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El Libro de Vaikrá (Levítico)
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Maor Hashabat: Todo por un pequeño farol

Editado por Maor Hashabat, de la comunidad Ahabat Ajim, Lanus, Argentina. Editor responsable:Eliahu Saiegh

Ubier Aleha Akohen Etzim Baboquer Baboquer (Vaikra 6.5)
Y encenderá sobre este el Cohen maderas de mañana en mañana

Mi familia y yo nos hospedábamos en unas cabañas de una localidad del norte de Israel.
Una mañana, cuando nos disponíamos a viajar para rezar en la ciudad de Mirón, no vi el auto que estaba estacionado en una curva del camino, e involuntariamente lo rocé con el mío.

Inmediatamente bajé de mi auto y revisé al otro para verificar los daños, para mi suerte el golpe había sido leve, solo se había averiado uno de los faroles traseros.

Por cuanto tengo algo de conocimiento en este tema, sabía que realmente el golpe había sido leve, y que podría resolver la situación con un costo no tan elevado.

Por otra parte, no le sería posible al dueño del auto conseguir la aprobación del test de aptitud en estas condiciones, por lo tanto era necesario cambiar el farol.

Yo era conciente que tenía la obligación de avisarle al dueño del auto el daño que le había provocado a su coche.
Tomé una hoja grande, y le expliqué en ella todo lo ocurrido detalladamente, indicándole el lugar del golpe. Al final de la hoja le anoté mis datos, aclarando en que cabaña me encontraba alojado. «Me alegrará recibir su visita mientras estamos cerca de ustedes, y me haré cargo de lo que sea necesario», concluí.

Yo que, Baruj Hashem, conozco que está prohibido quedar debiendo una moneda en este mundo, no tenía duda de la actitud que debía tomar. Si dañé a alguien, debía abonar el valor del daño (sin importar, en este caso, si debería hacerlo de mi bolsillo, o si se haría cargo el seguro)

Pasadas cuatro horas, cuando me levantaba de un breve descanso, escuché que golpeaban la puerta de la cabaña.
Allí se encontraba un hombre de unos 35 años, que no usaba kipá.

Ni bien abrí la puerta, impulsivamente, sacó una cámara de fotos de su bolsillo, y antes que pudiera yo abrir la boca, apuntó su máquina hacia mí y me sacó una foto…
Atontado por la luz del flash, no entendía quien era esta persona y que quería de mí.

Pero el hombre no me dejó mucho tiempo para pensar: «Seguramente tú eres quien me dejó la nota sobre el auto. Debes saber, que en el momento que la leí, les dije a mi esposa y a mis hijos, que no creía en la veracidad de ese papel, que no existen personas así en el mundo… pero cuando dirigí mi mirada en dirección al farol, y comprobé que ciertamente había allí un golpe leve, comprendí que se trataba de un hecho real.

En ese momento decidí que lo primero que debía hacer era… sacarte una foto! Para que quede documentada la figura de quien me mostró, como si tuviera miles de testigos, que el mundo tiene reglas. Que hay Juicio, y que hay un Juez, y principalmente que hay gente que vive de acuerdo a esta realidad, y se comporta según ella. Que está dispuesta a sacar de su bolsillo una suma de dinero que nadie le reclamó!»

En ese momento reaccioné, e interrumpí las palabras del excitado caballero: Qué quiere decir que nadie lo reclama?! Seguro que alguien me reclama este dinero! Hashem lo reclama!
«Si, respondió el hombre, justamente esto fue lo que me sorprendió tanto, y por eso vine a fotografiarte, ya que no creo que haya otra persona como tú en el mundo. Me parece que eres único y especial, y deseo que quede en mi poder una foto tuya, para observarla y decirme a mi mismo: Así es como hay que comportarse…»

El hombre que estaba frente a mí estaba tan exaltado y valoraba tanto mi actitud, al punto que antes de retirarse me dio un beso en la frente despidiéndose con estas palabras: Ahora compruebo que hay D-os en Israel!’

Al día siguiente me trajo un presupuesto del taller mecánico por la suma de 300 shekalim, el valor del arreglo. Saqué de inmediato esa suma de mi bolsillo y se la entregué. Después de algunas palabras de agradecimiento y reconocimiento, se despidió de mí y siguió su camino.
Aquí no concluyó la historia.

En medio del mes de Elul, un viernes, en horas del mediodía, golpearon a nuestra puerta. Esta vez se trataba de una pareja. Eran el dueño del auto y su esposa.

Sin preámbulos, nos dijeron a mi y a mi esposa, que los mirábamos sorprendidos, que después de un debate familiar que duró 2 o 3 semanas, decidieron acercarse a la religión, «y si tu conducta fue extraída de la Torá de Israel, aquí estamos, y las palabras están de más.»

Solo a través del constante estudio de Musar, puede una persona pulir sus cualidades para llegar a conducirse de esta forma naturalmente.

él podría haberse dicho a sí mismo: «después de todo el auto estaba mal estacionado», «fue un daño sin importancia», «seguramente el seguro se hará cargo»… etc.

Pero, debido al constante estudio de Musar, que además lleva a la práctica en su vida diaria, ni siquiera se planteó ninguna de estas alternativas, sabía cual era la forma correcta de conducirse…

Los Jajamim extraen la importancia del estudio de Musar de lo que está escrito en el Pasuk: Ubier Aleha Akohen Etzim Baboquer Baboquer (Vaikra 6.5) Y encenderá sobre este el Cohen maderas de mañana en mañana.

En él la Torá nos insinúa que si queremos mantener vivo el fuego del cariño por la Torá y el Temor Celestial, no alcanza con cuidarnos de arrojar agua o de apagar la llama con nuestras manos, sino que es necesario agregar leña continuamente, en todo momento, para evitar que el fuego se consuma por si mismo, y esto solo lo logramos a través del estudio de Musar(ética).

Para absorber con eficacia los valores de la ética, no es suficiente con escuchar periódicamente una charla, o leer un texto interesante, ya que estos son solo ‘condimentos’. El secreto está en fijar un horario diario para su estudio y para el análisis de nuestras cualidades.

Rab Volve ZZ»L, nos dice que la experiencia nos enseña que quien fija un tiempo para el estudio de Musar, mejora su personalidad sin esfuerzo y sin siquiera darse cuenta, y aumenta su meticulosidad en el estudio de la Torá y en el cumplimiento de las Mitzvot.

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