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Maor Hashabat: El Arbol de la Vida

Editado por Maor Hashabat, de la comunidad Ahabat Ajim, Lanus, Argentina. Editor responsable:Eliahu Saiegh

«Ma tobu hoaleja yaakob mishkenoteja Israel…» (24-5)-
Que dignas son tus tiendas Iaacob, tus moradas Israel

En un lejano e inexplorado bosque, en un recóndito lugar de la tierra, al que solo unos pocos han tenido acceso, había una singular costumbre.
Una vez al año se reunían los árboles más jóvenes, rodeando al árbol más anciano, quien en cada oportunidad, les relataba con renovado énfasis, la siguiente historia:
-Saben ustedes que hay variadas especies de árboles: grandes, chicos, bellos, no tanto… pero hay algo en común que los une, y ese algo es, que después de determinada cantidad de años mueren…
A excepción de uno de ellos…. «El árbol de la vida».

Ocurrió cierta vez que un grupo de leñadores entró al bosque en busca de madera.
Al ver esos árboles hermosos, de troncos anchos y vistosos, enceguecidos por la codicia, comenzaron a golpearlos con sus hachas sin piedad, con furiosa voracidad… pero a pesar del esfuerzo, y luego de intentarlo una y otra vez no lograron derribarlos, por cuanto sus troncos eran demasiado robustos.
Hasta que, finalmente cayeron exhaustos y desesperanzados.

Al ponerse el sol, las últimas luces del atardecer dejaron al descubierto, al final del bosque, un pequeño, débil, y solitario arbolito.
Inmediatamente los leñadores se abalanzaron sobre el, descargando toda su furia con el pobre arbolito, lo arrancaron de sus raíces, lo cubrieron de sal y lo quemaron para que ya nunca mas volviera a crecer.
Finalmente, satisfechos, como si nada hubiese ocurrido tomaron sus cosas y se marcharon en medio de estruendosas risotadas…

De repente…un inmenso silencio inundó el bosque. Nadie se animaba a hacer ningún comentario.
Sin embargo, al cabo de unos días, ante los ojos atónitos de los árboles allí presentes, comenzó a asomar, en el mismo lugar donde había estado el indefenso arbolito, una pequeña plantita, fresca, joven y hermosa… miró hacia todos lados como queriendo verificar si el peligro había desaparecido y casi mágicamente comenzó a florecer….
Los árboles no podían creer lo que estaban viendo: ¡¡¡¡No puede ser!!!! Te han quemado, te destruyeron… como has podido florecer nuevamente????

La plantita alzó sus ojos y les habló dulcemente: -Hace muchos años cayó aquí una pequeña semilla, ella se pudrió y exploto, echó raíces…
Así fue como comencé a crecer.
A mi lado se encontraba parado un árbol anciano que me dijo sonriente: sabes quien soy yo…? Soy tu padre…debes saber que vendrán días muy difíciles, eres un árbol de aspecto débil, pero con características especiales y con mucho potencial, por lo que muchos intentarán destruirte, pero tu enfrentaras a todos sin temor… y cuando aquellos días lleguen te aferraras fuertemente a tus raíces, y yo te tomare entre mis brazos para cuidarte hasta que todo pase… entonces florecerás nuevamente…
-Este es mi secreto… – concluyó el pequeño árbol.

Así terminaba su historia el árbol anciano ante su atenta platea, paralizada por la emoción.
Luego de tomarse unos minutos para recuperarse, uno de los jóvenes le pregunto intrigado al anciano: ¿y cuanto tiempo hace que plantaron esa semilla?
Contesto el árbol meneando su cabeza: si la memoria no me falla…ya han pasado mas de 3300 años.

Así es, más de 3300 años transcurrieron desde la entrega de la Tora.
El secreto del «árbol de la vida» es el mismo secreto que poseemos nosotros, ustedes y todo el pueblo de Israel. Nuestra vitalidad está en nuestras raíces, ellas garantizan nuestra supervivencia.
La historia atestigua cuantos grandes, fuertes y poderosos imperios han desaparecido, sino veamos lo sucedido a los egipcios, los babilonios, los persas, los griegos, los romanos…
A pesar de todo, el pueblo de Israel sigue en pie… nosotros somos la prueba de ello…
¿Cómo ha sido posible que un pueblo tan pequeño y débil haya sobrevivido a tantas persecuciones, a tantos intentos de destrucción y exterminio? ¿Qué fue lo que los protegió?

Nuestra perasha nos cuenta sobre Bilham. El quiso maldecir al pueblo de Israel sin lograrlo, ya que Hashem cambio las palabras de su boca y, contra su voluntad, termino bendiciéndolos.
Está escrito en la Guemara en Sanedrín (h. 105): dijo Rabi Iojanan: De estas bendiciones podemos aprender lo que tenía en su corazón este malvado.

Señala Rabi Aba bar Kahana: todas las berajot (bendiciones) que dijo se transformaron en kelalot (maldiciones), menos la siguiente beraja en la que los bendecía diciendo: «Ma tobu hoaleja yaakob mishkenoteja Israel…» (24-5)- Que dignas son tus tiendas Iaacob, tus moradas Israel Explica Rashi: Bilham alabó al pueblo de Israel por la belleza de sus batei midrashot (casas de estudio) y batei knesiot (Templos).
Pregunta el Maharal: ¿Por qué solo esta bendición no se transformo en maldición?

El mismo nos responde: Por cuanto que las demás bendiciones no estaban relacionadas básicamente con el pueblo de Israel, sin embargo los Batei Knesiot y Batei Midrashot son parte misma de la esencia de am Israel.
Por el merito de haber conservado siempre los templos y las casas de estudio, la Tora y la Tefilá que habita en ellos, protegieron a am Israel durante todo este tiempo, salvándolos de todos aquellos que quisieron destruirlos.
Es allí donde los Iehudim encontramos la fuerza espiritual que necesitamos para enfrentar todas las adversidades que existen en el mundo.

¡Cuánto debemos cuidar y valorar estos lugares de tanta santidad! ¡Basta con saber que nos encontramos en el Palacio Real! A nadie se le ocurriría hablar por celular en presencia del Rey… Seguramente nos comportaríamos con respeto y reverencia…
Cuanto más si nos encontramos en la casa del Rey del Mundo…

Debemos tomar ejemplo de los grandes Tzadikim de cada generación, quienes llegaron a alcanzar tan altos niveles de espiritualidad no desperdiciando ni por un segundo la oportunidad de estar conectados a través de su Tefilá, consientes de estar comunicados por línea directa con El Creador de Todo, sabiendo que su voz llega directamente al Shamaim

En relación a esto nos cuenta el Rab Bertler uno de los alumnos más destacados del Jason ish (Rab Abraham Ishaia Karelitz):
Rezaba yo en el minian del Jazon Ish
En uno de esos días llegó al templo un hombre con una pregunta de vital importancia pidiendo ser atendido por el Rab con urgencia.
En ese momento El Jazon Ish se encontraba parado rezando La Amida, (Rezo que se debe hacer con gran concentración y sin interrupciones, salvo caso de fuerza mayor). Todos entendieron que debían interrumpirlo ya que, como sabemos, en un caso como este, esta permitido cortar la tefilá.

Los allí presentes dirigieron sus miradas al Gaon Rabi Shmerel Greinman zz»l, para que fuera él quien se acercara al Jazon Ish y llamara su atención.
El Rab Shmerel se acerco al gaon y con suavidad palmeo su hombro, pero el Jazon Ish siguió rezando sin percatarse.
El Rab Shmerel insistió, y comenzó a palmearlo con mayor fuerza, pero el Jazon Ish no reaccionaba, por el contrario seguía rezando con mucha concentración. Estaba tan inmerso en su tefilá, que parecía como si se hubiera transportado a otro mundo.
Finalmente, al Rab no le quedo más remedio que alzarlo, para hacerlo reaccionar.
Solo cuando así lo hizo se «despertó», pero aun así debieron esperar a que volviera en si completamente para poder formularle la pregunta.

A este grado de concentración debemos aspirar cuando hacemos tefilá. Si bien es poco probable que alcancemos la elevada categoría de estos gueonim de Israel, nadie sabe hasta donde puede llegar con su esfuerzo, para ello nos ayudará pensar frente a quien estamos parados, y tomar conciencia que nuestra vida está en sus manos, para volcar nuestro corazón en la tefilá, valorando cada minuto que tenemos la oportunidad de estar en contacto con Hashem…

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