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El Libro de Vaikrá (Levítico)
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Maor Hashabat:: Todo por un Boton

Editado por Maor Hashabat, de la comunidad Ahabat Ajim, Lanus, Argentina. Editor responsable:Eliahu Saiegh

Rab, con todo respeto, quisiera que me oriente. Soy un judío observante de las Mitzvot, que dedica diariamente un horario al estudio de la Torá, cumplo Shabat, Kasher y demás preceptos.

Hay una pregunta que ocupa mis pensamientos gran parte del día, para la que no encuentro respuesta: ¿Cómo es posible que en la actualidad todavía haya judíos que puedan seguir viviendo sin Torá, en esta época, en la que a cada momento ocurren cosas que no son más que una prueba fehaciente de que el camino de la Torá es el verdadero, también para tener una vida plena y saludable?

Yo les hablo y les explico lo importante que es el cumplimiento de la Torá, les enseño algunos preceptos básicos, pero ellos ni siquiera me prestan atención. Me duele tanta indiferencia, más aún porque algunos de ellos son personas cercanas a mí, que por ignorancia desprecian la verdadera fuente de la vida y la sabiduría. ¿Qué podría yo hacer para que abran sus ojos?

Querido Iehudí: te contaré una historia que ayudará a responder tu pregunta.
La Rabanit Kanievsky, esposa de Rab Jaim, contó que entre la gran cantidad de gente que se acerca a su casa, se presentó una mujer que estaba atravesando por un gran sufrimiento y pidió que rezaran por ella y que le fuera dada una bendición.

No es esto poco habitual, lamentablemente casi a diario, se presentan personas con grandes sufrimientos en busca de una bendición y una palabra de consuelo. La particularidad de esta mujer, era que estaba vestida con absoluta falta de recato. Estaba tan alejada del cumplimiento de la Torá y las Mitzvot, que ni siquiera sabía que para presentarse en la casa de un Rab, hay que vestirse con recato.

‘Realmente, no supe que hacer’, continuó relatando la Rabanit, ‘su aspecto era tal que me pregunté como sería posible bendecir a una mujer así vestida’. Pero mientras la Rabanit no sabía qué hacer, Hashem le mandó un auxilio desde el Cielo que fue de ayuda para la mujer.

En ese momento, una de sus nietas entró corriendo a la habitación, con evidentes signos de agitación. La niña que tenía menos de seis años, se acercó a la Rabanit y le confió con voz preocupada: «Abuela, abuela, ¿qué puedo hacer…?»

«¿Qué pasó?», le preguntó la Rabanit. «¿Qué es lo que tanto te preocupa?»

La nieta, sin tener en cuenta a las mujeres que estaban en la habitación rodeando a su abuela, le dijo: «Mira abuela, estaba jugando y uno de los botones de mi camisa se descosió…».

Al prestar atención a la camisa de su nieta, la Rabanit pudo comprobar que efectivamente, faltaba el botón superior de la prenda. La niña estaba afligida por no estar vestida con el debido recato, ¡como es digno que esté vestida la hija de un Rey…!

La Rabanit tranquilizó cariñosamente a la niña y le pidió a una de las jóvenes de la casa que le cosiera el botón a su camisa. Mientras esto sucedía, le pidió a la pequeña que le contara qué le había dicho su morá acerca de la Perashá de la semana.

La niña le respondió que esta semana no sabía muy bien que se había contado en el jardín sobre la Perashá y agregó: «Pero abuela, ni pienses que la morá es la culpable, tampoco le escribas una nota culpándola porque no se lo que ella contó. ¡En realidad, yo soy la culpable, porque no presté atención bien!».

Una niña tan pequeña, pero que ya tiene impregnadas en ella chispas de una ética tan elevada como esta, que hicieron que asumiera toda la responsabilidad sin escudarse en la culpa de nadie.

Mientras esto sucedía, la mujer que se había presentado con falta de recato, estaba parada a un costado, observando todo el cuadro. Se sintió tan impresionada por la personalidad auténtica de esta niña que afrontaba la responsabilidad de sus actos, que en ese momento, como si se hubiese corrido un velo que cubría sus ojos, comprendió que las cualidades tan elevadas de esta niña, se debían a su recato. Se miró a sí misma y se avergonzó por su aspecto, decidiendo en ese mismo momento retornar a las fuentes y comenzar a vestirse con recato.

Si unos minutos antes la Rabanit no sabía como haría para bendecir a esta mujer, en este momento se abrieron frente a ella todos los portones de la bendición. ¿Quién fue responsable de este cambio y quién tuvo el mérito de lograr que esta mujer volviera en Teshubá?

Una pequeña que todavía no había cumplido los seis años, solo por quejarse con su abuela porque se había descocido el botón de su camisa.

Querido Iehudí: No son necesarios actos heroicos, ni dirigir una gran organización para lograr que otros vuelvan a las fuentes. Sencillamente, viviendo de acuerdo a las enseñanzas de nuestra Torá, que solo se adquieren a través del estudio con constancia y esmero. Puliendo de esta manera tus modales y tus cualidades, te convertirás en un espejo en el que ellos querrán mirarse. No sabemos que palabra, que hecho intrascendente, pueden tener la posibilidad de convertirse en un ejemplo y honrar el nombre de D-os. No pierdas las esperanzas, con tu estudio de Torá y con tus buenas cualidades serás un ejemplo para ellos, aunque te parezca que ellos no se dan cuenta.

Y recuerda: quien logró acercar a sus hermanos, que no cumplían Mitzvot, al camino de la Torá, después de ciento veinte años, se asombrará al ver que tuvo muchos niños, más de los que tuvo en esta vida. Con solo una buena palabra que dijo en algún momento, con una actitud que hizo que otros Iehudim volvieran a las fuentes.

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