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Maor Hashabat: La Esencia del Shabat

Editado por Maor Hashabat, de la comunidad Ahabat Ajim, Lanus, Argentina. Editor responsable:Eliahu Saiegh

Profundicemos en la esencia de Shabat, y las prohibiciones de trabajo que hay en El.
Dice el Gaon Rab Shimshon Rafael Hirsh ZZL en su libro «Matana Toba»:
El día que fue entregada la creación completa en manos de la persona fue el día séptimo.
Es por eso que es necesario que quede eternamente, como una señal para recordar al hombre, que todo lo que lo rodea es una creación de Hashem, y toda la fuerza y el permiso para gobernar sobre todos los hechos se los dio El.
Para que no se enorgullezca la persona pensando que su fuerza gobierna la naturaleza, sino que vea que todo esto es un regalo de Hashem, y El nos da según su voluntad.

El Pasuk dice: Zajor et iom hashabat lekadesho (Shemot 20) recordá el día Sábado para santificarlo. O sea que recordemos en este día que todo viene de Hashem.
Para llevar a la práctica esta idea, vos tenes que privarte de usar tu voluntad de gobernar sobre las cosas, tenes que abstenerte de ejercer tu dominio sobre ellas.
Para esto tenes que devolver al Dueño, en este día grande y sagrado, el mundo que fue entregado en tus manos, que te fue prestado, para que recuerdes siempre y en todo momento que el mundo te lo prestaron por un tiempo determinado.
Por esto en Shabat esta prohibido el trabajo creativo, quiere decir: el trabajo que se hace con intención, por medios adecuados, y medida justa.

La Tora nos prohibió a nosotros en Shabat toda acción con intención de demostrar nuestra fuerza o habilidad.
La Tora no prohibió los trabajos destructivos, ni los que hacemos accidentalmente, sin intención, indirectos o menores al shiur (medida).
Vos ves querido lector que cada momento que vos contenes tu mano de trabajar en Shabat, declaras a Hashem como único creador y dueño de todo.
Shabat no es un día de descanso al final de la semana que pasó, sino que es una fuente de elevación y kedusha (santidad) de los días de trabajo que le siguen.
Esto mismo nos enseña la Tora: Shesh iamim taabod veasita kol melajteja seis días vas a trabajar y vas a crear todos tus trabajos. Trabaja la materia prima y dale forma. Y de esta manera esto se va a llamar «Tu Trabajo«, veiom hashebii shabat laashem elokeja pero el día séptimo es Shabat, ya todo pertenece a Hashem…

En el día séptimo, la persona se tiene que acordar de quien es el mundo, quien le dio la fuerza, la inteligencia, que recuerde quien creo la materia prima, y quien le dio el potencial de crecimiento, delante de quien esta en cada momento y momento.
Y el objetivo de quien tiene él que completar, de quien depende la paz entre las naciones, su riqueza y su fuerza.
En el día séptimo debe dejar la persona sus conquistas, la fuerza de su dominio y toda su creatividad en manos de la Shejina (Divinidad) para salir del Shabat con la carga completa de Emuna para toda la semana.

Es por eso, como esta escrito en la Guemara que Hashem dice : Préstense en Shabat y yo después yo se los pago.
Sobre esto dicen los Jajamim que en Rosh Hashana le decretan a la persona cuanto va a tener, pero el Shabat no entra en la cuenta, no importa cuanto gaste, siempre se recupera.
Esto nos enseña que cuando tenemos Emuna verdadera, y nos ponemos en manos de Hashem, por cuanto que aceptamos que todo depende de El, nos provee de todo lo que necesitamos…

Nos cuenta Rab Eliahu Man: Me encontraba en medio de un Bar Mitzva, disfrutando de una animada charla, cuando se acerco a mí un hombre al que nunca había visto antes.
Me apartó de mis circunstanciales acompañantes y me dijo: -Por cuanto que Ud. frecuenta y permanece mucho tiempo al lado de Rab Jaim Kanievsky, le pido por favor que me lleve hasta él, para que solucione un Din Tora que hay entre dos personas de esta ciudad.
Le contesté que Rab Jaim no se ocupa de estos temas, pero no faltaban juzgados a los que pudiera acudir.
Este iehudi no se dio por vencido, y siguió insistiendo: -Yo se que el Rab Jaim no trata estos temas. Pero este caso no es normal. No se trata de un conflicto como los que suelen ocurrir entre dos personas.

Esto me provocó gran intriga, dice el Rab Man, despertando inmediatamente mi interés por escuchar su historia.
Aprovechando el momento de expectativa, el hombre procedió a contarle: Shimón y Reuben son dos iehudim de Bene Berak, Reuben es un abrej (estudiante de Tora), gran talmid jajam (sabio), que todo el día lo dedica al estudio de la Tora, por lo que su sustento es muy escaso.
Su mejor amigo, Shimón, es una persona que estudia y también trabaja. El es un hombre muy adinerado.
En determinado momento, la situación económica de Reuben se había tornado sumamente difícil, hasta tal punto que en su mesa de Shabat solo había una lata de atún para toda la familia.
Cuando Shimón se enteró de esto, se lamento mucho y sin perder un momento se acercó a su querido amigo y le dijo: -De ahora en más tú compraras todo lo que necesitas para pasar un Shabat como es debido y yo te lo pagaré.
Reuben acepto su ofrecimiento, imaginándose emocionado los rostros felices de su familia en el siguiente Shabat.
Desde ese momento todas las vísperas de Shabat compraba todo lo necesario para honrar el día sagrado, y Shimón lo pagaba.

Transcurrido cierto tiempo, llegaron momentos difíciles para Shimón.
Sus negocios empezaron a decaer, hasta que perdió toda su riqueza.
La misma suma de dinero que le daba a Reuben, hasta ahora insignificante para él, le resultaba costoso conseguirla.
A pesar de esto mantuvo su situación en secreto y siguió ayudando a su amigo.
Hasta que un día, una persona le contó a Reuben lo que estaba sucediendo con Shimón. Inmediatamente lo llamo y le dijo: -¿Por qué no me contaste nada? Te prohíbo que me sigas ayudando.
A lo que Shimón le contestó: ¡Pero que importa! Si de todos modos lo que gasto para Shabat no está en las cuentas que me estipularon en Rosh Hashaná. ¡¿Para que te metes en mis cuentas!?.
Dijo Reuben: esto es verdad, tus gastos no entran dentro de la cuenta, pero los míos si.
Argumentó Shimón: los gastos que yo hago para vos, los considero mis gastos, por lo tanto, tengo que seguir cubriéndolos como a los míos.
Todo esto lo contó en el Bar Mitzva, y terminó diciéndole: -Por cuanto estas dos personas no llegaron a un acuerdo, decidieron llevarle el caso a Rab Jaim.
Por eso, ahora que lo encontré aquí, pensé que seria bueno que sea Ud. quien le presente el caso…
Le preguntó Rab Eliahu intrigado: -¿Y que tenes que ver vos con todo este tema?
-Yo soy Shimón.

En cuanto le fue posible, el Rab Eliahu fue a casa de Rab Jaim y le contó toda la historia.
Rab Jaim se emociono tanto, que lloro y entre sollozos exclamó: ¡Dichosos Israel que estos son los juicios que ustedes tienen!
No podía hablar de tanta emoción, debió tomarse un rato para recomponerse, y luego de ello comenzó a analizar el caso.
Podemos aprender de este maase hasta cuanto llega la grandeza de Am Israel.
Cuanto se preocupa uno por el otro, llegando a veces a sacrificar sus necesidades para ayudar al compañero.
Y vemos también la grandeza de los guedolei hador que se emocionan por su pueblo, cuando descubren en él, las características que lo llevaron a ser «pueblo elegido»

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