Estudiando
3.Lej Lejá
El Libro De Bereshit (Génesis)
+100%-

Maor Hashabat:: Casamentero por un Error

Editado por Maor Hashabat, de la comunidad Ahabat Ajim, Lanus, Argentina. Editor responsable:Eliahu Saiegh

Hace unos días, se formalizó el compromiso de una pareja, en Bene Berak, Israel. El comentario de todos los asistentes coincidía en señalar que, tanto los flamantes novios como sus respectivas familias, parecían haber sido creados unos para los otros.
Era tal la similitud entre ambas familias que, uno de los invitados, se acercó al padre del novio y le pidió que le contara quien había sido el «casamentero» que había intervenido en la presentación.

– Es notorio que se trata de un experto en estos temas. Yo también tengo un hijo en edad de casarse, ¿serías tan amable de darme su nombre y su número de teléfono?, le dijo.
Gustoso, el padre del novio le dio el nombre de Fulano, que vive en la ciudad de Tzfat.
Su invitado se asombró ante la respuesta: «Yo estoy inmerso en este tema, desde hace un tiempo, y no conozco a ningún casamentero de ese nombre de Tzfat»

El anfitrión se sonrió y le pidió que le prestara atención, que le contaría la historia de cómo se había formado esta pareja.
-Es cierto que no se trata de un profesional dedicado a esto, pero después que te cuente, entenderás porqué, él fue el promotor de la alegría que compartimos hoy…

Todo comenzó con una cabaña, alquilada por el padre del novio, para pasar allí unos días de vacaciones junto a su familia.
Cuando escuchó del dueño de la casa, que se trataba de una cabaña amplia y muy aireada, con vista a las montañas de Tzfat, cerró trato con él, para ocuparla durante una semana.

La familia, esperaba ansiosa el día que partirían hacia Tzfat, especialmente después de escuchar del padre todas las bondades que le había descrito el dueño de la cabaña, en la cual, gozarían de unas verdaderas vacaciones, en las que podrían descansar a gusto, especialmente la mamá, que trabajaba arduamente todo el año.

Llegado el momento, el papá alquiló una camioneta, cargaron sobre ella todo el equipaje y emprendieron viaje hacia el norte.
Al llegar a la casa, el ánimo de la familia, que se encendía más y más, a medida que avanzaba el viaje y se acercaban al destino, cayó de repente, como si un chaparrón hubiera caído sobre ellos.

La cabaña había sido ocupada por otra familia, que esa misma mañana había llegado procedente de Ierushalaim.
Se dirigieron a la casa del dueño, que vivía a unos metros, quien salió inmediatamente a su encuentro, con la cabeza entre sus manos, visiblemente consternado: «¡¿Qué hice!?» «¡Qué terrible error cometí!»

¿Qué había sucedido? Había olvidado su arreglo con la familia de Bene Berak, y alquilado la cabaña a la familia de Ierushalaim. Recién cuando llegaron los primeros, se dio cuenta del error, y no sabía como solucionarlo. Si estos lo demandaban, y estaban en su derecho, seguramente hubieran ganado, ya que habían sido los primeros en contratar el alquiler.

Pero el papá de la familia decidió que, si Hashem hizo que fuera alquilada a otra familia, seguramente era para bien, y no era conveniente pelear por ello.
Se dirigió a sus hijos, en cuyos rostros se dibujaba la desilusión, y les explicó su decisión, remarcando que si esa era la decisión del Creador, seguramente era para bien, ya que todo lo que él manda es para bien.

Subieron nuevamente a la camioneta, y le pidió al chofer que los llevara de regreso a su casa, en dos horas estarían allí.
Durante el trayecto, no dejó de hablar y reforzar a su familia en la fe y la confianza que se debe tener en Hashem.

Llegaron a Bene Berak justo en el horario de Minjá. El hijo mayor, se apuró para llegar al Bet Hakneset a tiempo para la Tefilá.
Con el corazón todavía oprimido por lo ocurrido, su plegaria estuvo cargada de emoción.

Había allí un viajante, que se encontraba de paso en la ciudad, por un trámite, y había entrado en el Bet Hakneset para el rezo de Minjá, al cual le llamó la atención la devoción del muchacho y la elevación espiritual que transmitía.

Terminadas las oraciones, se acercó a una persona y le pidió el nombre del joven y el de su padre. Todas las averiguaciones que hizo, con respecto a esta familia, la mostraban compatible con la suya, justamente ahora, que estaba buscando un novio para su hija, en edad de casarse.

Resumiendo, este señor, que era muy práctico, rápidamente encontró quien los relacionara, y después que los jóvenes se conocieron y estuvieron de acuerdo, llegamos al compromiso del hijo mayor de la familia que se vio obligada a volver de las cabañas de Tzfat y la hija del viajante, que justamente ese día pasaba por Bene Berak.

– Seguramente, habrás comprendido que el hombre de Tzfat, ciertamente, no es un casamentero, sino el dueño de la cabaña, que desencadenó toda esta historia.
Si él no hubiera cometido ningún error, seguramente, la familia de Bene Berak, hubiera pasado unas lindas vacaciones en Tzfat, como estaba programado, y el padre de la novia, no hubiese encontrado al novio…
Y si el padre del novio, se hubiera encaprichado, seguramente alguna ganancia hubiera obtenido, pero pareja para su hijo, quien sabe…

Solamente Hashem, frente a quien están al descubierto todos los misterios, sabía que esta pareja debía encontrarse y casarse. Para eso Hizo que los acontecimientos se sucedieran de tal forma, poniendo a prueba a la familia, yendo a Tzfat y encontrando «su» cabaña de vacaciones ocupada por otra familia, volviendo luego a Bene Berak, con resignación, y una vez todo resuelto, apareció el viajante, que puso sus ojos sobre el joven, en el que vio al adecuado para que sea su yerno.

¿Acaso puede el cerebro humano imaginar siquiera todas esas vueltas? No nos queda más que creer que sólo Hashem maneja nuestras vidas, y todo lo que ocurre es para nuestro bien, aunque momentáneamente no lo veamos, debemos saber que es así.
En este caso, se pudo ver cuál era el beneficio, pero cuando así no sucede, debemos creer que tarde o temprano será descubierto ante nuestros ojos.

Cuenta un Rab que, en una oportunidad, mientras caminaba por la calle, se acercó a él un anciano que le dijo:
«Tengo una pregunta para hacerte».
«En ese momento imploré a D-os para que pusiera en mi boca la respuesta correcta», cuenta el Rab.

«Hay un Pasuk que dice que «todo lo que hace Hashem, es bueno siempre», ¿cómo explicas, según esto que la cantidad de ricos, en el mundo, sea mínima. Si Hashem se apiadara realmente de sus criaturas, y deseara beneficiarlas, por qué no se ven en el mundo más ricos, que además podrían servir mejor a D-os, sin problemas de sustento».

Justamente, un tiempo antes había leído la respuesta a la misma pregunta en el libro Jobat Halebabot, el cual dice que, si Hashem hubiera hecho esto, no existiría el mundo, dado que los ricos no estarían dispuestos a ocuparse de muchas de las tareas que el mundo necesita para seguir funcionando.

Imaginemos si toda la humanidad fuera rica, ¿quién sería el zapatero? Más aún, ¿quién trabajaría en una curtiembre, o quién recolectaría la basura?
Por este motivo D-os dispuso que fuera de esta forma, para que haya quien se ocupe de cada una de las tareas necesarias para la supervivencia del mundo.
Vemos aquí, nuevamente, la supervisión personalizada, que acomoda todos los acontecimientos, para bien, aunque la persona no lo vea así, en un primer momento.

Deje su comentario

Su email no se publica. Campos requeridos *

Top