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Maor Hashabat: Yo elijo mi Camino

Editado por Maor Hashabat, de la comunidad Ahabat Ajim, Lanus, Argentina. Editor responsable:Eliahu Saiegh

Era una coqueta, pero sobria librería, ubicada en una de las calles principales de Bene Berak. Su dueño, le alquilaba el local a la Ieshiba de Ponovich.
Los directivos de la Ieshiba, tenían por costumbre, hacer constar en una de las cláusulas del contrato, el destino que se le daría al local.
En este contrato en particular, se acordó que el rubro que se explotaría en el negocio, sería el de venta de libros sagrados y útiles escolares.
Al lado de éste, había otro local, que se ocupaba de la venta de artículos para el hogar.
A los efectos de nuestra historia, al dueño de la librería, lo llamaremos Ruben, y a su vecino, lo llamaremos Simón.

Ruben, nunca ejerció su derecho a la venta de útiles escolares, y se conformó con tener en las estanterías de su negocio, prolijamente acomodados, sus preciados libros sagrados.
Shimon, al ver que su vecino no explotaba el rubro de los útiles, decidió hacerlo él mismo y lo anexó a su negocio, haciendo una importante inversión, antes del comienzo del ciclo escolar, que recuperó rápidamente, más una jugosa ganancia.
Ruben, no tuvo ninguna queja ni reclamo contra su vecino, es más, se alegró por su buena suerte.

Pasado un tiempo, Ruben ya había casado a varios de sus hijos, y esto había afectado sus finanzas.
Debido a esto, decidió ingresar el rubro de útiles escolares a su comercio. También él hizo una importante inversión, Hashem lo ayudó, y pudo hacer una buena diferencia.
Pero la reacción de su vecino, no fue tan noble, como la suya…

Irrumpió en su local, exaltado y rojo de furia, reclamando a viva voz: «¡Por tu culpa, este año no pude vender mis útiles…!
él no «recordó» en ese momento que, quien tenía el derecho de vender esa mercadería, era su vecino Ruben, que se había conformado sólo con la venta de libros y le había cedido generosamente la explotación del rubro de los útiles escolares, durante tanto tiempo.
En lugar de eso, le reclamó airadamente: ¡¿Cómo te atreves a arruinar mi negocio…?!
¿Hasta dónde puede llegar el buen corazón de una persona?
Después de escuchar en silencio el extraño reclamo, se ofreció a pagarle las pérdidas que le había provocado, además de prometerle que no vendería más útiles…

Pero a Shimon no le alcanzó con esto y llevó a Ruben ante un juicio rabínico, a lo de su Rab, en Bene Berak.
Después de escuchar a ambas partes, el Rab no tuvo duda de parte de quien estaba la razón, en este litigio y reprendió duramente a Shimon, por su osadía al hacer semejante reclamo, cuando en realidad, era su vecino quien estaba autorizado a vender ese tipo de mercadería.
Por otra parte, se mostró visiblemente conmovido por la rectitud y buen corazón de Ruben.
Después de un tiempo, estaba Ruben en su negocio, revisando sus cuentas, ya que al día siguiente debería abonar al contratista, al que le había encargado la construcción de una casa para su hijo, recién casado, miles y miles de Shekalim… y por más que sumaba, restaba y multiplicaba, el dinero no estaba. ¡No tenía cómo pagarle!
¿Qué hace un judío como éste, cuando un problema lo angustia?

Ruben cerraba diariamente su negocio a las cuatro de la tarde, iba a su casa, comía algo y se iba a su clase de Torá.
Pero hoy, era un día especial, si no conseguía el dinero para pagar su deuda, su hijo perdería su casa, y él, además, debería pagar una importante multa.
Por eso, decidió cerrar su negocio a las dos y media de la tarde, y allí mismo, abrió su libro de Tehilim y comenzó a rogarle al Creador que le enviara la ayuda que necesitaba.
Estaba tan inmerso en su lectura, que no prestó atención a los golpes en la cortina de su negocio. Pero la persona que estaba del otro lado, no se dio por vencido y siguió insistiendo, cada vez más fuerte, hasta que finalmente Ruben decidió atenderlo, temiendo que algo grave hubiera ocurrido.

Frente a él se encontraba un iehudí americano, preguntándole si él era Ruben… y ante la respuesta positiva, le dijo que necesitaba hacer una gran compra de libros. Necesitaba cientos de juegos de libros, de inmediato.
Ruben comprendió que Hashem estaba respondiéndole su Tefila, enviándole la ayuda que necesitaba.
El americano le explicó que la Kehilá de Satmer de Estados Unidos, había inaugurado un nuevo Bet Midrash, y necesitaban los libros con urgencia, el Admur lo había enviado a él a Israel, para que se aconsejara con… el Rab del Bet Din de Bene Berak, para que le diera la dirección de un comerciante honesto, a quien comprarle los libros. «Me dio sus datos y me dijo que no había una persona más recta que usted».

Por este milagro, no cabía en sí de la alegría. Por último, el americano le pagó el total de la compra por adelantado y le pidió que le avisara, cuando tuviera los libros preparados, para ir a buscarlos.
De más está decir que el dinero recibido, era suficiente para pagar su deuda con el contratista. Pero aquí no terminó la historia.

Ruben se fue a su casa, radiante de felicidad, y en el camino lo sorprendió una copiosa lluvia. Decidió cobijarse debajo del Colel del Jazon Ish, y mientras esperaba que dejara de llover, llegaron a sus oídos las voces de los estudiantes de Torá. Se dejó llevar por el sonido e ingresó al salón de estudio, donde se encontró con jóvenes estudiando con gran entusiasmo y alegría.
Mientras observaba ese cuadro se decía a sí mismo: «Tú estás contento porque lograste pagar tu deuda, fíjate cuanta alegría hay en el mundo por el estudio de la Tora».

Esta reflexión lo llevó a tomar una decisión: pagaría sus deudas, cerraría el negocio y de ahora en adelante, se dedicaría sólo a estudiar Torá. Y así hizo.
«En el camino, por el cual la persona desea conducirse, lo llevan a él».
La Guemará aprende esto de Bilam, cuando Hashem no quería que fuera a Midian a maldecir a Israel, pero ante su insistencia le dijo: «Ve con ellos».
El ángel quiso evitar que siguiera su camino, poniéndole tropiezos, pero cuando Bilam le dio a entender con sus palabras que no consideraba que estuviera obrando mal, el ángel le dijo «ve con ellos». Ya que por el camino que la persona desea tomar, lo llevan a él, ya sea para bien o lo contrario.
No fueron pocas las veces en las que Ruben se encontró frente a una encrucijada, pero siempre eligió el camino que lo acercara a Hashem y hacia allí fue encaminado, llegando al máximo exponente de cercanía con el Creador, dedicando tiempo completo al estudio de la Torá.
Todos podemos decidir si queremos ser Ruben o Shimon… y hacia allí seremos encaminados.

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