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Maor Hashabat: Unidos a pesar de las diferencias

Editado por Maor Hashabat, de la comunidad Ahabat Ajim, Lanus, Argentina. Editor responsable:Eliahu Saiegh

Se cuentan muchas historias protagonizadas por Rab Shlomó Zalmen Oierbaj ZZ»L, la mayoría de ellas, resaltan sus cualidades singulares y su interés y habilidad para conocer y asistir a cada individuo particularmente.
Un ejemplo de esto, es el siguiente relato, contado por Rab Eliezer Rot, quien a su vez lo escuchó de uno de los hijos de Rab Oierbaj.

Este hijo, era el encargado de distribuir los sobres con dinero, que entregaba su padre, entre las familias necesitadas.
Solo con esto, sería suficiente para describirnos la personalidad de quien, además de su elevado nivel espiritual y de erudición, representaba una solución para las familias pobres, a quienes les enviaba dinero para su sustento, regularmente.

En una oportunidad, cuenta su hijo, mi padre me entregó decenas de sobres para repartir entre las familias pobres. Mientras los ordenaba, me di cuenta que había uno demasiado pesado como para contener dinero. Con sólo mirarlo por fuera, era posible notar que dentro de ese sobre había cartones o algo parecido.
Pensé que, probablemente, mi padre se había equivocado, tan ocupado como estaba, y había guardado, dentro del sobre, otra cosa en lugar del dinero, por lo que decidí abrir el sobre y revisar su contenido.
Para mi sorpresa, lo que allí había, eran unas cuantas entradas al zoológico…

Sin poder contener la curiosidad, le pregunté a mi padre de qué se trataba. Como era su costumbre, me sonrió y me dijo: «Querido hijo, debes saber que, cuando se entrega caridad, hay que pensar muy bien qué dar, especialmente, qué es lo que hará más feliz al receptor. ésta, es una familia muy necesitada, y sé que hay mucha gente que los ayuda con alimentos y dinero. Por eso me puse a pensar qué otra cosa podrían estar necesitando, y llegué a la conclusión que, seguramente, ya tienen quien les provea las necesidades materiales, pero con todos los problemas que tienen, necesitan recrearse y salir con los hijos a un lugar donde puedan distraerse de sus preocupaciones. Por eso decidí, en lugar de enviarles dinero, comprarles entradas para el zoológico para que puedan ir con sus niños. Estarás de acuerdo conmigo, que si les hubiese dado dinero, ellos no hubieran comprado las entradas, por eso tuve que hacerlo yo mismo…».

Otro ejemplo de abnegación y entrega desinteresada, por sus hermanos de Israel, lo encontramos en esta historia, contada poco después del fallecimiento de Rab Menajem Porush, por su asistente, de origen filipino, quien estuvo a su lado en sus últimos años.
«Una noche, siendo las dos de la madrugada, observé que el señor se levantaba de su cama y se acercaba al teléfono. Durante una hora larga, estuvo el Rab, que por ese entonces ya se movilizaba en silla de ruedas, parado junto al teléfono, tratando infructuosamente de establecer una comunicación con una persona de Estados Unidos».

Por cuanto su asistente filipino hablaba inglés, el Rab lo asoció en su tarea, encargándole que en caso que la persona que se encontraba del otro lado del Atlántico contestara la llamada, le transmitiera su pedido.
El filipino quiso saber por quien se esforzaba tanto su patrón, para comunicarse a esa hora, con una persona de América: «¿Acaso llamas por alguno de tus hijos?», le preguntó. «No, en absoluto», le respondió. «¿Es por algún familiar cercano»?, continuó preguntando. Nuevamente la respuesta fue negativa. ¿Entonces, por quién te esfuerzas tanto? Preguntó intrigado.
¡¿Por quién me esfuerzo?! – Se sorprendió Rab Porush ante la pregunta. «Hace unas horas se acercó a mí un Iehudí que nunca había visto antes, y me pidió que lo ayudara con su problema, por eso me levanté a esta hora para hacer el llamado».
El hombre es un ser sociable. La soledad afecta los sentimientos y la compañía alivia los problemas.

Una de las cosas que más satisface a la persona, es tener una buena relación con sus amigos. Nunca es completamente feliz, si no siente que hay otras personas que están contentos de su alegría.
Tampoco puede disfrutar plenamente lo vivido, si no puede contarle a otros, su experiencia. Es más agradable comer, cuando se está acompañado, que en soledad. Cuando se siente angustiado, necesita compartir su dolor con alguien.
Pero la necesidad de compartir una amistad, es solo una cara de la personalidad del ser humano. La otra cara, está formada por discusiones y rivalidades.
Esta diversidad, además del deseo de alcanzar la autenticidad, es una característica del ser humano, propia de toda persona, en toda sociedad.
De tal forma, que se puede decir que, una de las fuerzas más destructivas, es la discusión y la discrepancia.
Esto no se debe a malas cualidades, sino a la tendencia de transformar una diferencia entre una persona y otra, en «una diferencia sustancial».

Si nos referimos a la comunidad religiosa, según la cantidad de personas que la componen, no existen antecedentes de otras sociedades en el mundo, que posean tantas ramificaciones: ashkenazim, zefaradim, jasidim, etc., a su vez cada grupo se divide en distintos subgrupos, y cada uno de ellos se considera el «auténtico».
Cada uno con su vestimenta y sus propias costumbres.

Quienes intentan justificar esta separación, nos recuerdan que cada una de las doce tribus atravesó el mar rojo por un pasillo diferente, y cada una posee su portón espiritual en el Cielo.
Pero no es suficiente esta respuesta para explicarnos el motivo de la tendencia, que va en aumento, de dividirse y seguir dividiendo.
Cada uno puede conservar sus costumbres, sin que eso moleste a nadie, la forma en que reza su vecino de asiento, no es causa de alejamiento y mucho menos de enemistad.

Cada vez que leemos la Perashat Koraj, volvemos a sentir rechazo hacia la discusión, y nos duele su elevado costo.
La pregunta que debemos hacernos es cuántos de nosotros nos sentimos involucrados, también con el tema de esta Perashá.
La tendencia es, por supuesto, a no relacionar la discusión de Koraj y su congregación con nosotros. El problema de Koraj no era con sus amigos, sino con Moshé Rabenu.
Yo nunca me pelearía con un Rab, aunque pertenezca a otra comunidad, la Perashá es interesante, pero no tiene nada que ver conmigo. Mi vecino de enfrente no es «un ser especial», él no recibió la Torá en Sinai, directamente de la mano de D-os, por lo tanto tengo permitido discutir con él.

Lo que rescató al pueblo, después de la segunda guerra mundial, fue la unión, la comunidad era pequeña y esto ayudó a que las fracciones se unieran y se asociaran. Esta unión, permitió muchos logros, tal como podemos verlo hoy en día.
Las historias que contamos al comienzo, nos enseñan a qué se llama no hacer diferencias, para eso debemos pensar en la necesidad del compañero como si fuera la de un familiar cercano, nuestro hermano, sin plantearnos a que sector o a que comunidad pertenece.

1 comentario
  1. NINETTE BURGER

    EXCELENTE PLANTEAMIENTO SOBRE LAS RELACIONES ENTRE EL PUEBLO DE ISRAEL. OJALA CADA UNO NOS CONCIENTICEMOS DE CUAN IMPORTANTE ES RESPETAR AL PROJIMO, SEGUIR LAS PAUTAS DE NUESTROS RABINOS Y NO POLEMIZAR NI HUMILLAR A NUESTROS HERMANOS.

    23/06/2017 a las 06:56

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