévese todas. ¡Ellas le pertenecen!”.
El hombre estaba asombrado de la dedicación con la que Rabí Janiná había cuidado a sus animales. El viajero que había perdido una bolsa con pollos ahora se iba con un rebaño de cabras.
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Si encontramos algo que no nos pertenece, debemos devolverlo a su dueño y cumplir la mitzvá de hashavat avedá. De Rabí Janiná aprendemos que si no sabemos a quién pertenece, entonces debemos cuidar bien el objeto hasta que encontremos a su dueño.

Genendel Krohn

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