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Maor Hashabat: La fuente de energía del ganador

Editado por Maor Hashabat, de la comunidad Ahabat Ajim, Lanus, Argentina. Editor responsable:Eliahu Saiegh

Los vecinos de uno de los barrios religiosos de Jerusalem, observaban intrigados a una mujer gentil que deambulaba por las calles, haciendo preguntas a los transeúntes, acerca de su forma de vida.
Nadie sabía quien era, ni cual era su propósito. Incluso, en determinado momento, comenzó a despertar sospechas. Toda la semana recorría las calles, pero en Shabat, se podía percibir, que el descanso del día sagrado y las ropas festivas de padres e hijos, quienes caminaban tranquilamente hacia el Bet Hakneset, ejercían un efecto especial sobre ella.
Recién cuando se ofreció para trabajar como asistente en la casa de la directora del seminario para niñas, pudo develarse el misterio y descubrir quien era y qué había ido a buscar allí.

Se trataba de una profesional, dedicada a la investigación de las características de los diferentes pueblos, y hasta el momento, se había concentrado especialmente en la historia de los europeos. Hasta que un día, sus colegas le insinuaron que, hasta que no investigara la historia del pueblo de Israel, todo su trabajo equivalía a no haber hecho nada…

Cuando pidió que le dieran más detalles, le aconsejaron viajar a Israel e instalarse allí, durante unas cuantas semanas para poder descubrir las grandezas de ese pueblo. Agregaron que, si decidía seguir sus consejos, le convenía ir a uno de los barrios religiosos y establecerse allí, ya que en ningún otro lugar podría descubrir las características del pueblo judío, como en este.

Este era el motivo que la había traído hasta aquí, y al ver que no lograba profundizar sus conocimientos, como era su intención, decidió ofrecerse como empleada en una casa, para poder estudiar sus costumbres de cerca.
En una oportunidad, le comentó a su empleadora, que lo que más la impresionaba y la conmovía, era la vestimenta recatada de las niñas, que de pequeñas eran educadas para cuidar su recato.

Durante un tiempo, siguió trabajando para esta familia, hasta que dio por concluido su trabajo y decidió volver a su tierra.
La investigadora, que se había encariñado con la familia, siguió en contacto con ellos, por vía epistolar. Al poco tiempo, les escribió contándoles que había decidido cambiar de profesión… de ahora en más sería… directora de una escuela para niñas.
Como se trataba de una persona que pertenecía a una familia de gran poder económico, no tuvo dificultades en adquirir un moderno edificio, equiparlo adecuadamente y conseguir el personal que la secundaría. Así fue como anunció la inminente apertura de una escuela para niñas, con un reglamento novedoso…

Dicho reglamento, determinaba que las alumnas deberían vestirse con recato, y especificaba en detalle las características de la ropa, formas y medidas, además, agregaba que los días sábado, tenían prohibida toda labor y debían vestir ropas especiales.
Sorprendentemente, muchas familias aceptaron las condiciones, ya que, la novel directora les ofreció, astutamente, ventajas y servicios, a un bajo costo, que no encontrarían en otra parte, e inscribieron a sus hijas en la nueva escuela.

De todas formas, no cualquier joven era admitida en esta escuela. La que no aceptaba el reglamento, no ingresaba, y la que lo había hecho, pero lo desobedecía, era expulsada de inmediato.
Cada vez que a la directora se le presentaba alguna duda, se comunicaba de inmediato con su antigua empleadora, en Jerusalem, y se aconsejaba con ella.

Esta es la influencia de una conducta decorosa, sin discursos ampulosos, sin actos épicos, solamente el ejemplo, puede impresionar a una persona, que aún siendo gentil, se asombra por nuestro recato y entiende que es el camino correcto.
Si ellos pueden entender que la vestimenta respetable, honra a quien la lleva, ¿por qué, a veces, cuesta tanto convencer a algunas mujeres de Israel de que el recato es la verdadera corona?

Pero siguiendo con la historia, finalmente la escuela, al poco tiempo, debió cerrarse… ¿qué motivo tenían las alumnas para vestirse con recato y cerrar los ojos «al último grito de la moda», sólo porque la directora lo había ordenado?
Es cierto que ella había quedado muy impresionada por la vida que llevaban las familias, en ese barrio religioso de Jerusalem, pero los padres de sus alumnas, no estaban dispuestos a descansar un día a la semana, siguiendo el capricho de una directora de escuela, ¿acaso ella, se ocuparía de su sustento?
A pesar de los beneficios y las ventajas, que no recibirían en ninguna otra escuela, el establecimiento debió cerrarse por falta de alumnas… ¿y el recato? No fue el camino elegido ni por los padres ni por las alumnas.

En cambio, el pueblo judío, el pueblo elegido por Hashem, cuida desde hace miles de años las reglas del recato, y no sólo eso, sino también la santidad de Shabat y cumple los preceptos que su Padre que está en el Cielo le ordenó, sin condiciones, ¡sólo porque El los bendijo con sus preceptos!

Nuestra Perasha nos habla de la guerra contra Midian. Hay muchos motivos para declarar una guerra.
Una guerra, pude ocasionar consecuencias dolorosas, tanto a vencidos como a vencedores. Pérdidas de vidas, económicas, pérdida de la libertad…
Quienes se aventuran, lo hacen para conquistar tierras, o para dominar otros pueblos, o para obtener honores y poder. Otras veces lo que los alienta es la sed de venganza.

En cambio, la guerra de Midian, relatada en la Perashat Masee, es única en la historia de la humanidad. Nunca antes, ni después, todo un pueblo salió a guerrear contra otro, con una única intención: cumplir con la voluntad de Hashem.

Hashem le ordenó a Israel guerrear contra Midian, porque ellos los habían incitado al pecado y el pueblo cumplió con Su voluntad, como lo hizo cada generación hasta llegar a la actualidad, marcándonos el camino, preservando nuestros valores, sin que debamos preocuparnos por modas y tendencias, sin que dependamos de ningún «iluminado» que nos imponga un «reglamento», para que sepamos como debemos comportarnos, porque ya está escrito en nuestra Torá y lo único que debemos hacer, es llevarlo a la práctica, cumpliendo con la voluntad de Hashem, como lo hicieron nuestros antepasados.

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