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El Libro de Vaikrá (Levítico)
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Meir Hashabat: El Valor de una Sonrisa

Extraido del boletin Meir Hashabat. Editor responsable: Eliahu saiegh

Veahabta Le reaja Kamoja…(19-18) – Amaras a tu prójimo como a ti mismo.

Como todos los días, Shlomo llego a su hogar luego de haber estudiado todo el día en su Colel.
Mientras charlaba con su esposa, sobre las experiencias que cada uno había vivido durante el día, ella recordó que debía entregarle a su marido una invitación para un casamiento.
.- Casi me olvidaba Shloime, esto llegó para ti.

Abrió la tarjeta y leyó con atención los nombres que se encontraban allí escritos, pero para su sorpresa no recordaba el nombre de ninguna de las dos familias, ambas le resultaban desconocidas.
Junto con la tarjeta había una nota que decía: Querido Shlomo, me alegraré mucho si vienes. Espero por favor que no faltes, tu presencia es muy importante para mi, ya que todo esto te lo debo a ti- El novio.
Shlomo, con gran intriga, entendió que a pesar de no conocer a esta persona, debería ir de todos modos.

Llegó el día de la fiesta, y junto a su esposa se dirigió al salón esperando encontrar alguna cara conocida. Cuando tuvo la oportunidad, se acerco al novio para saludarlo. A este le brillaron los ojos al verlo.

Con alegría exclamo: .- A ti te estaba esperando, gracias por venir, no sabes lo contento que me pones! Shlomo se sintió muy alagado por el recibimiento del novio pero por más que trataba de recordar quien era este chico, no lo lograba. Por fin, un poco avergonzado se animo a preguntarle: .- Gracias por haberme invitado, la verdad es que me alegre mucho al recibir tu invitación, pero en verdad por mas que intento una y otra ves, no puedo recordar quien eres tu.
Sonrió el joven novio y contesto: .- Tienes razón, te explicare quien soy. Hace algunos años cuando comencé a ir a la Ieshiba no lograba ambientarme, sentía que ese no era mi lugar, no disfrutaba de estudiar, me sentía incomodo y muy solo.

Finalmente decidí dejar de estudiar y entrar en el ejército, así fue que armé mis valijas con las pocas pertenencias que tenia y luego de rezar Minja abandonaría el lugar.
Me encontraba parado con el sidur entre mis manos, y de repente sentí que alguien arreglaba el cuello de mi saco, me di vuelta y te vi a ti, me dedicaste una gran sonrisa, y me hiciste sentir tan bien y tan importante, que en ese mismo momento decidí quedarme en la Ieshiba.
Ahora bailemos juntos, ya que esta alegría que siento hoy es gracias a vos.

¿Quien puede calcular el valor de una sonrisa?.

No sabemos cuantos cambios podemos provocar en el otro con una simple sonrisa sincera, una mirada afectuosa mostrándole a alguien que es importante para nosotros y nos alegramos de verlo.

A quien no le pasó alguna vez, ir caminando por la calle y cruzarse con otro Iehudí, al que nunca habíamos visto antes, quien por el solo hecho de reconocernos como hermanos, nos saludó con un Shabat Shalom, o un Jag Sameaj, sin importar si éramos de su comunidad o de cualquier otra, y con una amplia sonrisa, nos cambió el humor de ese día, haciéndonos sentir importantes y con un hermoso sentimiento de pertenencia.

Con tan solo una sonrisa podemos cambiar el día y hasta la vida de una persona y ella seguramente contagiará su alegría a otros, y sin saberlo seremos iniciadores de una cadena interminable de sonrisas que podría llegar hasta el Shamaim y adelantar la llegada del Mashiaj tan esperado…

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