Estudiando
1.Bamidbar
El Libro de Bamidbar (Números)
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Maor Hashabat: Cuál es tu Meta?

Editado por Maor Hashabat, de la comunidad Ahabat Ajim, Lanus, Argentina. Editor responsable:Eliahu Saiegh

Seú et Rosh Kol Adat Bené Israel
Contad la cabeza de todos los hijos de la Asamblea de Israel (Bamidbar 1-2)

En la tierra de Israel, en la ciudad de Rejazim, vive un abrej llamado Rab Elazar Sharabi.
En la época de la guerra de Gaza, por motivos personales, debió viajar a Bene Berak. Estando allí, cuando fue a un Bet Hakneset para el rezo de Arbit, le tocó ser espectador de una experiencia conmovedora, lo que vieron sus ojos, y escucharon sus oídos ese día, no lo olvidará nunca en su vida.

Estaba sentado en un banco haciendo Tefilá, nos cuenta Rab Sharabi, y a mi lado había un judío de aspecto importante, se veía en su cara que era un estudioso de Torá, y un gran Tzadik (Justo). Me sentía satisfecho de estar haciendo Tefilá al lado de una persona de tanta categoría, pero todavía no tenía idea de lo que estaba por presenciar.

En medio de la Amidá, continúa contando el Rab, escuché como este Iehudí, parado a mi lado, se deshacía en llanto y derramaba sus lágrimas como torrentes.
Cada bendición con su llanto… Jonenu Meiteja Jojmá, Biná Vadaat (Otórganos de Ti mismo Sabiduría, Entendimiento y Conocimiento)
Ashibenu, Abinu LeTorateja, (Haznos regresar Padre nuestro a tu Torá).
Refaenu Hashem Venerafé, (Cúranos oh Eterno, y seremos curados), y así sucesivamente…

Cuando llegó a Modim (Agradecemos)…, su sollozo se hizo estremecedor, y cuando dijo: Al Jaienu Amesurim Be Iadeja Ve Anishmotenu Apekudot Laj, casi me disuelvo yo mismo al escuchar sus gemidos.
Cuando llegó al final de la Tefilá (Elokai Netzor), continuó su diálogo con Hashem, agradeciéndole por todo lo que hizo, hace y hará por él.

Todo el tiempo estuve parado junto a él, tembloroso y conmovido, escuchando como un Talmid Jajam de una categoría tan alta, conversaba con Hashem, y le abría su corazón volcando todos sus sentimientos frente al Creador, haciendo una reseña de las distintas etapas de su vida, y agradeciéndole por todas sus bondades para con él.

Pero esto no terminó aquí… El Rab alargaba y alargaba…, y yo a su lado. Mirando a mí alrededor noté que la mayor parte de la gente había abandonado el Bet Hakneset, solo el Rab, otro Iehudí y yo quedábamos allí.

De pronto, escucho estas palabras, de la boca del Talmid Jajam, dirigiéndose a Hakadosh Baruj Hu:
«Ribonó Shel Olam! No puedo tolerar los sufrimientos de tus queridos hijos, que aumentan día a día. Ya no puedo más! Yo te manifiesto que entrego mi alma por el pueblo de Israel. Te pido que la lleves como expiación por ellos, y rescates a tu pueblo de todos sus sufrimientos»

Esta frase terminó de deshacerme, cuenta el Rab, no cabía en mí de tanta emoción, pero no podía hacer nada porque estaba parado a su lado, y debía quedarme allí hasta que terminara la Tefilá.

Finalmente, concluyó con su Tefilá, dio los tres pasos, y ni siquiera advirtió que yo estaba a su lado, dijo el Aleinu Leshabeaj, y se retiró.
En ese momento, lo único que me importaba era saber quien era ese judío que acababa de entregarle ese mensaje a Hashem, pidiéndole que lo lleve como expiación, por sus hermanos, el pueblo de Israel.

Me dirigí a la persona que había quedado con nosotros en el Bet Hakneset, y le pregunté el nombre del Rabino que acababa de abandonar el lugar. Me contestó que su nombre era Rabí Tzvi Kaplan, nieto del Mashguiaj de Mir, Rabí Ierujam, quien hace muchos años es Rosh Kolel en Tel Aviv.
Su nombre no me aportó mucho, puesto que no lo conocía, pero a partir de ese momento, se grabó en mi memoria.

Después de esto, Rab Sharabi volvió a Rejazim seguro que de esta Tefilá no se olvidaría en su vida.
Pasaron unos días, y al volver de la Tefilá de Shajrit, comenzó a hojear el diario. Un aviso de importante tamaño llamó su atención… tuvo que sostenerse de la mesa con ambas manos para no caer desmayado… se comunicaba, con mucho dolor, la desaparición de esa gran persona el Gaon Tzvi Kaplan ZZ»L
Inmediatamente comprendió que el pedido de Rab Tzvi había sido aceptado en los Cielos y el Tzadik había sido llevado al otro mundo como expiación del pueblo de Israel.

En esta Perashá, al comienzo del libro de Bamidbar, nos tropezamos inmediatamente, en sus primeras estrofas, con un tema que necesita explicación: la cuenta de los hijos de Israel.
Sabemos que la Torá es eterna, para toda persona y para todas las generaciones.

También sabemos que cada cosa que nos cuenta, encierra una enseñanza para la vida, como aprendemos, por ejemplo, en la Perashat Koraj, de lo perjudicial de la discusión.
Pero el censo de Israel… es algo realmente pasajero, hoy se cuentan determinada cantidad de almas, y mañana los números cambian. Para qué tuvo Hashem que dejar grabado este tema en nuestra Torá Santa, y legarlo a todas las generaciones?

No es esto sino porque también en el tema de la cuenta hay una profunda enseñanza para cada uno de nosotros y para toda nuestra descendencia: Cada persona es importante, y tiene una función que cumplir. Cada uno ocupa un lugar único e irremplazable, y recibió directamente de Hakadosh Baruj Hu, las herramientas necesarias, que sembró en la personalidad de toda persona, para cumplir con su función

Está en cada uno decidir como aplicarlas, si distraídamente, o como este Tzadik, que recibió el atributo de la misericordia, y utilizó esta herramienta al máximo de su capacidad.

Todos tenemos en nuestras manos una herramienta que debemos modelar y pulir, pero el secreto para lograr el brillo superior es utilizarla para lo que nos fue entregada, sin desviarnos de nuestra misión.

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