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El Libro de Vaikrá (Levítico)
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Maor Hashabat: Permitido pasar

Editado por Maor Hashabat, de la comunidad Ahabat Ajim, Lanus, Argentina. Editor responsable:Eliahu Saiegh

Para que el aroma de la oración que reemplaza a los sacrificios del Templo Sagrado llegue hasta el Trono Celestial, hay que tomar por diferentes caminos y transformar la Tefilá en un instrumento de acercamiento al Creador.

El rezo dicho por la persona con sus propias palabras, tiene ese aroma especial.
No solo porque es prácticamente imposible no prestar atención a nuestros propios pedidos, a diferencia del texto de la Tefilá que repetimos diariamente durante tanto tiempo que termina siendo rutinaria y nos resulta difícil concentrarnos en ella, sino que ¿Cómo es posible no prestar atención a las palabras que la persona saca de su boca con los ojos cerrados, los puños apretados y el corazón abierto?

Cuando alguien habla con un compañero y le cuenta sus cosas, no necesita una concentración especial para que las palabras lleguen a sus oídos.
Estas fluyen naturalmente y automáticamente, de la misma forma son recibidas por quien lo está escuchando.

Esta es la ventaja más notable de la Tefilá dicha con el estilo personal de cada uno y también es la causa por la cual una oración como esta, cuyo origen es el corazón – a veces es más aceptada que otras…

El Gaon Rabí Masuud Benshimon, contó un episodio ocurrido en la casa del Baba Sali, Rabí Israel Abujatzira ZZ»L, en la ciudad de Netivot en Israel.
Fue durante uno de los banquetes de Rosh Jodesh, organizado en casa del Rab.
Rabí Masuud fue una de las personas que tuvo el honor de asistir a ese banquete.

Los presentes, no eran solo personas estudiosas de Torá, absolutamente no.

La multitud que se encontraba presente allí estaba compuesta, en su gran mayoría, por personas desafortunadas cuyos sufrimientos los habían desbordado y acudían a la casa del Tzadik para pedirle que hiciera Tefilá por ellos y que los bendijera para que acabaran sus desventuras.

En el banquete al que me refiero en esta oportunidad, cuenta Rabí Masuud, había un hombre sentado entre nosotros, que no dejaba de llorar y lamentarse.
él mismo le contó al Baba Sali que había dejado en su hogar, no menos de siete hijas, a las que debería casar y en su bolsillo no tenía ni una moneda.
Además de su extrema pobreza, él y su esposa habían sido golpeados por diversas enfermedades que afectaron la salud de ambos y no hicieron más que agregarles sufrimientos. El hombre le rogó al Baba Sali que lo bendijera para que de una vez por todas terminaran sus sufrimientos.

Todos los presentes pudieron percibir como el dolor de este Iehudí perforaba el corazón del Tzadik, vieron como se apiadaba de este hijo de Hashem que sufría tanto.
En ese momento, se abrió la puerta y entró el yerno del Baba Sali.
Cuando el Rab lo vio, alzó su voz y exclamó ante la sorpresa de todos:
«¿Por qué entraste? ¿Quién te dio permiso para que entraras?»
El yerno empalideció. También en la cara de los presentes se notaba la zozobra.

Todos conocían el cariño que reposaba en el corazón del Tzadik hacia todo Iehudí.
«¡¿Por qué le habrá gritado a su yerno, que lo amaba y lo respetaba tanto?!».
Todos sabían que este grito no había sido en vano, seguramente algo muy elevado contenía.
¡No era posible escuchar estas palabras del Baba Sali y no temblar!
El Tzadik no se inmutó por la sorpresa de sus invitados y nuevamente repitió su agresiva pregunta: «¿Quién te dio permiso de entrar?»

Después de una pausa, que pareció eterna, Rabí Israel Abujatzira miró fijamente a su yerno y le dijo: «Te pido que repitas, una a una, las palabras que diré ahora. Palabra por palabra: ‘el yerno es como el hijo, y el hijo puede entrar a lo de su padre cuando lo desee’ (dándole a entender: esta es la respuesta que contestaba mi pregunta)

El yerno que todavía no se había repuesto de la sorpresa, no conseguía articular una palabra. Pero el Tzadik le insistía que repitiera la frase.

Una vez que pudo recomponerse y hacer lo que su suegro le pedía, repitiendo en voz alta cada palabra, el Baba Sali se paró junto a la pared y estalló en llanto, mientras decía: «Tú escuchaste, Padre de los Cielos, lo que dijo mi yerno, un hijo puede entrar a lo de su padre cuando quiera. Siendo así, quiero entrar ahora mismo a Tu Morada para pedirte que ayudes a este Iehudí que está a mi lado».

Una larga hora se quedó parado al lado de la pared rezando, luego regresó a la mesa, se dirigió al hombre y le dijo: «Recé y se me respondió».

¿Cuál es el mensaje de esta historia?
¡El mensaje es que hay que saber como hacer Tefilá! Cuando le hablamos a Hashem con nuestras palabras y le pedimos de todo corazón El nos escucha y la Tefilá es respondida.

Ese es el valor de la lectura del Perek Shira, como esta escrito, quien lo lee durante 40 días ininterrumpidos su Tefila es escuchada. Esto se debe a que cada elemento de la creación alaba a Hashem a partir de sí mismo.

Reflexionemos: ¡Cuánto mas cada uno de nosotros, hijos de Hashem!
Es correcto que seguramente las palabras del Baba Sali tenían peso específico en las alturas, pero nosotros tenemos prohibido desvalorizarnos, también nosotros somos Sus hijos, de forma tal que cada uno tiene permiso para ingresar a la morada de Hashem en el momento que desee y pedirle todo lo que necesita.

Incluso cuando pecamos y actuamos en contra de los deseos de nuestro Padre Celestial, seguimos siendo sus hijos y también en esa situación tenemos la posibilidad de golpear a su puerta e ingresar en cualquier momento.

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