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El Libro de Vaikrá (Levítico)
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Maor Hashabat: Una Langosta fuera de Egipto

Editado por Maor Hashabat, de la comunidad Ahabat Ajim, Lanus, Argentina. Editor responsable:Eliahu Saiegh

Va llegando la familia a la casa, cada uno regresa de sus actividades, los niños de la escuela, la mamá del supermercado… los recibe el padre, con cara afligida, que esperaba ansioso a su familia para darles la noticia…

-El Cohen Gadol me dijo, a causa de la mancha en la pared, que debemos demoler la casa!

-Por qué?! Qué pasó?!

-Otra vez se quejaron los vecinos por la gotera de la cocina?

-Acaso esa mancha fue ocasionada por un caño roto?

-Un momento, detuvo el padre la tormenta de preguntas y especulaciones, yo les explicaré: el Cohen Gadol determinó que esas manchas en la pared fueron provocadas por hablar del compañero… y por esa razón, como no nos dimos cuenta que nuestra conducta estaba equivocada, y no la modificamos, la mancha se extendió… y ahora debemos demoler nuestra casa… Concluyó con la cabeza gacha.

Pero por qué tanto? Que tiene que ver un comentario sin importancia con una mancha en la pared…?
Extraña historia… verdad?

El Gaon Rabi Moshe Cohen, debió mudarse de su ciudad.
En el lugar donde decidió establecerse salió a buscar una casa donde vivir, encontró una que se hallaba en venta, con patio, muy cómoda, que se ajustaba exactamente a lo que estaba buscando, pero le contaron que se trataba de una casa donde sus habitantes solían discutir y pelear constantemente. Con tanta intensidad que sus discusiones eran escuchadas por sus vecinos.

A raíz de los continuos escándalos se habían ganado la fama de peleadores, y como tales eran conocidos por todos.
De todos modos Rab Moshe compró la casa, pero antes de habitarla, contrató albañiles para que picaran las paredes hasta el cimiento, y a continuación los instruyó para que mezclaran cal y cemento y volvieran a revocar todas las paredes nuevamente.

Cuando le preguntaban por qué hacía esto, él explicaba que las discusiones y el odio impurifican la casa como lo hacían las manchas que antiguamente invadían las casas, en los tiempos del Bet Hamikdash.

Contó la Rabanit Kanievski que un joven estudiante de Ieshiva, entró a su casa desesperado diciendo que tenía que ver al Rab para pedirle perdón.
Sorprendidos por la declaración del muchacho, le pidieron que explicara a que se refería.
El joven, visiblemente emocionado, y todavía tembloroso por la experiencia que acababa de vivir, comenzó con su relato:

Estaba en la Ieshivá, escuchando atentamente una clase de su Rab, quien les explicaba diferentes halajot relacionadas con las langostas, en medio de las explicaciones, les contó que Rab Jaim Kanievski estaba en su casa, estudiando justamente este mismo tema, y mientras analizaba distintos detalles, se posó una langosta en el marco de la ventana, al lado de la cual estudiaba, y que Rab Jaim aprovechó para observarla detenidamente, y descubrir en ella señales que le ayudaron a escribir las Halajot en su libro, y una vez que terminó, la langosta se fue así como había venido…

-Yo me puse de pie, y le dije a mi Rab que no creía en esta historia, continuó el muchacho, pero cuando llegué a mi casa… me esperaba una sorpresa!
Mi habitación estaba llena de langostas! Revisé el resto de la casa, y no había nada fuera de lo común, salí a la calle y en todo el barrio no había ni una sola langosta… volví a mi habitación, pensando que había sido mi imaginación… pero allí estaban… Entonces comprendí que este no era un hecho natural, sino que era un aviso del Shamaim por haber herido el honor del Rab… por eso vengo a pedirle perdón!

La Rabanit contó que su marido, Rab Jaim, luego de escuchar la historia, sonrió humildemente, y le contestó que por supuesto lo perdonaba.
Al poco tiempo se enteraron que después de esto el muchacho volvió a su casa, y fue protagonista de un segundo milagro: las langostas habían desaparecido sin dejar rastro.

De todo lo dicho, aprendemos, como está escrito en Mesilat Iesharim, que la Creación fue hecha para la persona. Todo lo que existe en el mundo, no solo es para nosotros, sino que recibe nuestra influencia y se impregna con nuestras características. Cuando somos cuidadosos con nuestros actos, y pulimos nuestras cualidades, toda la Creación está a nuestra disposición… de lo contrario, Hakadosh Baruj Hu nos envía señales para hacernos recapacitar, para que busquemos la falla y trabajemos en su reparación

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