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Mirando una pizca mas arriba

por Rabí Iehuda David Pearson, Basado en las obras del Lubavitcher Rebe

Que la Torá es eterna es un principio básico de la creencia judía. Fue dada por Di-s para ser relevante y aplicable en el curso de todos los tiempos.
En sus famosos “Trece Principios de la Fe”, Moshé Maimónides considera esta norma como el Principio 9, reconociendo que la Torá, en su esencia, no es otra cosa que la voluntad de Di-s, y tal como Di-s es, por definición, eterno, así debe serlo la Torá.

Frecuentemente vemos con facilidad la sabiduría y relevancia de los preceptos de la Torá, y si no, los aceptamos con la fe. Después de todo, es uno de los “Principios de la Fe”. Sabemos que debe ser aplicable, y que debemos actuar en consonancia. Pero surgirán problemas cuando nos encontremos con contradicciones llanas. Con casos en los que la ley parece no poder aplicarse.
En lo que hace a las Escrituras concretas y sus mandamientos, no hay contradicción. Pues inclusive en el caso de una mitzvá (mandamiento) que no puede observarse hoy tal como la de destruir las siete antiguas naciones canaaneas, que no existen más, el mandamiento todavía se aplica; es sólo que falta el objeto de la mitzvá. El problema, en cambio, se suscita con aspectos de la Tradición Oral, que es igualmente entrega de Di-s y parte de la Torá, e incluida por Maimónides en su Noveno Principio.

El Talmud, la columna vertebral de esta Tradición Oral, basa mucho de su material en condiciones existentes en la sociedad y, por demás sorprendente, la fisiología. Ahora bien, estas condiciones han cambiado con el paso del tiempo. Por ejemplo, el Talmud considera que un niño nacido dentro del noveno mes es incapaz de sobrevida. Esto tiene una variedad de consecuencias legales vitales, que no necesariamente se aplicarían hoy.
Aparte de su material estrictamente legal, el Talmud ofrece consejo también en áreas de la vida cotidiana. Dice, por ejemplo, que luego de la comida hay que asegurarse de ingerir sal. Si no lo hace durante el día deberá preocuparse por el mal aliento; durante la noche, de una enfermedad llamada askerá (Berajot 40).
Mientras esto era seguramente cierto en su época, vemos que no se aplica en la actualidad. Esto es apenas típico de muchas de la medidas preventivas y medicativas dadas en el Talmud.

Maimónides, en su universalmente aceptado código legal judío, escrito en el siglo XII y basado principalmente en el Talmud, dedica todo un capítulo (Hiljot Deot, capítulo 4) a la dieta saludable y los hábitos de vida. Como es bien conocido, Maimónides era también un pionero en el campo de la medicina. ¿Qué hacen estas normas de salud en medio de un compendio jurídico? El establece la conexión expresando como prólogo que “que el cuerpo esté saludable y pleno es uno de los modos de Di-s, pues es imposible que uno comprenda u obtenga algún conocimiento del Creador cuando es enfermizo…”. Y en vez de decir meramente que uno debe cuidar de su salud, Maimónides avanza planteando concretamente qué considera él una dieta apropiada.

Ahora bien, pese a que éste es un código legal y no un tratado médico, como Maimónides suele recalcar, pretende ser obligatorio para todos los judíos en todas las épocas. Sin embargo, vemos que gran parte de lo que dice en la mencionada sección no rige para la mayor parte de la gente hoy en día. En general, su régimen resulta duro e insostenible para el hombre moderno. La sangría o sanguijuela como método curativo es un caso ejemplar. También es notable que en este tema Maimónides mismo se desvía en gran medida del Talmud, escrito unos 700 años antes. ¿Ha cambiado la Torá?

Lo cierto es que todo esto no implica que la Torá sea defectuosa; más bien, es la condición física lo que está en discrepancia con el ideal de la Torá. El mundo físico, desde el día de su creación, está en un continuo proceso de envejecimiento y decadencia. Cuanto más se aleja de su estado puro en el momento de su creación o de ciertos apogeos espirituales en la historia, tanto menos refleja en forma directa el ideal espiritual. La profecía ha cesado, y la monarquía, que es en verdad la imagen terrenal de la monarquía supernal Divina, ha desaparecido hace mucho. El mundo está cada vez menos naturalmente armonizado con valores espirituales y, ciertamente, con incluso valores humanos de modo que estos demandan un esfuerzo extraordinario para sostenerse. Como resultado, las descripciones de la Torá del orden natural, orientados al estado prístino de las cosas, tienen cada vez menos que ver con la realidad física.

Pero, en el gran cuadro, incluso la aplicación de la Torá no cambia. Pues aun bajo condiciones ideales, le habla principalmente a nuestra vida espiritual. Es, después de todo, la voluntad de Di-s y Su sabiduría. Su realidad no es física. Pero, y es notable, también puede tener significación en el plano físico.
La obra filosófico religiosa clásica, Shaló (Shnei Lujot HaBrit), describe este fenómeno como “La Torá habla esencialmente acerca de los planos superiores, y alude, secundariamente, a los inferiores”. Las mitzvot, en su sentido simple, son ciertamente obligatorias. De hecho, el interés primario de Di-s es el impacto de éstas sobre el mundo físico; El disfruta con la concreción del propósito de lo material que resulta del cumplimiento de las mitzvot. En otros términos, cada entidad en el mundo, incluyendo aquellas con las que las mitzvot han de ser ejecutadas (lo que potencialmente lo incluye a todo), tiene una forma espiritual correspondiente, su “alma” o raíz. La realización de la mitzvá, a su vez, sirve para elevar incluso aquella fuente espiritual como resultado del cumplimiento de la voluntad Divina.
Sin embargo, la Torá y sus mitzvot, per se, se dirigen a las contrapartes espirituales, la realidad espiritual. Esto nunca cambia y, en consecuencia, no lo hace la pertinencia de la Torá.

Idéntico principio se aplica a cada una de las sucesivas fórmulas de la Ley Oral, tal como el Talmud y código de Maimónides. Maimónides armonizó sus leyes al estado del mundo en su época. En este contexto debían entenderse, de hecho, literalmente. Pero, desde entonces, el mundo ha retrocedido. Esas leyes que han perdido cabida en el mundo físico deben comprenderse ahora en un sentido no físico. Ellas, así como también las leyes que pueden cumplirse físicamente, están destinadas a instruirnos espiritualmente.
Cuando Maimónides nos dice qué alimentos deben ingerirse y cuáles pueden resultar nocivos, está analizando nuestro cuerpo espiritual, nuestra alma, y aquellos elementos, o temperamentos, que deben internalizarse o ser evitados.

Ahora bien, esta es una idea novedosa. Tiene un paralelo, sin embargo, en el caso de aquellas mitzvot de la Torá que no pueden llevarse a cabo hoy. Antes hemos mencionado la mitzvá de destruir las siete naciones canaaneas en razón de haber sido el núcleo mismo de la idolatría en el mundo. Esto no es relevante hoy en un sentido literal. Pero sigue siendo una mitzvá de la Torá, y es, como el pensamiento jasídico lo describe, una de orden cardinal. Pues esas siete naciones representan y no son otra cosa que su manifestación física las siete características emocionales negativas del hombre con las que debemos lidiar dentro de la estructura de nuestras vidas.

Muchas otras de las mitzvot no pueden cumplirse hoy en día a falta del Gran Templo en Jerusalén, el Beit HaMikdash, como ser los sacrificios animales. El animal que debe sacrificarse en santidad es nuestro propio ser animalesco. Este es un tema de amplia elaboración en los escritos jasídicos y puede aplicarse fácilmente. Sacrificio, literalmente, significa santificar; en hebreo, es korbán, “acercar”. Tenemos la responsabilidad de llevarnos más cerca de Di-s a nosotros mismos y a cada cosa con que entramos en contacto.
Estos principios podrían, sin duda alguna, proporcionar la pista para desarrollar una concepción de qué pensamientos están siendo sugeridos en las palabras de Maimónides, el Talmud, y similares.
Lo que ahora tenemos es una perspectiva enteramente novedosa desde la cual observar la Torá, el judaísmo, y la realidad y vida en general. Es una perspectiva que, cuando la procuramos, refinará y elevará todo nuestro ser y el nivel en que operamos. Mediante la Torá, ahora, aquellos con lo que nos involucrados, mientras se trata de lo material, es en verdad la realidad eterna interior que está más allá de su concepción física.

(extraído de Jabad Magazine, www.jabad.org.ar).

 

Rabí Iehuda David Pearson

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