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Pequeñas Elecciones

Extraido de Revista Kesher

En una oportunidad se le preguntó a un esposo cuál era el secreto de su feliz matrimonio. “Es sencillo,” fue su respuesta. “Nos dividimos las responsabilidades. Hace mucho tiempo acordamos que mi señora se encargaría de tomar todas las decisiones menores, las de rutina, y yo las importantes. Ella resuelve qué casa vamos a comprar, a dónde iremos de vacaciones, si los chicos van a asistir a escuelas privadas, si debería cambiar de empleo, etc. etc.

Y ¿cuáles son las decisiones importantes?” “Bueno, yo tomo las decisiones de peso, las importantes. Determino si los Estados Unidos le deben declarar la guerra a China, o si el Congreso debería asignar dinero a una expedición tripulada para llegar a Marte, etc. etc.”

La vida es una serie de elecciones y decisiones. Sin embargo, las decisiones son relativamente sencillas, si la comparamos con su implementación. La mayoría de nosotros ha “decidido” llevar regímenes de vida saludables; mejorar el cuidado de los hijos, las relaciones con la pareja y las interpersonales; aumentar los conocimientos; avanzar en las carreras, etc. Pero, el desafío es llevar a cabo estas elecciones. El secreto es concentrarnos en una, dos o tres de estas elecciones. Pero eso nos lleva a tener que hacer una nueva elección. Y ¿en cuál de estas elecciones es que deberíamos concentrarnos?

Para comprender esto mejor vayamos a la Torá, y en especial, leamos la descripción de los métodos mediante los cuales la tierra de Israel iba a ser dividida entre las tribus, “Al más numeroso darás más heredad y al menos numeroso darás menos heredad. A todos se les dará su herencia, a cada uno según el número de los contados” (Números 26:54).

La división de la tierra fue lógica. A cada tribu se le adjudicó una cantidad de tierra de acuerdo a su tamaño. Además, la tierra no fue solamente dividida en base a su tamaño. En realidad, la tierra fue evaluada en base a su calidad y potencial de rendimiento de cosecha, asegurando que cada tribu recibiera una parte justa. Sin embargo, la decisión final correspondería al sorteo. Una vez que la tierra fue dividida en doce partes, y cada parte separada para una tribu en particular con la población que correspondía a su tamaño, se hizo un sorteo para determinar qué tribu recibiría cual parte. Milagrosamente, el sorteo confirmó la división acordada previamente.

¿De dónde surge la necesidad de este proceso de doble vía? Si la división iba a ser lógica ¿entonces por qué se hizo necesario un sorteo? Y si el sorteo iba a quedar en manos de D-os ¿por qué la necesidad de invertir tiempo y energía en obtener los números, elaborar la logística y preparar las evaluaciones?

Quizás la lección que D-os le estaba dando a los israelitas antes que ingresaran a la tierra, antes que verse envueltos en el arte de ganarse la vida y en todas las decisiones que esto acarrea fue que, incluso esas decisiones que parecerían estar en nuestras manos, en última instancia también están determinadas por sorteo, son orquestadas por la mano de D-os.

El Talmud nos dice que cuarenta días antes de la concepción de un niño, un ángel se le acerca a D-os y le pregunta si el niño va a ser sabio o tonto, musculoso o frágil, rico o pobre y con quién él/ella se va a casar. Sin embargo, no pregunta si el niño va a ser justo o malvado, porque “todo está en manos del Cielo menos el temor al Cielo [que siente el individuo]”.

Podemos pensar que somos nosotros quienes determinamos nuestra pareja, nuestra área de trabajo, nuestra ciudad de residencia, etc. En realidad, todas estas interrogantes ya han tenido respuesta antes que nosotros siquiera hayamos sido concebidos. Sí, D-os espera que tomemos las decisiones inteligentes pero al final, estas sabias decisiones las maneja y guía D-os, quien organiza las circunstancias para garantizar que seguiremos el camino que él diseñó para nosotros.

Aún así, nosotros legítimamente nos enorgullecemos de ser criaturas con libertad de decisión. Pero esta elección pasa al campo del bien y del mal, de la ética y la moral. Sí, tenemos la capacidad para elegir si queremos rezar con concentración, dar dinero a instituciones de caridad, ser amables con nuestros semejantes, o mantener kashrut.

Y finalmente, nuestras elecciones en estas áreas serán nuestro legado perdurable, porque en realidad son las únicas elecciones auténticas que tomamos nosotros mismos sin influencias externas. De modo que ¿en qué elecciones nos vamos a centrar? ¿En las “importantes”, sobre las que no tenemos control o en las “menores”, que están totalmente en nuestras manos? Y resulta que son las elecciones menores las que afectan al mundo.

Naftali Silverberg

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