Profundizando
Educación Judía
Mensaje para los padres
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Mensaje

(Extraído de “La Voz de la Torá”, por Rab Elihau Munk, © Rab A. Amselem, Miami)

Tu hijo es miembro de las más ilustres familias que el mundo conoció: La pista de su linaje puede ser seguida a lo largo de casi cuatro mil años; es descendiente de Abrahám, Yisják y Ya’akóv; de Saráh, Rivkáh, Rajél y Leáh. Miembros de su familia han sido reyes y Sumos Sacerdotes, Profetas, Jueces, Sabios, Maestros, médicos y hombres de letras. Está emparentado con Moshé y Aharón, con el Rey David y el Rey Shelomó. Casi al inicio del tiempo, sus ancestros trajeron civilización al mundo, enseñando y practicando un código de conducta que incluso hoy es de avanzada en comparación con los que rigen en muchos rincones del globo.

Cuando todos a su alrededor rendían culto a piedras y maderas, ellos se percataron del error y trasmitieron que sólo existe un único D-os de Quien todos dependemos en forma absoluta. Sus ancestros estuvieron parados ante el Monte Sínái y oyeron la voz de D-os enunciando las primeras palabras de los Díez Mandamientos. Sus parientes compusieron la Míshnáh y el Talmúd, y comentaron y codificaron las leyes en él contenidas. Durante milenios, miembros de su familia han dado, en medida desproporcionado a su número, muchos de sus considerables dones y talentos al mundo que los rodea. Han estado a la vanguardia de la lucha por la libertad; fueron los defensores de la dignidad humana. Ellos han propagado verdad y amor hacia sus semejantes.

Tu hijo es un judío; su connotación es el de un grupo. Es miembro de una Nación Santa, un Reino de Sacerdotes. Su familia fue elegida para ser ejemplo entre las naciones.

Tu hijo es un varón, un varón judío. Cuando tenía ocho días de vida fue introducido en el Pacto de Abrahám. Una inmensa Tradición descansa sobre sus espaldas; es una responsabilidad demasiado grande como para que un niño pueda cargarla. Pero su ser judío no es un accidente de nacimiento.

Se le han dado los medios para recibir esta inmensa Tradición. Tiene un alma que es porción de lo Divino. Si se le instruye y enseña apropiadamente, este niño, con el correr del tiempo, no sólo absorberá esta Tradición sino que ha de practicarla, viviendo de ese modo una vida buena, colmada y útil, y ha de trasmitirla sin compromiso ni detracciones a aquellos que han de seguirle.

A fin de lograr la plenitud de su inmenso potencial para el bien, para que pueda perpetuar la ilustre historia de su familia, este niño depende de sus padres. Ellos no sólo tienen la responsabilidad de vestirlo y alimentarlo, nutrirlo físicamente, sino también la de alimentar su espíritu. Es responsabilidad suya que, a través de ellos y de maestros adecuados, él y sus hermanos y hermanas reciban el Jinúj [la educación] prescrito por el Pacto Sagrado en el cual ha sido introducido.

En este punto del tiempo y por muchos días y años futuros, este niño deposita sus esperanzas y confianza en sus padres. El se apoya en ellos para que le enseñen cómo descargar sus responsabilidades y reclamar los privilegios inherentes en su derecho natural como eslabón de la familia más distinguida que hay sobre la faz de la tierra.

¿Qué padres traicionarían o fallarían ante tamaña confianza?

 

Rabino Abraham Amselem

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