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Maor Hashabat: ¿Nos merecemos un aumento?

Editado por Maor Hashabat, de la comunidad Ahabat Ajim, Lanus, Argentina. Editor responsable:Eliahu Saiegh

Cuando observamos como, año tras año, decenas de miles de Yehudim se reúnen en los Baté Kenesiot, en Rosh Hashaná y en Iom Kipur, rezando e implorando ser sellados para un año bueno y bendito. Ayunando y confesando sus faltas. Los templos, alrededor de todo el mundo están colmados. La exclamación emocionada brota automáticamente: ¿Qué hay mejor que el pueblo de Israel? (Divré Haiamim 1:17-21)

Todo esto es cierto pero… Es real que es impresionante ver como millones de Yehudim se reúnen en los Baté Kenesiot.
Esta es una clara demostración que la llama del judío está encendida y la brasa sigue ardiendo.
Ellos se acercan a la casa de Hashem para pedirle un año bueno, con la fe y la convicción que en Sus manos está la vida y la muerte, la bendición y lo opuesto.
¿Acaso es suficiente con esto para obtener un año bueno?
Responderemos esta pregunta con una breve parábola:

Un acaudalado empresario, temeroso de Hashem, hallaba su sustento en el comercio del vino. En una oportunidad, llegó a la ciudad donde residía uno de los ancianos Rabinos de la generación. El empresario lo invitó a su casa y el Rab aceptó la invitación.
El hombre estaba conmocionado porque su casa sería honrada con la visita de este Jajam. Organizó un refrigerio espléndido, digno de un rey y envió a uno de sus sirvientes al sótano, donde se almacenaba el vino en inmensos toneles de roble: «Apúrate y tráeme de allí una botella con el mejor de mis vinos. Lo encontrarás en la fila central, en el último barril. Llena un botellón con ese vino, y regresa rápidamente».

El sirviente se apresuró en cumplir con la orden de su patrón.
Mientras tanto, el empresario y el Rab entablaron una agradable conversación, con palabras de Torá, ideas interesantes, parábolas, historias que alegran el corazón.
Tan amena era la conversación, que ni el Rab ni su anfitrión notaron como transcurría el tiempo. Recién después de una hora larga, el dueño de casa recordó que había enviado a traer vino, con el que tanto deseaba hacer un Lejaim junto a su honorable invitado, y de paso ganarse una bendición.
¿Por qué el sirviente aún no había vuelto?

Se disculpó con el Rab, y bajó él mismo a la bodega para averiguar qué había ocurrido.
Ya a mitad de camino, por la escalera, ‘olió’ que algo había sucedido. Un pesado y penetrante aroma a vino, lo golpeó. Cuando llegó a la bodega, sus ojos se enceguecieron. El piso estaba inundado con vino.
Miró a un lado y a otro… pronto descubrió el origen del desastre: las canillas de unos cuantos barriles estaban abiertas, y el vino se derramaba sin pausa.
¡¿Qué hizo?! Gritó el empresario. ¡Mira el daño enorme que me ha provocado! ¿Dónde se ha metido este desafortunado?

No necesitó buscar demasiado tiempo para encontrarse con su sirviente tirado contra un barril, completamente borracho.
Inmediatamente comprendió que el sirviente no se había apoyado en la orden de su patrón, sino que quiso decidir por sí mismo cual vino era el de mejor calidad, por lo que había decidido probar de todos los barriles. La consecuencia era obvia: rápidamente se emborrachó y olvidó cerrar las canillas.

De esta forma provocó a su patrón un daño incalculable y ni hablemos de la vergüenza que le hizo pasar frente al Rabino.
Con furia tomó a su sirviente de los hombros y lo sacudió para que se despertara, gritándole con enojo: ¡Mira lo que has hecho! ¡Abusaste de mi confianza!
El sirviente abrió sus ojos y su boca, todavía se percibía en ella los efectos de la borrachera.
‘Ah, ¿es usted?’ Le dijo a su patrón. ‘Llegaste en el momento justo, hace tiempo que quería conversar contigo, te ruego que subas mi sueldo, el dinero que recibo no es suficiente, no es apropiado a mi categoría…’

La historia sería cómica, si no fuera porque nos es tan conocida. ¿Cómo es posible vivir todo el año probando de todos los ‘vinos’ prohibidos, desbastar, distorsionar y finalmente pedir en el día del juicio un año mejor, ‘un aumento de sueldo’?
¡¿Cómo se explica esto?!
Seguro que podemos pedir un año mejor, pero con un compromiso real y serio de mejorar nuestro camino, ser más buenos y más disciplinados.

Todos nosotros tenemos elección, incluyendo la de trabajar sobre nosotros y mejorar nuestra capacidad de elegir lo que queremos. El punto más importante es: determinar bien cual es la conducta que deseamos cambiar, y como quisiéramos comenzar a conducirnos.
Cuando tenemos establecido el comportamiento que queremos lograr, y examinamos desde un principio cuales son las seducciones que pueden llegar a sobornarnos e impedirnos ejecutar lo que nos proponemos, proyectaremos en forma práctica como enfrentarnos con esto y con la ayuda de Hashem podremos obtener comportamientos nuevos y transformarlos en costumbre.

Finalmente es una labor de autoeducación y de adquisición de hábitos, y esto no es diferente a todas las habilidades personales que la persona puede desarrollar si solamente se dedica con fuerza a esto de forma sistemática y constante.
Solo después, sin ninguna duda, seremos sellados para una buena vida de paz y prosperidad.

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