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Los zapatos del Shamash

Un Rab contaba con un Shamash (empleado) no muy virtuoso, además de extremadamente pobre. El Admur vio que su indigente Shamash caminaba con los zapatos casi totalmente rotos, y se apiadó de él. ¿Qué podía hacer? El mismo Rab también estaba pasando por graves apremios económicos. Se le ocurrió pedirle a sus Jasidim un poco de dinero a cada uno, y así reunió una pequeña suma para que el Shamash pudiera comprar zapatos nuevos. Dejó el dinero sobre la mesa y salió un rato de su casa. En ese instante entró el Shamash y, pensando que su patrón no se daría cuenta, tomó el dinero y se lo llevó.

El Rab regresó y vio que el dinero había desaparecido. Luego de diversas averiguaciones, supo que fue el Shamash quien lo había robado. Lo mandó a llamar y le dijo:
“¡Qué lástima! Si hubieses tenido un poco más de paciencia, te habrías llevado el dinero de manera lícita, pues para nadie era, más que para ti. En cambio, ahora que lo tomaste indebidamente, perdiste no sólo lo que estaba destinado para ti, sino también tu trabajo. ¡Con lo que hiciste ya no puedo tenerte confianza!”.

El mensaje que podemos obtener de este relato es que así puede sucedernos en la vía diaria: “La persona comete pecados porque no tiene paciencia, y piensa que mediante la persecución tras sus deseos es la única manera de obtener lo que necesita para ser feliz. En cambio, con un poco más de fe y esperanza le llegará lo que desea por parte de Hashem de manera permitida”.

Los que se dejan llevar ciegamente por sus instintos y caen en la transgresión, se quedan sin ninguno de los dos mundos: Ni el terrenal ni el Venidero.

Sheal Abija Veiaguedja

(Gentileza Revista semanal Or Torah, Suscribirse en: ortorah@ciudad.com.ar )

1 comentario
  1. Moisés Lopez Onofre

    Soy un desastre, pero. Todavía tengo Otra oportunidad gracias

    21/07/2016 a las 23:24

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