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Los siete mandamientos noajicos

Garantizando moralidad

El 25 de Agosto de 1986, el General Israel Drazin del Ejército de los Estados Unidos estuvo entre los millares que asistieron al farbrenguen (encuentro jasídico) del último Rebe de Lubavitch en honor al iohrtzait (aniversario) de su padre el 20 de Av. El evento fue televisado al mundo entero. Durante su alocución, el Rebe habló acerca de la responsabilidad del judío de diseminar la observancia de los siete Bíblicos “Mandamientos Noájicos” por parte de no judíos. Entre los segmentos de su charla, el Rebe llamó al General Drazin y habló con él en privado, pidiéndole que hiciera uso de su posición como Jefe Auxiliar de Capellanes del Ejército con este fin.
El siguiente es el texto del discurso que el General ha ofrecido desde entonces en docenas de ocasiones a miles de personas, mayormente integrantes del clero no judío:

En la primavera de 1986, el Presidente Ronald Reagan emitió una proclama alentando a todos los norteamericanos a observar los Siete Mandamientos Noájicos.
¿Qué son estas leyes?
La Biblia nos cuenta que la generación de Noaj violó los mandamientos de Di-s. Estas normas eran conocidas por tradición oral durante generaciones. Fueron registradas luego, alrededor del año 200 de la Era Común, en una obra llamada Tosefta y repetida en el siglo XII en el Código de Moshé Maimónides en un orden retocado.
La Tosefta los enumera de la siguiente manera:
(1) El establecimiento de tribunales,
(2) la prohibición de blasfemia,
(3) idolatría,
(4) inmoralidad sexual,
(5) derramamiento de sangre,
(6) robo, y
(7) comer una extremidad arrancada de un animal vivo.
El Código de Maimónides ordena los preceptos de manera diferente:
(1) Prohibiciones de idolatría,
(2) blasfemia,
(3) derramamiento de sangre,
(4) inmoralidad sexual,
(5) robo,
(6) el establecimiento tribunales, y
(7) la norma que prohíbe comer de una extremidad arrancada a un animal vivo.
Me parece que la Tosefta enumera los mandamientos antropocéntricamente, en un orden orientado a la gente; y que Maimónides los presenta teocéntricamente, como valores progresivamente orientados a Di-s. El primero centra la mira en la humanidad y hace posible que la gente pueda sobrevivir. El segundo tiene una imagen telescópica: reconoce que los humanos tienen la necesidad de sentir lo Divino y mejorar.

Maimónides prohíbe la idolatría primero. Esta norma nos enseña que no deberíamos usar siquiera símbolos religiosos sin tratar de comprender su propósito Divino. Nos enseña que debemos centrarnos en Di-s como el propósito y meta de cada pensamiento y acción. Precisamos entrenarnos para temer, comprender y amar a Di-s, en ese orden. Debemos comprender que dado que cada humano es creado a imagen de Di-s con una chispa Divina, tenemos el deber de temer, comprender y amar a todos. De nosotros se requiere que unamos a la gente y combinemos sus chispas Divinas en una llamarada que emite calidez y luz a todos.

Rabí Shneur Zalman, el primer Rebe de Jabad, demostró la importancia de esta enseñanza en forma cotidiana. Una vez, por ejemplo, cuando ocupaba un apartamento encima de su hijo y nieto infante, oyó al nieto llorando. Abandonó sus estudios y descendió al apartamento de su hijo donde vio al niño en un rincón y al padre del niño en otro, absorto en el estudio de la Torá. El Rebe levantó y apaciguó al niño, y dijo a su hijo: “Todo nuestro estudio no tiene utilidad mientras no oímos los llantos de un niño”. Su hijo captó el concepto de su padre. Me gusta pensar que fue esta comprensión lo que hizo posible que su hijo llegara a ser el segundo Lubavitcher Rebe.

El segundo mandamiento prohíbe la blasfemia. Maldecir a Di-s es una negación radical de lo Divino. Es una afección ciega que rechaza la importancia de Di-s. En un sentido positivo, este mandamiento nos orienta a que nos desempeñemos de maneras que realzan la existencia e importancia de Di-s para otros.
El Talmud nos cuenta que Shimón ben Shetaj vivió una vida tal. Una vez, envió a sus discípulos a comprar una silla de montar. Ellos volvieron alborozados. Habían encontrado un diamante en la silla. Alabaron a su maestro como siendo bendecido por Di s porque, bajo una estricta lectura legal, el vendedor, habiendo concretado la venta, había vendido ambos, la silla y su contenido. Pero Shimón ben Shetaj solicitó a sus alumnos que devolvieran el diamante. Cuando el vendedor recobró la joya, exclamó: “¡Bendito es el Di s de Shimón ben Shetaj!”
El comportamiento de Shimón ben Shetaj es mejor que cualquier sermón. Impulsa la alabanza a Di s y, más importante, una toma de conciencia de que los caminos de Di s son beneficiosos y rectos.

El tercer mandamiento prohíbe el asesinato. Las personas de orientación antropocéntrica enfatizan que esta norma minimiza la pugna y preserva a la civilización. Sin embargo, los teocéntricamente orientados reconocen que hace más. Nos pide que nunca extingamos, o siquiera estropeemos, la chispa de Di-s. No debemos osar hacer a humanos lo que no haríamos a Di-s. Hasta debemos ser cuidadosos de lo que decimos uno al otro.

El cuarto mandamiento reglamenta las relaciones sexuales. Veda el incesto, el adulterio, la homosexualidad y el bestialismo. Maimónides nos enseñó que toda la vida requiere control: hábitos de acción según el medio de oro. Este mandamiento Noájico controla la dirección equívoca del pensamiento y el comportamiento. Nos insta a aumentar al máximo la racionalidad. Motiva el fortalecimiento de vínculos de parentesco acerca de los cuales Salomón entonó en su Cantar de los Cantares.

Todos piensan que comprenden el quinto Mandamiento Noájico que prohíbe el robo. “¿No está en los Diez Mandamientos?”, preguntan. “¿Y no lo está también el homicidio?”
En verdad, Los Siete Mandamientos Noájicos se encuentran en muchas declaraciones indirectas en los capítulos iniciales de la Biblia. Estas declaraciones sugieren valores más amplios, más abarcantes, para todos. Génesis 2:16, por ejemplo, es una fuente para la prohibición Noájica de robo: “Puedes comer de todo árbol del jardín excepto del Arbol del Bien y el Mal”. Este versículo nos informa que todo pertenece a Di s. Robamos a Di s cuando tomamos cualquier cosa de alguien.

El sexto mandamiento maimonideano es el primero en la Tosefta. Antropocéntricamente, las leyes y los controles comienzan el ordenamiento de la sociedad. Teocéntricamente, sin embargo, el orden cambiado de los mandamientos imparte mucho más: La sociedad comienza con un sistema de valores reconociendo a Di-s. El requerimiento de leyes ocupa el sexto lugar en el segundo sistema y dirige el desarrollo de un programa que asegure la observancia de los otros seis mandamientos. Creo que esto también enseña que las prácticas y ceremonias religiosas se necesitan como recordatorios que nos dan dirección, hitos y metas.
Hemos visto que Moshé Maimónides hizo una presentación ordenada de reglas que preservan y mejoran la humanidad. Los Mandamientos Noájicos nos educan primero acerca de Di-s como la fuente, el fundamento y la meta de cada pensamiento y acción. El segundo induce al comportamiento que motiva a otros a loar a Di-s. El tercero nos ayuda a ver las chispas de Di-s en la gente y nos hace percatarnos de nuestras responsabilidades hacia estas chispas. El cuarto enseña restricción en el pensamiento, el habla y la acción. El quinto nos recuerda que todo pertenece a Di s y nos insta a pensar en las consecuencias de ello. El sexto establece un programa de recordatorios para conservar los valores y promover el comportamiento apropiado. ¿Por qué, entonces, es el mandamiento de Génesis 9:4: “Ciertamente carne con su sangre de vida no comeréis” el séptimo? Lógicamente, hubiera sido de esperar que la declaración final fuera el máximo principio teocéntrico.
De hecho lo es. Enseña la lección más difícil. Debemos ir más allá de relacionarnos con la chispa Divina en los humanos. El séptimo mandamiento ordena respeto por los animales y objetos inanimados, comportarse adecuadamente con todo en un siempre ascendente movimiento hacia Di-s. No podemos subir por la escalera del progreso a menos que descendamos, como lo hizo el primer Rebe, para asegurarnos que nada, absolutamente nada, sufre dolor. Debemos caminar cuidadosamente, asegurándonos que ni siquiera las piedras protestan: “Cómo osas caminar sobre mí sin observar los deseos de Di-s”.

Las leyes antropocéntricas mantienen nuestra existencia. Aseguran la paz mental y protegen el status quo. Las leyes teocéntricas hacen más. Distinguen lo deseable de lo indeseable, traen auténtica felicidad al cuerpo y al alma, y conducen a la perfección y la certeza. Las leyes humanas garantizan la seguridad, pero las leyes Divinas garantizan la inmortalidad.

No es sorprendente que el Código de Maimónides coloque las Leyes Noájicas justo antes del análisis de la Era Mesiánica. La normas Noájicas articulan el comienzo y fin de la vida. Adecuadamente entendidas y plenamente observas, son una guía hacia la Era Mesiánica. Así, el Presidente Reagan estaba en lo cierto al fomentar su observancia.
Una historia realza la meta de estos mandamientos:
Un jovenzuelo esperaba en la costa un buque que lo llevara a su hogar. Un adulto se detuvo, se burló de él, y le dijo que estaba parado en el lugar equivocado. Sugirió al muchacho que caminara tres millas hasta el sitio fijado usualmente para el ascenso de pasajeros. El jovenzuelo se mantuvo firme. Poco después, el barco vino río abajo. Se volvió hacia él, y liberó la planchada para llevarlo a bordo. El adulto miraba con sorpresa.
“¿Cómo sabías”, preguntó, “que el buque pararía para recogerte?”
“Muy simple”, contestó el muchacho. “Verás, el capitán es mi padre”.
Una vez que nos percatamos de que Di s es el padre y capitán de todos, y actuamos en consonancia, la vida recibe mayor dirección y significado, y Di-s nos llevará a casa.
Esta es la meta final de los Mandamientos Noájicos.

(extraído de la enseñanza semanal, www.jabad.org.ar).


 

1 comentario
  1. Susy

    Gracias por los mandamientos xq me sirve gracias

    19/07/2018 a las 15:32

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