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Maor Hashabat: Nada pasa inadvertido

Editado por Maor Hashabat, de la comunidad Ahabat Ajim, Lanus, Argentina. Editor responsable:Eliahu Saiegh

Toda Tefilá y todo ruego dirigido al Creador, especialmente cuando el pedido es para un compañero que atraviesa por un sufrimiento – es recibida.
Sin embargo, hay ocasiones en las que la Tefilá tiene mayor alcance y su fuerza es superior.

Se cuenta de Rabí Arie Leib Tzintz ZZ»L, que cierta noche, a altas horas de la madrugada, golpearon a su puerta despertándolo de su sueño para contarle que había en la ciudad una mujer que estaba teniendo dificultades para dar a luz.
«Sabemos que el Rab no es doctor» – le dijeron con seguridad – «pero sí sabemos que usted está fuertemente unido a Hashem, por eso venimos a pedirle que haga Tefilá por esta parturienta».

¿Qué hizo Rab Arie Leib? – Sin pérdida de tiempo, abrió una Guemará y buscó un Tosafot (comentarista de la Guemará) que le formulaba una pregunta a Rashí. Con absoluta concentración profundizó en el tema hasta alcanzar la respuesta a dicha pregunta.
Inmediatamente después de esto, con el corazón henchido de satisfacción, imploró a Hashem diciendo: «¡¡Ribonó Shel Olam!! Yo respondí la difícil pregunta que había sobre Rashí, te ruego que también Tú quites toda dificultad a esta parturienta, y la ayudes para que su parto sea fácil y todo salga bien. En ese mismo instante cambió la situación de la mujer, y pudo, con la ayuda de Hashem, dar a luz a su bebé sin ninguna dificultad.

Son conocidas muchas historias de este estilo, por ejemplo, en nuestros días, un Iehudí se encontraba en medio de un grave problema, cuya solución requería de un gran milagro. Esta persona poseía bienes de mucho valor, y alguien que lo celaba lo delató de alguna manera, poniendo sus posesiones en un inminente peligro.

Un vecino que conocía a este Iehudí, y sabía con cuanta entrega había asistido a su padre durante años, gravemente enfermo, ayudándolo económicamente, y acompañándolo durante largas horas al lado de su lecho en el hospital, dejando de lado sus actividades y sin fijarse en gastos para que su padre se restableciera completamente.

Este vecino que conocía su esfuerzo y su entrega, cuando se enteró de su problema rezó a Hashem pidiéndole: ¡¡Ribonó Shel Olam!! Solo Tú sabes cuanto dinero invirtió mi vecino para la cura de su padre. ¡No escatimó en gastos con tal que se mejorara! Por ese mérito, ten piedad de él y sálvalo de este sufrimiento económico.

No pasaron muchas horas, y el Iehudí se acercó a contarle a su vecino que había ocurrido un milagro: «No comprendo como sucedió» – le decía, por supuesto sin saber de la Tefilá de su amigo.

Otra historia muy interesante se cuenta de una persona que en su juventud había atravesado por una prueba muy difícil, más difícil aún por ser que en ese entonces contaba solo con 17 años. Considerando los hechos, que no vienen al caso, fue necesario para superarlos una total entrega a Hashem. A partir de allí, este joven se elevó a altas categorías de Torá. él mismo asegura que su elevación se debió a haber podido mantenerse fuerte frente a una prueba tan difícil.

El hecho había ocurrido en el ciudad de Tel Aviv, donde vivía. En esa época estaba muy apegado al Admur de Sadigura. Se acercó a él y le contó el episodio. El Rebe se conmovió, besándolo repetidamente y bendiciéndolo con calidez.
Antes que se marchara le dijo: «Debes saber que el lugar donde te ocurrió esto se santificó por tu mérito, por cuanto santificaste el nombre de Hashem allí. Recuerda: cuando tengas que rezar por cosas importantes, ve allí y ruega. Con la ayuda de Hakadosh Baruj Hu, verás milagros y salvaciones.

Cuenta esta persona que así fue: «Decenas de años pasaron desde entonces, y cada vez que necesito algo especial, me acerco al mismo lugar y ruego al Creador que me ayude, y no exagero si afirmo que todos los pedidos me fueron concedidos. En los últimos años pedí cosas que no es posible creer que se hayan resuelto naturalmente de la mejor manera. Todas mis plegarias realizadas allí, fueron respondidas por Hashem. Nunca antes había contado esto, porque es difícil de creer, pero así fue y no solo una vez.
Esto nos prueba la santidad que reposa en el lugar donde la persona se entrega a Hashem.

¿Qué tienen en común estas historias? De ellas podemos aprender la influencia que tiene nuestro esfuerzo y hasta cuanto nuestra entrega asegura la proyección de nuestra Tefilá.

Vemos en esta Perashá que Balak acercó uno Korbanot al Creador. Nuestros Jajamim nos enseñan que por el mérito de esos Korbanot, Balak fue recompensado en su descendencia, de la que surgió Ruth y de ella el Rey Shelomó.
Pero… ¿Cómo es esto posible? Si su intención era instigar a Hashem en contra de su pueblo. ¡Su motivación era la destrucción de todo el pueblo!

Es cierto. El acto en sí mismo era malo, pero había en él una chispa positiva, y ni siquiera ella se perdió… Cuanto más y más, nuestros actos cargados de buenas intenciones y con la voluntad de cumplir con los deseos del Creador influyen sobre nuestra Tefilá, nuestra vida y todo cuanto nos rodea.

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