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Lulav, Torá y sabor

Adaptado de las obras del Rebe de Lubavitch, por Rabí Alter Ben Zion Metzger

Uno de los más importantes aspectos de Rosh HaShaná y Iom Kipur es que constituyen una fuerza unificadora de todas las almas judías. Durante estas fiestas, los judíos sirven a Di-s con el aspecto interior del alma. Dentro del plano de esta dimensión elemental espiritual interior, todos los judíos son iguales unos a otros.
Luego, esta unidad de todo el pueblo judío se manifiesta abiertamente en Sucot y se ve reflejada en el comentario del Midrash que dice que las “cuatro especies” el etrog (un fruto de los cítricos), el lulav (una rama de palmera datilera), el hadás (mirto) y la aravá (sauce) usados ritualmente por los judíos durante Sucot, son alusivos de cuatro diferentes tipos de judíos.

El etrog, una fruta cítrica, al poseer sabor y aroma, se compara al judío que posee “sabor” Torá , y “aroma” mitzvot y actos virtuosos . El sabor es equiparado al conocimiento intelectual de la Torá porque éste requiere de gustosa comprensión y maestría, resultando gratificantes para el erudito laborioso. El más sutil sentido del “olfato” se compara a las mitzvot, el cumplimiento de los mandatos de Di-s, pues el énfasis primario al cumplir mitzvot no está puesto en su comprensión racional sino en la obediencia a Di-s.

El lulav, o rama de palmera datilera, se compara a otra clase de judíos. Tal como el árbol de dátiles tiene sabor pero no perfume, del mismo modo entre los integrantes del pueblo judío se puede encontrar a quien posee conocimientos de la Torá pero carece del perfume los buenos actos.
Perfume sin sabor son las cualidades del mirto hadás. Los individuos que tienen actos virtuosos pero están desprovistos de Torá se comparan al hadás.
Los otros judíos, deficientes tanto en Torá como en actos virtuosos, se comparan al sauce, la aravá, que no tiene ni sabor ni perfume.
“Y Di-s declaró”, concluye el Midrash, “que sean todos atados juntos, en un manojo, y que expíen, o enmienden, uno por el otro”.
La más superior de las “cuatro especies”, como lo indica el mismo Midrash, es el etrog, al poseer ambas cualidades de sabor y aroma, representando a los judíos que poseen tanto Torá como mitzvot.

Esto sugiere una pregunta: La bendición que se recita sobre las Cuatro Especies menciona únicamente al lulav, y no al etrog. ¿Por qué habría de superar el lulav, que sólo tiene sabor, al etrog que tiene tanto sabor como perfume?
Dado que “sabor” representa el estudio de la Torá, y “aroma” es equivalente al cumplimiento de mitzvot, la observación del efecto místico de ambas esferas del quehacer judío nos permitirá responder este interrogante.
La explicación de la diferencia, en el plano místico, entre la Torá y las mitzvot (los mandamientos), es la siguiente: Las mitzvot se describen en el Zohar como “los órganos del Rey (Di-s)”, mientras que sobre la Torá se declara: “La Torá y Di-s son totalmente uno”. La diferencia entre una definición y la otra es que aunque los órganos están subordinados al alma de modo que cumplan naturalmente sus deseos, no constituyen el alma misma. Similarmente, el cumplimiento de mitzvot por parte del judío indica y expresa su sumisión a una voluntad superior. No obstante, mientras el hombre ejecuta la mitzvá, retiene su propia identidad independiente, y no llega, para decirlo de alguna manera, a estar totalmente fusionado en la unidad de Di-s. El es un judío haciendo una mitzvá. Pero en el estudio de Torá que comprometen la comprensión y el entendimiento, la mente del judío capta, como si fuera, “la sabiduría de Di-s”, al grado de que el intelecto de ese hombre pasa a convertirse en un intelecto de Torá, estando así unido totalmente a la sabiduría de Di-s, y “Di-s y Su sabiduría son uno”.

La cualidad superior del estudio de la Torá frente al cumplimiento de mitzvot es el carácter de la unidad con Di-s que se obtiene; por lo tanto, cuanto mayor es el alcance de la ansiedad de un judío por estudiar y comprender la Torá, mayor será la unidad con Di-s que logrará. Por esta razón, una persona totalmente dedicada al estudio de la Torá, con la exclusión de cualquier otro interés, no importa cuán noble, es descripto como un lulav que “posee sólo Torá y no acciones virtuosas”.
Necesariamente debemos explicar qué significa la supuesta carencia de “actos virtuosos”, pues obviamente se trata de un individuo que también cumple mitzvot y realiza actos virtuosos. Pues si no fuera así, y su ocupación en la procura de Torá fuera con la exclusión de esforzarse en el cumplimiento de actos virtuosos, este hombre pasaría a la categoría de “uno que declara que posee nada más que Torá” del cual la Mishná expresa enfáticamente que “hasta de Torá carece”. Pues es evidente que los buenos actos son el significado de la Torá.

La personalidad al estilo del lulav, entonces, es la de quien observa también las mitzvot y realiza actos virtuosos, pero estos son sólo en la medida de sus deberes personales. Fuera de ello, toda su energía y tiempo disponible está dedicado al estudio de la Torá, cosa que constituye su preocupación e interés primarios.
La persona descripta como “etrog” está abocada principalmente a esfuerzos adicionales al del estudio de la Torá. No obstante el hecho de que estas acciones son el cumplimiento de la voluntad de Di-s, este hombre se vincula y unifica con Di-s mediante las mitzvot que son sólo “los órganos del Rey”, de un rango menor al de la unidad con Di-s obtenida mediante el estudio asiduo de la Torá.

A ello se debe que en el recitado de la bendición sobre la mitzvá de tomar las “cuatro especies” se destaque al lulav, dado que ejemplifica el potencial de la unión total del judío con Di-s logrado con el estudio totalmente dedicado de la Torá.
En lo que concierne a nuestra propia conducta personal, podemos ver que la Torá debe estudiarse al estilo de lulav: cuando uno estudia Torá debe comprometerse totalmente a su estudio sin dejarse distraer en absoluto por ninguna otra cuestión. Esto es válido no solamente para los estudiantes de una Ieshivá o para eruditos de toda la vida cuya preocupación está puesta por completo en el estudio de la Torá, sino, como se dijera arriba, que cada una de las “cuatro especies” ha de combinarse en una entidad integrada totalmente nueva. Habrán de integrarse a tal grado que cada especie individual posea ahora no sólo su propia cualidad única, sino, además, la cualidad superior de las otras especies de judíos. Aquellos judíos que están en la categoría de aravá, “ramas de sauce”, desprovistos de sabor y aroma, pueden impulsarse a sí mismos al grado de estar, en ciertas ocasiones al menos, también en el plano de “lulav” estudiando Torá de un modo de unidad total con Di-s.

Ya sea si son 5 minutos por semana o 10 horas al día, se trate de un adulto o un niño, una persona versada o ignorante, esta experiencia es posible mediante el estudio de la Torá. Para nuestros niños y jóvenes en particular, se trata de una experiencia esencial para su identidad judía.
Así, también en la observancia de sus mitzvot se notará un progreso sustancial, hasta ejercer finalmente su influencia en los aspectos cotidianos mundanos de la vida del individuo de modo que también ellos se vean caracterizados por el principio (Proverbios 3:6) “Conócelo (a Di-s) en todos tus caminos” la conciencia de Divinidad en cada una de las actividades diarias.

(extraído de Jabad Magazine, www.jabad.org.ar).
(Gentileza grafico: http://www.glasspainter.com)

 

Rabí Alter Ben Zion Metzger

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