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Mazal Tov

Extraido de Jabad Magazine

El otro día mi hija de un año rompió un plato. En cuanto el vidrio pegó en el suelo de cerámica, estalló en muchos pedazos. No bien el sonido hizo eco alrededor del cuarto, todos dijimos al unísono: “¡Mazal Tov!”- buena suerte. Después de limpiar los fragmentos del plato alrededor de toda la habitación, pensé acerca del incidente y realmente me divertí.

No soy un estudioso de otras religiones y culturas, pero estoy seguro que los judíos son los únicos que dicen Mazal Tov junto al sonido de un plato roto. ¿Qué tipo de gente loca somos que celebramos la pérdida de la loza de nuestra abuela?

Resulta que no importa cuán feliz sea la ocasión, siempre debemos recordar que no estamos en nuestras verdaderas casas. En una boda, que posiblemente es la ocasión más feliz a la que una persona puede asistir o experimentar, el novio debe quebrar un vaso para agregar un grano de sal a este momento especial. De algún modo, a través de las generaciones, los Mazal Tov también se integraron con la loza de la Bobe Yente.

Esta costumbre podría parecer buena y muy lógica. A la vista de que es – una costumbre. Sin embargo, si usted examina la razón existente detrás de la ruptura del vidrio – verá que hay mucho más de lo que el ojo puede ver. Se habrán encontrado alguna vez con un Rabino que ha señalado la anomalía de la existencia del pueblo judío. Grandes naciones con grandes monumentos no tienen a nadie para mostrar y jactarse de sus logros. Todos lo que han dejado hoy son monumentos y algunas pinturas en paredes que sólo un puñado de personas puede entender. Por otro lado, el pequeño Moishele que ha sido el sastre por miles de años, está todavía aquí. Mientras los egipcios tenían las pirámides, Moshke tenía su mochila lista para salir al oír el aviso con su libro especial.

Científicos y Rabinos tienen varias explicaciones para esto. La razón que más me toca es la Teoría Verde Oliva. La Teoría Verde Oliva declara que sólo cuando uno aplasta algo, consigue lo mejor que eso tenía para ofrecer. Los judíos han sido comparados a las aceitunas durante miles de años.

Somos un pueblo que ha sido excluido hasta no hace mucho más de un siglo de las carreras profesionales. Somos los sastres, granjeros y posaderos que siempre tenían que tener sus bolsos preparados porque nunca sabíamos quién vendría, golpeando nuestra puerta con un aviso de evicción o una muerte garantizada. El golpe a las tres de la mañana podría ser del Faraón o el César o Fernando a Jmielniztky o Hitler, o más recientemente, un adolescente que lleva un cinturón de dinamita.

Aparentemente deberíamos habernos extinguido con los cavernícolas. Nuestro secreto está en la aceituna. Cuando quisieron aplastarnos es cuando les mostramos lo mejor de nosotros. Nuestro legado de supervivencia y paciencia.

Es verdad que nos han aplastado muchas veces, pero siempre siguen allí los sedimentos. ¿Cuál es la fuerza oculta detrás de la perseverancia de Moishele? Ese Libro especial que lleva con él dondequiera que va. No importa la situación, se asegura de tener consigo el Libro especial cuando corre e intenta salvar su vida. Este Libro es la fuente de la supervivencia porque enseña que la llave a la paciencia no está en los monumentos del pasado sino en la educación de los niños del futuro. El Libro le dice a Mosheke que aunque muchos han intentado exterminarnos, nunca tendrán éxito. Sabe que aunque tiene que correr hoy, hay una promesa de verdadera paz eterna mañana.

Por esta razón, cuando un Joseph Stalin se levantó y prohibió el estudio de la Torá, vino un líder de gran carisma y visión a enseñarnos a buscar en la Torá la fuerza para seguir. Si eso significa establecer escuelas clandestinas y mikves; maestros encubiertos y shojatim (matarifes rituales), que así sea.

En un tiempo de opresión y con la clara misión de aplastar al Judaísmo, el Rebe Anterior – Rabi Iosef Itzjak Schneerson – mostró lo mejor de los judíos. Como diciendo, hemos estado aquí antes, hemos prevalecido, y lo haremos ahora también. Hoy apreciamos visionarios como el Rebe y el Rebe Anterior. Sólo basta con abrir el Wall Street Journal y leer que el gran rabino de Rusia es un íntimo confidente del Presidente.

Sin embargo, la lección que es más llamativa es: que nunca debemos olvidar. Nos ordenan que recordemos lo que nuestros enemigos han intentado lograr. Es verdad, seguimos adelante hacia un tiempo de tranquilidad, pero nunca podemos olvidarnos de Moishele que corría de Stalin. Así como tenemos las fiestas para celebrar, tenemos los días de ayuno para recordarnos las veces que no tuvimos tranquilidad. Hay veces que no podemos sentir el dolor y terror de ese Moishele. El matrimonio es un momento en que estamos entusiasmados por el futuro y potencial. Sin embargo, ahí debemos quebrar un vaso, precisamente para decirnos que hemos aprendido ambas lecciones simultáneamente. Las lecciones de esperanza para un futuro bueno y, al mismo tiempo, para nunca olvidar las tragedias del pasado.

Estamos en un período en el que recordamos muchas desdichas que han ocurrido al pueblo judío a través de los siglos. No obstante, en el futuro el día más triste en el calendario judío, el 9 de Av- por el que estamos quebrando nuestros platos- será una gran fiesta. Ese día se construirá el Tercer y último Templo, qué será el más grande monumento de todos los tiempos. Este monumento testificará el logro más grande del hombre: la perfección del mundo con la venida de Mashiaj, pronto en nuestros días.

Rabbi Mordechai Andrusier

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