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Januca
Januca: Significado y reflexiones
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Maor Hashabat: La luz de la cadena de oro

Editado por Maor Hashabat, de la comunidad Ahabat Ajim, Lanus, Argentina. Editor responsable:Eliahu Saiegh

A continuación encontraremos el fundamento básico que conduce hacia los caminos de la Teshubá, que de ser adoptado de corazón, nos facilitará el acercamiento a Hashem, y todo iehudí, incluso el mayor de los pecadores, podrá encontrar el camino de regreso a Hashem con mayor facilidad.

Cuando una multitud de judíos acudió a la convocatoria para dedicar un día al estudio de Torá, realizada por el Colel Bet David, de Jolon, llegó a oídos del Rab un rumor, según el cual, entre los presentes se encontraba una persona, que en el pasado había sido un famoso delincuente y ahora había vuelto en Teshubá, y se encontraba entre el público que se había presentado a estudiar Torá.
Se acercaron a él, y le pidieron que contara su historia ante todos, especialmente cuál había sido el camino que lo condujo de regreso hacia la Teshubá. El hombre aceptó y se dirigió al estrado, hacia donde lo siguieron las miradas atentas de todos los presentes, ansiosos de escuchar su relato.

Contó que, ciertamente, por sus innumerables delitos estaba catalogado por la policía, entre “los más buscados”. No “trabajaba” solo, sino que tenía un socio que lo acompañaba, especialmente en los asaltos domiciliarios.
“Mi amigo, con gran destreza, ingresaba en la vivienda, trepándose con ayuda de caños y sogas, hasta llegar al objetivo, en medio de la noche. Mi socio entraba al departamento y abría la puerta desde adentro. Ahí comenzaba mi función”.

Mi especialidad era detectar en qué lugares se escondía el dinero y los objetos de valor. Para eso tenía un olfato muy desarrollado. Cada lugar que señalaba como escondite de objetos de valor, era descubierto como tal. Nunca me equivoqué.
De esta forma, “los socios” irrumpían en miles de viviendas y la policía no lograba atraparlos.

“Una vez – continuó con su relato – después que ingresamos en una casa, mientras recorría sus habitaciones, me encontré frente a una mujer anciana, que dormía en su cama, y de su cuello pendía una gruesa cadena de oro, de gran valor.
Se trataba de una sobreviviente del holocausto, lo que deduje al descubrir el número tatuado en su brazo. Me paré junto a su cama y rogué a D-os que no se despertara… para poder quitarle la cadena que rodeaba su cuello sin hacerla sufrir… Si ella se despertara, al encontrarse con ladrones en su hogar, no había duda que se resistiría y me vería obligado a tomar el botín por la fuerza y con esto le provocaría sufrimiento… y a una persona sobreviviente del holocausto, no deseo provocarle tanto sufrimiento…”

“Mi Tefilá no fue aceptada por el Creador, la anciana se despertó, y como era esperable, se asustó mucho de los ladrones, parados frente a ella. En ese momento, sucedió algo que nunca me había sucedido antes. Contrariando todos mis actos del pasado, decidí huir de allí con las manos vacías.
Como ustedes comprenderán, no cabe duda que, de haber querido, hubiera podido despojar a la anciana sin ninguna dificultad. Hasta que ella se recobrara del susto, nosotros estaríamos ya muy lejos y nadie podría atraparnos. Pero D-os puso en mis pensamientos que me retirara de allí sin llevarme nada.

A partir de ese momento, comenzaron a latir dentro de mi corazón sentimientos de Teshubá, y sentí intensos deseos de acercarme al Creador. No pasó mucho tiempo y, aquí estoy, frente a ustedes, frente a cientos de personas, contando mi historia. Esa decisión fue considerada como una gran Mitzvá, que arrastró tras ella a otra Mitzvá, y así fue como me convertí en el Bal Teshubá que está frente a ustedes”.

¿Qué enseñanza podemos extraer de esta historia? A veces, la persona se encuentra en una categoría espiritual muy baja, después de haber cometido grandes pecados y enfurecido al Creador. En esa situación piensa con abatimiento: “Quién sabe si alguna vez podré volver en Teshubá, enfurecí tanto al Creador que, ¿cómo podría acercarme a él?”

Estos pensamientos son equivocados, ¡ya que nadie se imagina como se verá un momento después de haber hecho la primera Mitzvá! Ese breve instante puede cambiarlo radicalmente e introducir en su corazón sinceros sentimientos de Teshubá, y de allí a la Teshubá completa es corto el camino…

La dificultad radica en que, antes de realizar ese primer acto, la impureza que lo rodea le impide darse cuenta de esto, pero en cuanto se entrega en los brazos de Hashem, y realiza la primera Mitzvá, ésta lo arrastra hacia la siguiente.
Estas palabras llegan al corazón de todos y demuestran que no hay motivo para perder la esperanza, ya que con un pequeño esfuerzo para acercarse a D-os, él envía su ayuda para que sea más fácil hacerlo.

Esto está dirigido a cada uno de nosotros y no solo a los ladrones… nadie sabe cómo se verá después de pasar la prueba que tiene enfrente. Por lo tanto no sería correcto definir nuestra situación según las condiciones en las que nos encontramos antes de superar la prueba. Primero cumplamos la Mitzvá que tenemos frente nuestro, y veremos entonces como se abren los portones de luz y reverencia a D-os.

El precepto central, durante los días de Januca, es el encendido de velas. Esto lo hacemos, por supuesto, en recuerdo del milagro ocurrido en tiempos del segundo templo, después que los griegos contaminaron todos los aceites del Hejal, Hashem hizo un milagro y una pequeña cantidad, que se había conservado pura, alcanzó para encender los siete brazos de la Menorá, durante ocho días.

Una pequeña cantidad de aceite, fue suficiente para encender las luces de siete barriles, durante ocho días. En memoria de ello, los Jajamim establecieron la Mitzvá del encendido de velas de Januca.

El milagro del aceite, es la causa directa que originó la Mitzvá de encender las velas de Janucá, pero de hecho, hay en esto una particularidad interesante: mientras que la menorá del templo tenía solo siete luminarias, la de Janucá tiene ocho, y todas deben encenderse. En la Torá no hay nada accidental. Si observamos las velas de Januca, que se encienden fuera del templo, el hecho que posean una luminaria más que aquellas, debe contener algún mensaje implícito.

La explicación es que, el candelabro de siete brazos que ardía en el templo, era el adecuado para una situación normal, en la cual la espiritualidad está bajo control. Cuando se accede a la voluntad de D-os, sin ningún tipo de interferencias ni obstáculos, es suficiente con siete velas. Sin embargo, cuando la situación no es normal, cuando la oscuridad espiritual crece, usted no puede conformarse con siete velas, es necesario encender ocho, ya que las velas de Januca se encendieron después de haber superado la oscuridad.

No debemos olvidar que la luz comienza a expandirse lentamente, el primer día una vela… y así progresivamente. Esa es la forma más sencilla de eliminar la oscuridad.

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