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El Libro de Vaikrá (Levítico)
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Maor Hashabat: Una melodía cautivadora

Editado por Maor Hashabat, de la comunidad Ahabat Ajim, Lanus, Argentina. Editor responsable:Eliahu Saiegh

Veniqdashtí Betoj Bené Israel…
Y seré santificado en medio de los hijos de Israel..

La siguiente historia fue contada por un Talmid Jajam que la escuchó directamente del hijo de Rab Aharon Leib Shteiman.
La contaremos con la máxima precisión sin aumentar ni disminuir una palabra.

Un Abrej, que vivía en Estados Unidos, se comunicó con Rabí Aharon Kesler, uno de los allegados a Rab Shteiman, solicitándole que le hablara al Rab para que le aconseje que debía hacer, ya que estaba sumergido en terribles sufrimientos.
Al presentarle este Abrej la lista de sus padecimientos, pudo comprobar que se trataba, realmente, de dolores extremos.
En primer lugar, llevaba muchos años de casado, y aún no había podido tener hijos.
En segundo lugar, estaba endeudado por montos altísimos, que ni siquiera sabía como comenzaría a pagar. Y por último, recientemente habían descubierto en él una grave enfermedad.
Estos son solo los sufrimientos más destacados, a grandes rasgos, pero la lista seguía con gran cantidad de padecimientos de distintos orígenes.
Por último, prácticamente desmoronado, le dijo a Rab Kesler que no sabía que hacer con tanto sufrimiento ‘Por favor, acérquese al Rab y pregúntele que me aconseja hacer’, pidió el Abrej.

Como Rabí Aharon Kesler hace Tefilá con Rab Shteiman en el primer Minian, se acercó al finalizar la Tefilá, y le trasmitió la situación tal como la había escuchado.
El Rab le respondió según las palabras del Midrash, que cuenta acerca de un músico, virtuoso intérprete de violín. Tan maravillosa era su música que se había ganado la simpatía y el afecto del rey.
Cada vez que el rey tenía algún sufrimiento o tristeza, pedía que le trajeran al violinista, y ni bien este empezaba a tocar su música, se terminaban todos sus pesares.

Una vez el músico trasgredió una ley del reinado, cometiendo un grave delito.
Cuando el rey se enteró, se despertó su furia, y lo llamó para reprocharlo, pero cuando el músico estuvo frente a la corte real, mientras esperaba el veredicto, comenzó a acariciar distraídamente las cuerdas de su violín, y el alma del rey quedó cautivada por los delicados acordes que se desprendían del instrumento. Hasta que se olvidó para qué había hecho llamar al violinista, pidiéndole que siguiera tocando más y más.
Y así ocurrió una y otra vez.
El músico violaba las leyes del reino, el rey lo mandaba a llamar para juzgarlo, el violinista volvía a tocar su instrumento, y el rey olvidaba su furia…

Así es la relación de Hakadosh Baruj Hu con el pueblo de Israel, continúa el Midrash, y dice, por cuanto Hakadosh Baruj Hu ama el canto de Israel en el ‘Amen, Iehe Shemé Rabá…’ (estrofa que se contesta en el Kadish), también si, D-s no lo permita, se despierta sobre ellos el fiscal acusador, cuando cantan frente al Creador este cántico, y dicen con voz alta y melodiosa ‘Amen, Iehe Shemé Rabá…’, Hashem se deleita al escucharlos y deja pasar todos sus pecados.

‘Ve y dile a ese Abrej, le dijo Rab Shteiman a Rab Kesler, que a pesar que no está al alcance de nuestro entendimiento, esto es lo que está escrito. A Hakadosh Baruj Hu le agrada esa melodía, y hay secretos escondidos entre sus estrofas para perdonar toda acusación’

Contó Rab Kesler: llamé inmediatamente al Abrej, y le trasmití las palabras del Rab, tal cual como las dijo. Este, las escuchó con agitación y comenzó a hacer hincapié en decir ‘Amen, Iehe Shemé Rabá…’ con mucha concentración, yendo de un Minian a otro para responder ‘Amen, Iehe Shemé Rabá…’ y así hizo durante un tiempo.
Y de pronto… Milagros fabulosos!

La enfermedad desapareció como si nunca hubiese existido. El problema de las deudas se solucionó de forma asombrosa: uno de los integrantes de la comunidad se acercó a él por propia iniciativa, ofreciéndole un préstamo por tiempo ilimitado. Además de todo esto, tuvo el mérito de tener hijos.
Desde aquel entonces, pasaron ya algunos años, y este Abrej continúa corriendo de un Minian a otro para poder decir ‘Amen, Iehe Shemé Rabá…’ con recogimiento.

No nos podemos imaginar cuanto repercute la Tefilá con Minian en el Shamaim, Dice el Jafetz Jaim que además de provocar que el honor de Hashem se eleve mucho más que con el rezo individual, tenemos el mérito de cumplir con muchas Mitzvot: respondiendo Amenim, y diciendo Amen Iehe Sheme Rabá, y Kedushá, estas Mitzvot son muy apreciadas por Hashem, y a través de ellas se despierta su cariño al pueblo de Israel, recuerda su sufrimiento en la diáspora y se apresura a salvarlos.

Dice el Midrash: «Hashem pregunta cuando volveré a mi santuario, cuando recogeré a mis hijos de entre las naciones…» y esto ocurre en el momento que se reúnen diez hombres en el Bet Hakneset contestando Amen Iehe Shemé Rabá.

Todo esto al margen de las palabras de Rabí Ioshua Ben Leví citadas en la Guemará (Shabat 119.2) «Todo el que contesta Amen Iehe… con todo su empeño, se le anulan decretos en el Juicio…»

Cuanto debemos cuidarnos y reforzarnos para no perder la oportunidad de recitar la Kedushá en la Jazará (repetición de la Amida por parte del Jazan), o el Amen Iehe Sheme Raba… y sobre todo no perdernos de contribuir con nuestra presencia a la formación del Minian.

Ciertamente, esta Mitzvá es una de las que sus frutos son saboreados en este mundo, ya que por medio de la santificación de su Gran Nombre, también se santifica nuestra alma, esto está insinuado en el Pasuk: Venikdashtí Betoj Bené Israel, Ani Hashem Mekadishjém. Y seré santificado en medio de los hijos de Israel…Yo soy Hashem que os santifico.

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