Festejando
Cuenta del Omer
Preparándonos para Shavuot
+100%-

¡Otórgales boca!

selección extraída del libro «La Hagadá de Breslov» (c) Breslov Research Institute www.breslov.org)

 

Sefirá es sinónimo de purificación. Al disponernos a la purificación, descubrimos que no es un proceso rápido. Sólo a través de un progreso gradual alcanzaremos nuestro objetivo. Y para llegar a estar completamente purificados, debemos esperar hasta después de la Sefirá, luego de haber contado una y otra vez. Mientras tanto, debemos contar un día por vez; construyendo lentamente la pureza hasta llegar a ser capaces de superar todos los aspectos indeseables e impuros de nuestras vidas.

El día 16 de Nisán se llevaba el Sacrificio del Omer, la ofrenda de centeno. Utilizar centeno, que sirve para alimentar a los animales, parecería indicar la naturaleza inferior de esta ofrenda. Pero, dado que los animales carecen de la capacidad del habla, ello hace que el centeno sea la elección apropiada. Esto se debe a que el Omer se trae para rectificar y reforzar el poder del habla, elevándola del nivel inferior del animal al nivel más purificado del hombre. Y ésta es su conexión con la Sefirá.

Durante la Sefirá tratamos de rectificarnos. En su esencia, la Teshuvá es aceptar que todo lo que sucede proviene de Dios. Cuando uno se siente avergonzado frente a Dios, puede ser comparado a un animal, sin el poder del habla. Y como resultado de esa vergüenza que siente por haber actuado contra la Voluntad de Dios y por haber transgredido, no puede levantar su cabeza o su voz. Así, un paso importante en la Teshuvá y el retorno a Dios es mantenerse en silencio al escuchar ser avergonzado y humillado. La Teshuvá significa que no corremos más a contrarrestar el insulto con justificaciones racionales, con excusas o con arrogancia. Al aceptar verdaderamente que todo proviene de Dios, entonces aunque sepamos que la persona que nos ridiculiza o nos insulta no es mejor que nosotros, no respondemos ni decimos nada. Comprendemos que esa persona no es más que un mensajero de Dios y nos mantenemos en silencio y avergonzados ante Aquel que lo envió.

Este es el significado de la elevación del Omer, de la Tenufáh. TeNUFáH puede leerse también como TeNU-PéH, ¡otórgales boca! Esto implica que la persona que cuenta el Sefirat HaOmer, rectifica de esa manera su habla y se eleva del nivel del animal al del hombre. Se convierte en una persona completa. Siete semanas más tarde, en Shavuot, el sacrificio que se traía era de trigo. A diferencia de la bajeza del centeno, el trigo es un cereal «humano.» Pero también el trigo tiene un aspecto de estar en silencio, porque de hecho existen dos niveles de silencio. El primer nivel, el nivel animal, es el de aquél que se encuentra tan avergonzado por sus pecados que es incapaz de hablar. Se encuentra sin palabras porque reconoce su culpa. Pero entonces se arrepiente. Adquiere la palabra como en, «Tomen palabras con ustedes y retornen a Dios» (Oseas 14:3). Y mediante su retorno y acercamiento a Dios puede alcanzar el segundo nivel de silencio: la Puerta de la Sabiduría (Avot 3:17).

Este silencio superior corresponde a la Emanación Divina, a la Sefirá de Keter; que en sí misma es un aspecto de Shavuot. En Shavuot, luego de los 49 Días de la Cuenta, luego de las 49 Puertas del Arrepentimiento y del recitado de los Tehilim, se alcanza finalmente el nivel superior de silencio. Pero incluso entonces es necesario recordar que todo comienza con PeiSaJ, con Péh SaJ, la boca que habla. Pues la única senda para alcanzar estos niveles superiores es la Tefilá, la palabra verdadera del llamar a Dios (Likutey Halajot, Simanei: Behema v-Jaiá Teorá 4).

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Al esperar un evento particular o una ocasión especial, es natural que marquemos nuestro calendario y contemos los días para ello. Lo mismo sucede cuando anticipamos recibir la Torá en Shavuot. Contamos los días. Esperamos su llegada. De hecho, es ésta la intención más importante en la Cuenta del Omer. Al comprender que cada día cuenta, al tomar lo máximo que podamos de cada uno de ellos, al asegurarnos que cada minuto es importante, es así como podemos recibir la Torá. Los Hijos de Israel se acercaron por primera vez a Dios en Peisaj, luego de la Redención de Egipto. Para poder extraerlos de Egipto, Dios los hubo de sacar de manera instantánea desde el nivel 49avo de la impureza en el cual habían caído. Pero entonces debieron entrar a los 49avos niveles de pureza, por sus propios medios y paso a paso. Esto puede compararse a un niño que está aprendiendo a caminar. Tan pronto como muestra signos de comprender que hay algo mejor que gatear en cuatro patas, lo comenzamos a animar y reforzamos su deseo de desarrollarse. Tomamos sus manos para ayudarlo en los primeros pasos. Pero luego lo soltamos, de manera que pueda aprender a caminar por sí mismo. Acercarse a Dios no es algo diferente. Comenzamos con un gran deseo de arrepentirnos. Es casi como si hubiéramos sido llamados por una voz que no podemos localizar o guiados por una mano invisible. Más tarde la luz de esa fuerza de guía desaparece y debemos continuar nuestra búsqueda de Dios bajo nuestra propia inspiración.

La razón de este suceso no es siempre comprendida por la mayoría de la gente, aunque es esencial que lo sea. La verdad es que al aparentar alejar a la persona, de hecho Dios la está atrayendo hacia El. Piénsalo. ¿No dejaron acaso los Egipcios salir a los Hijos de Israel? ¿No los dejaron ir al desierto para servir a Dios? Los Judíos debían de haber comprendido que se estaban acercando a Dios. Pero entonces vieron a los Egipcios que corrían detrás de ellos. Los Judíos se preguntaron entonces si realmente el Todopoderoso estaba con ellos. ¿Estaban realmente acercándose a El? Fue entonces que se les dijo que volvieran su mirada hacia el Cielo y que orasen. Lo mismo sucede con cada uno de nosotros. La única manera en que podemos alcanzar nuestra redención personal es elevando nuestra mirada hacia Dios y orándole pidiendo ayuda. Aun si nos sentimos distantes, siempre debemos tener en mente que Dios está muy cerca de nosotros y que El está realmente tratando de acercarnos. De hecho, la bondad de Dios es tan grande que acercará incluso a aquellos que se encuentran muy distantes de El.

Sin embargo, de la Sefirá aprendemos que el proceso no puede ser apresurado. Cuando esperamos algo, queremos que eso suceda inmediatamente. La mayoría de las veces, en especial si la cosa que esperamos es algo significativo, no sucede de inmediato. La cosa no puede ser forzada en absoluto. De modo que no nos queda otra alternativa más que esperar. Lo mismo sucede con el acercamiento a Dios y con la recepción de Su Torá. Debemos esperar para lograrlo; esperar para recibirla, tal como los Judíos en el desierto que tuvieron que esperar hasta Shavuot. Y aunque en Peisaj recibieron una tremenda luz y desearon servir a Dios adecuadamente, aún no pudieron alcanzar su objetivo sino hasta el día 50avo. Lo mismo sucede con nosotros. Sin embargo, si persistimos en nuestro deseo de alcanzar ese nivel, eventualmente lograremos la gran luz de Shavuot (Likutey Halajot, Shiluaj HaKen 5).

 

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