Profundizando
1. Perspectiva del Amor desde la Torá
El Amor, La Mujer Judía y El Matrimonio
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Los Secretos de la Jupá

¿Qué ocurre en un casamiento?

¿Quién viene a participar de la fiesta?

En el momento del casamiento las almas de los padres de los novios (que ya fallecieron) son traídas para participar de esta alegría junto a ellos, ya que ellos son socios con D’ en la creación de sus hijos. Todos están allí, pero los novios no lo perciben (Zohar, Pinjás 119 y 120).

Hubieron grandes justos que percibieron la presencia de las almas de sus antepasados que vinieron del mundo de las almas (Nite Gabriel, Kavod Hajupá).

Además de las almas de sus padres, también llegan para participar de ese momento de  alegría todos sus ascendientes hasta la tercera generación. Esto acontece para todas las personas. Pero, dependiendo  del nivel espiritual de los novios, podrán asistir más generaciones (Kuntras Derushé Jatuná).

Por cierto, varios acostumbran a ir al cementerio para visitar las tumbas de sus antepasados e informarles del casamiento. Eso sería como una expresión de honra y cariño, como diciéndoles: “¡Los esperamos!” (Libro Sijat Jajamím, Costumbre de Israel; Shulján Ha-Ezer, comentarios, P. II, 136b, acerca del Zohar anteriormente citado). [Nota: No se puede hacer pedidos a los muertos. Consulte más detalles en el Cap. “Contacto con los muertos”, Visita a las tumbas de los Justos].

¿Quién más viene al casamiento?

Además de las almas de sus ascendientes, vienen también las almas de los hijos que esta pareja tendrá. Aunque inconscientemente, la presencia de las almas de sus futuros hijos causa una emoción inexplicable.

Varias son las razones que despiertan al novio y a la novia a llorar: la emoción por casarse, comenzar una nueva etapa en la vida, la gran felicidad que conlleva, etc. Sin embargo, la presencia de las almas de sus futuros hijos es un factor significante para llenar sus ojos de lágrimas. Aunque los ojos no lo captan, el alma percibe la presencia de sus futuros hijos. Esta impresión es transmitida de alguna forma al sentimiento. (Basado en Kedushat Halevi, Likutim, 128)

¿Dónde está mi alma gemela?

Está escrito en el Tratado de Sotá (2a): “Cuarenta días antes de la fecundación, es decretado en el mundo espiritual quién será su alma gemela. Así dicen: “La hija de Fulano para Mengano…”. Sin embargo, puede surgir una incompatibilidad entre ellos, como consecuencia del camino de vida por el cual cada uno optó”. (“El Místico”)

Está escrito en el Zohar (Vaigash 208a) que encontrar el alma gemela no es algo incondicional, depende del mérito de los cónyuges. Las almas son formadas y combinadas cada una con su par, constituyendo una sola entidad. Al nacer, ellas son separadas y colocadas cada una en una familia diferente, ofreciendo el escenario propicio para su

misión en este mundo. A veces, uno de los cónyuges nace pobre y el otro rico. Pueden nacer en diferentes continentes, uno en un extremo distinto del mundo; y pueden ocurrir más diferencias (disminuyendo la probabilidad natural del encuentro). El tal esperado encuentro debe ser realizado de tal forma que todo parezca natural, según las decisiones y pasos tomados por cada uno. Sin embargo, todo está siendo guiado por la Providencia Divina. Cuando las dos partes destinadas a formar una pareja se esfuerzan en cumplir lo correcto, es decir, optan por un camino digno, probablemente acontece el encuentro.

“Antes de que la persona se preocupe en obtener únicamente beneficios materiales -un cónyuge apuesto, rico, de familia influyente-, debe preocuparse en buscar una familia digna y juntarse con gente virtuosa”. (Basado en Rabenu Bejaie, Génesis 24:3).

La mejor manera de aprovechar la vida

Hasta el momento del casamiento el hombre es considerado incompleto. No se trata de una mera cuestión psicológica, sino de una realidad esencial.

“D’ los bendijo (a Adán y a su mujer) y los llamó de ‘Hombre’, sólo ambos juntos son denominados ‘Hombre’; porque cada uno por separado está incompleto”.

(Midrash Rabá, Génesis 17:2)

El Zohar enseña que el hombre y la mujer se complementan principalmente al mantener relaciones. En ese momento, ambos se consideran una sola entidad, “un ser humano completo”. Los Sabios comparan el dormitorio conyugal a un santuario, pues al juntarse en perfecta unión, también en el ámbito espiritual  -cumpliendo las leyes establecidas por el Creador- ocurre una unión perfecta y la emanación Divina se junta a ellos. La Luz formada por esta relación influenciará en todos los ámbitos de la vida conyugal. En una relación que carece de “La Pureza familiar”, este objetivo no será alcanzado; por el contrario, será dañado. Los frutos que nazcan de esta unión también serán influenciados por el nivel de pureza de la relación.

[Nota: Este precepto -La Pureza familiar- es uno de los principales contribuyentes para el éxito conyugal, como consta en el Talmud (Tratado de Nidá): como consecuencia de un período en que la relación matrimonial no es permitida, crece un tipo de añoranza entre ambos como si aguardaran casarse nuevamente. Así, la relación no se deteriorará con el tiempo, como ocurriría naturalmente. Así sucede cada mes.]

Siendo así, ¿para qué postergar el casamiento y formar una familia? ¿Para qué perder el tiempo? ¿Por qué no invertir en un amor verdadero y profundo? Varios no entienden que el miedo a la responsabilidad matrimonial es menor al beneficio que se obtendrá.

Uno puede dedicar toda la vida a la preocupación exclusiva por su situación en este mundo, esforzándose duramente para obtener nuevos placeres, estatus y un nivel económico más elevado. Tanto esfuerzo no le vale más que para algunas decenas de años. ¡Cuánto deberíamos preocuparnos en perfeccionarnos, construyendo una familia digna, con respeto mutuo  y expresión de amor y no solamente procurar el placer! Así lograremos un nivel elevado y un placer cualitativo, no solamente durante nuestra vida, sino que conquistaremos un nivel real intrínseco en nuestras almas para toda la eternidad”. (El Místico, cap. “El alma gemela”).

El Matrimonio- Una nueva etapa de la vida

Afirma el Talmud (Tratado de Ievamot 63b) que, al desposar a una mujer, le son perdonadas sus transgresiones, porque cumple la voluntad Divina.

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