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El Libro de Bamidbar (Números)
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Maor Hashabat: Quien pondrá la Mesa

Editado por Maor Hashabat, de la comunidad Ahabat Ajim, Lanus, Argentina. Editor responsable:Eliahu Saiegh

«Mi Yajilenu Basar»
¿Quién nos daría de comer carne?(Bamidbar 11-4)

Está escrito en la Perashá «Y el Ereb Rab, que estaba dentro de él, desearon…» y dijeron: «¿quién nos dará de comer carne?»
Prestemos atención a un detalle: No está escrito que ellos dijeron: ‘queremos carne’, sino solo que preguntaron: ‘¿quién nos dará de comer…?’.
En otras palabras: ¿Acaso Hakadosh Baruj Hu podrá hacerlo?
Al leer esto, la exclamación surge espontáneamente: Necios! Si ustedes mismos vieron con sus propios ojos como D-os gobierna la Naturaleza y hace según Su voluntad.

A la orden del Todopoderoso, abandonaron la selva las bestias salvajes, en la plaga respectiva, las langostas se amontonaron, las ranas treparon, fueron protagonistas de innumerables milagros, y no solo en el pasado, recientemente, los milagros de la salida de Egipto y la partición del mar. Viajaron protegidos por la sombra de las nubes, una columna de fuego los precedía y les indicaba el camino, fueron alimentados por el Man, pan del cielo. ¡¿Hace falta algo más para dudar de las posibilidades del Creador?!
Pero el Ereb Rab aún vacilaba. «¿Podrá él prepararnos fácilmente una mesa en el desierto?» «Es cierto que Hakadosh Baruj Hu nos baja el Man desde el cielo, ¡¿pero acaso él también podrá darnos… carne?!

Esta pregunta suena tan desubicada y desafiante, tanto que no nos resulta extraño que Hakadosh Baruj Hu se halla enfurecido con el pueblo.

Para graficarlo mejor, tomemos ejemplos de la vida cotidiana (obviamente no nosotros, ¡de ninguna manera! Si nosotros somos intachables… pero a nuestro alrededor, nuestro entorno…)
Estamos en el Bet Hakneset… Puede ser lunes o jueves… Se lee la Torá. La gente se impacienta, la Tefilá se alarga. Uno se saca el Tefilín después de «Ashre«, el compañero se contiene hasta «En Kelokenu«llegando casi al final de la Tefilá.
¿Qué pasó? ¿Qué sucede? Es tarde, hay que abrir el negocio. Podemos perder un cliente…

No nos detengamos en ellos, están apurados. ¿Pero quizás les quede medio minuto para una pequeña reflexión?
Si recién acaban de hacer Tefilá, y con sus propias bocas dijeron de D-os: «Responsable de todos los hechos, Patrón de todas las almas».
La vista, del Cielo: «Baruj Atá Hashem… Pokeaj Ivrim» (Haces ver a los ciegos), también sabiduría, le pedimos de regalo: «Otórganos de Ti mismo sabiduría, entendimiento y conocimiento». Y por qué no el sustento: «Bendícenos nuestro Padre, en todas nuestras labores».

En resumen: El cuerpo, y todas sus fuerzas, están en Sus manos. El alma – es de él. La inteligencia – de parte Suya. El sustento – de Su mano extendida y amplia. Solo que nosotros debemos hacer un esfuerzo de nuestra parte, para recibir las bendiciónes de Hashem.

Si nosotros estamos plenos de este real conocimiento, preguntémonos: ¿Acaso D-os nos castigará si nos quedamos, tranquilamente, en el Bet Hakneset, hasta que termine la Tefilá? Seguro que no. Entonces, ¿para qué esa celeridad y esa prisa?
¿Entonces Para qué? Hay en esto cierto aspecto del razonamiento del Ereb Rab, D-os libre. Es cierto que D-os nos da salud, saciedad, vida, paz, pero… «¿Podrá él prepararnos fácilmente una mesa en el desierto?» «¿Acaso, podrá proveer sustento a quien se quede en el Bet Hakneset hasta terminar la Tefilá? ¡¿O nosotros debemos ayudarlo a él a activar el negocio?!

¿Con qué podemos comparar esto? Con ese barrendero pobre, que una mañana se levantó y le anunció a su esposa: «Felicidades, soñé que me transformé en un hombre rico, como Rothschild».
«¡Oh! ¡Bendito sea D-os!, exclamó la mujer, «al fin llegó el momento de cancelar la deuda del supermercado…»
«¿Cancelar? ¡Otra que cancelar! ¡Nadaremos en ríos de dinero! En realidad, yo seré más rico que Rothschild, ya que él no es más que Rothschild, pero yo además barro las calles… yo tengo otra entrada…».

Pensemos un momento: ¿Acaso quien se escapa del Bet Hakneset para conseguir otro cliente, para «ayudar al Creador a conseguir su sustento», no se compara a este necio?

Si te apoyas en Hashem, en tu salud, en tu vida, en tu sustento, como pretendes ayudarlo «en esos cinco minutos»…
Pero un momento: ¿Acaso esos cinco minutos, ciertamente, representan otro ingreso? Si también en ellos esperas del Creador que te envíe el cliente.

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