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Maor Hashabat: Bienvenidos a nuestro hogar

Editado por Maor Hashabat, de la comunidad Ahabat Ajim, Lanus, Argentina. Editor responsable:Eliahu Saiegh

«UBANIM LO HAIU LO» (23-3)- e hijos no poseía

Está escrito en el Midrash tanjuma: existen 613 preceptos y cada cual posee su propio pago, y da como ejemplo la Mitzvá de respetar al padre y a la madre, que tiene como retribución una larga vida.

Así mismo hay determinadas mitzvot cuya recompensa es tener hijos, como vemos en nuestra Historia acerca de Sara Imenu, quien era estéril, y por el mérito de haber recibido como invitados a los malajim, Hashem la premió con un hijo.

Otro ejemplo ampliamente comentado es el caso de Shulamit, quien tuvo como invitado a Elishá en su hogar y fue meritoria de ser madre.

En relación a esto contaremos una impresionante historia:
Existe una clínica en Eretz Israel a la cual concurren gran cantidad de pacientes con distintas patologías.
Como es habitual, los parientes del enfermo se quedan en el lugar siguiendo la evolución de su ser querido, teniendo en ocasiones que atravesar allí Shabatot y días festivos.

Por cuanto esta clínica se encuentra lejos del centro, a quienes no tenían donde ir se les hacía más difícil la situación.
Conciente de esto, una de las personas más importantes de esa ciudad decidió hacerse cargo de encontrar una solución.
Para esto, fundó una organización que se encargaría de proveer a los parientes de los internados un lugar donde celebrar los días sagrados.

En determinado momento, la organización ya no daba abasto a causa de la gran cantidad de gente que acudía a ellos.
Ante tanta demanda, y siendo de primordial importancia la presencia familiar para la evolución positiva de sus pacientes, los directivos de la clínica donaron una construcción para que fuera usada para este fin.

Este empresario arregló la construcción e invirtió en ella más de 100.000 dólares, construyendo un pequeño pero muy lujoso hotel gratuito. Hoy en día este lugar contiene decenas de habitaciones para albergar a quienes lo necesiten.

Cuando comenzó a aumentar el movimiento, fue necesario convocar a nuevas parejas para que ayuden a acomodar las mesas, servir la comida… sintetizando: para cumplir con la gran Mitzvá de atender a estos «invitados» y cubrir todas sus necesidades.
Parecía muy difícil conseguir parejas dispuestas a ayudar gratuitamente, por cuanto que no resultaba fácil abandonar la casa y la familia para cumplir con esta Mitzva.
Sin embargo, se acercaron muchos voluntarios.

Una de las tantas parejas que acudió, no había tenido la dicha de tener hijos, y luego de cumplir con esta gran Mitzva, fue bendecida con la llegada de un niño.
En ese momento nadie podía afirmar que así era, pero lo cierto es, que cada joven pareja que se acercaba para colaborar con la institución, tenía un hijo.

Pronto comenzó a correr la voz, y comenzaron a llegar de todas partes, matrimonios de diferentes edades, ansiosos por participar en el proyecto, y ser también ellos bendecidos con este milagro, al punto de superar la capacidad de voluntarios que se podían tomar.
Asombrados, los organizadores fueron a contarle al Admur de Gur los milagros de los que habían sido testigos, y éste les contestó:
Así dice el Midrash: la persona que cumple con la Mitzva de Ajnasat Orjim (agasajar a los invitados) tiene el merito de tener hijos.

De este Maasé podemos tomar un impresionante musar (enseñanza): Algunas personas se esfuerzan recorriendo el mundo de una punta a la otra en busca de solución a sus problemas, cuando esta en realidad, se encuentra a su alcance, con el simple cumplimiento de una Mitzvá, como por ejemplo, a la que hacemos referencia en este caso, para la que alcanza con pararse en la puerta de nuestra casa y recibir invitados…

Cuentan acerca de una pareja de Iehudim que vivía fuera de Eretz Israel, quienes luego de muchos años de casados seguían sin tener hijos.
Luego de veinte años de matrimonio, decidieron viajar a Israel con la esperanza de que cambiara su suerte, basándose en lo dicho por Rashi en Jumash, Bereshit 17/3: la tierra de Israel es una segulá (buen augurio) para tener hijos.

Habían transcurrido tres años, desde su llegada a Israel, cuando el marido, a quien llamaremos Reuben, se encontró con su mejor amigo, Shimón, que había llegado hasta allí por un tema de negocios.
Conociendo el motivo que había traído a Reuben a este lugar, le preguntó como le estaba yendo con el tema ese, a lo que su amigo le contestó que todavía estaban esperando la salvación.
Shimón, que era realmente su mejor amigo, sentía un gran dolor por su largo sufrimiento, por lo que intentó hacerlo desistir de sus ilusiones, dándole a entender que esto era una fantasía.
Intentó consolarlo diciéndole que no a todos les daba resultado… que planearan su futuro sabiendo que no tendrían hijos… no todas las personas tienen la suerte de tener hijos.

Terminado el compromiso que había llevado a Shimon a Israel, volvió a su hogar y le contó a su esposa sobre su charla con Reuben.
Enojada, ella le dijo: ¿Qué te metes? ¿Para que tenias que decirle eso?
-Porque yo soy su mejor amigo. Y el debe ser realista y aceptar la situación en la que esta y aprender a vivir con eso.
¿Por qué lo hiciste? ¿Vos que sabés? A lo mejor sí va a tener hijos…

Shimon para reforzar su pensamiento, y para demostrar su convicción, le contestó: –Si ellos llegaran a tener hijos, yo cierro mis negocios acá, y me voy a Israel para ser un abrej, y dedicarme todo el día al estudio de la Torá.
Así concluyo la charla.

Como no conocemos los caminos de Hashem…
Finalmente después de 25 años de casados, Reuben y su esposa tuvieron mellizos, un niño y una niña.
Que alegría inmensa… no paraban de agradecer a Boré Olam.
Obviamente el primero en conocer la noticia fue su mejor amigo Shimón, quien compartió la inmensa felicidad de esta familia, mientras que para sus adentros pensaba como haría con la promesa que había hecho. ¿Cómo podría arreglarlo?

Como no sabia que hacer, viajó a Israel para preguntarle a Rab Jaim Kanievsky, a quien le contó toda la historia, explicándole los motivos que le impedían cumplir con su promesa, ¿Cómo iba a cerrar sus negocios e irse de su país así como así? Tenía montones de argumentos que le impedían cumplir con su palabra. Lo que dijo había sido solo un chiste…
El Rab le contestó que tenía que cumplir con su promesa.

Shimón, insistió y siguió preguntado que opciones tenia, por ejemplo podría nombrar a alguien que estudie en su lugar, o quizás pagar a un abrej que estudie por él, y que de esta forma sea como si él mismo estuviera estudiando…
Le contestó el Rab Kanievsky: Quien sabe si ellos pudieron tener hijos por la promesa que hiciste… Frente a un milagro como este no podes mandar un sheliaj (enviado), sino que tenés que ser vos mismo quien lo haga.
Así fue como Shimón cerró su negocio, se trasladó a Eretz Israel, y hoy en día es un abrej que se dedica todo el día al estudio de la Torá.

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