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Maor Hashabat: El Banquete de Honor

Editado por Maor Hashabat, de la comunidad Ahabat Ajim, Lanus, Argentina. Editor responsable:Eliahu Saiegh

En nuestra época nos hemos habituado al arrebato y cada queja que tenemos contra una persona se convierte en una discusión, que a su vez arrastra a una pelea, con enojos y rencores que incluso, a veces involucran a otros. Todo esto sin que siquiera prestemos oídos a lo que ‘nuestro oponente’ tiene para decir.

También si nos encontramos en medio de una alegría, festejando algún acontecimiento feliz, de aquellos que marcan nuevas etapas en nuestra vida o en la de nuestros hijos, y descubrimos que alguno de los platillos del banquete no es exactamente como lo pedimos y su sabor no es tan suave al paladar… somos capaces de olvidarnos hasta de qué estábamos festejando y lanzarnos con furia y frustración contra el empresario que contratamos para el catering, el cocinero, los mozos… y todo aquel que se ponga en nuestro camino para tratar de tranquilizarnos…

A continuación llegará la exigencia de recibir una compensación, amenazando con que hasta que no recibamos un resarcimiento, no pagaremos el monto completo del servicio contratado.

Es una pena que se desperdicie un momento que quizás estuvimos esperando durante meses o años, con el que a lo mejor soñamos justamente desde que nació nuestro hijo, el que planificamos hasta en su más mínimo detalle y por algo que no salió como lo habíamos ‘programado’, nos ponemos mal y no disfrutamos del resto.
Escuchemos como reacciona gente de elevado nivel espiritual en casos como estos.

El Rab Eliezer Rot contó lo que escuchó de Rab Abraham Dov Oierbaj, hijo de Rab Shlomó Zalmen Oierbaj. Los sucesos ocurrieron durante el casamiento de su hermano, el segundo hijo de Rab Shlomó Zalmen Oierbaj.

Ese día, gente de todas partes se había hecho presente para cumplir con el precepto de alegrar a los novios. Entre ellos, gente muy importante se acercó para honrar a la pareja y a su familia.

Después de la Jupá, en medio de un clima de inmensa alegría, los invitados se dispusieron a tomar asiento para disfrutar del banquete de bodas, entre animadas charlas y saludos jubilosos.
En ese preciso instante, descubrieron que el pescado que se había preparado especialmente, como plato único y principal… ¡estaba en mal estado!

Hoy en día, si en un banquete de bodas algún platillo sale mal, no representa un gran problema para los consuegros, aunque se trate del plato principal, ya que no faltará con que agasajar a los invitados.
Pero en aquella época, no solo que este era el plato principal, sino que era el único… y si este había fallado, no había otra cosa para servir.

Pensemos un momento: ¿Cómo hubiera reaccionado – no una persona carente de buenas cualidades – cualquiera de nosotros?
Probablemente hubiera estallado con enojo contra el organizador del catering: ¡¿Cómo es posible que me hayas hecho algo así?! ¡¿Cómo pudiste servir a mis invitados comida en mal estado?! ¡¡Me deshonraste y me avergonzaste delante de todos!!
Veamos que hizo Rab Shlomó Zalmen en ese momento.

Cuenta su hijo, que el Rab se acercó discretamente al empresario y le explicó que lo convenido con su consuegro era que cada uno pagaría la mitad del banquete, pero por ser que el pescado se había arruinado y no era posible comerlo, temía que este decidiera no pagar el precio convenido, «por eso deseo pagarte ahora el total del costo pactado».
¡Con esto hubiera sido suficiente para mostrarnos como se conduce una persona elevada de Israel, al que no le importó la pérdida de dinero, si con esto podía evitar el sufrimiento de otro Iehudí!
Pero la historia no terminó aquí.

Como respuesta a sus palabras, el empresario le rebeló a Rab Shlomó Zalmen, que hacía unos instantes había estado su consuegro diciéndole justamente que sospechaba que a lo mejor su consuegro pensaría que no se debía pagar el costo total del banquete, y por eso decidió hacerlo él mismo…

Así se comportan los hijos de Hashem, cuyo único deseo en la vida es caer en gracia a Sus ojos y saben que el único camino para lograrlo es ceder… también de «lo que me pertenece…», esta es la ofrenda más valiosa.

La Perashá nos habla del Korban Todá – la ofrenda de agradecimiento que acercaba la persona que era bendecida con un milagro – un prisionero al ser liberado, un enfermo al recuperarse, etcétera.
¿Existe algo más elevado que el agradecimiento? ¿Existe una forma más maravillosa de acercarse a Hashem que a través del agradecimiento? ¿Entonces por qué, a veces, nos cuesta tanto agradecer? Uno de los motivos es que, generalmente, cuando recibimos solemos tener algún reclamo, siempre nos falta algo, no estamos totalmente conformes con nuestra parte… ¿Cuál es la clave para superarnos? La clave es ceder, ‘cerrar un ojo’…

¡Que maravilloso ejemplo dejan nuestros sabios a las siguientes generaciones! Cuanto tenemos para aprender de ellos. Cuanto debemos aprender de su conducta, no solo en un caso extremo como este, sino en nuestra vida cotidiana.
¿Cómo reaccionamos cuando algo no sale como lo ‘planificamos’? ¿Qué sucede cuando llegamos a casa y la comida no está servida?

¿Y cuando sí lo está? ¿Valoramos el esfuerzo del otro? ¿Agradecemos los favores que recibimos? ¿Colaboramos con nuestra familia para que la convivencia sea placentera?
Es más, cada uno puede agregar las preguntas que se le ocurran para realizar una sincera autocrítica y elevarse cada día un poco más…

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