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La Armonia Universal
La armonía universal
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Los nudos de la historia

Tanto el universo en general como cada criatura en particular son la expresión de una Sabiduría Infinita.
Los planetas, las galaxias, todo el reino mineral, el vegetal y el animal funcionan bajo Principios Superiores interpretando una sinfonía ecológica universal revelando un orden que la mente humana no logra abarcar.
Dentro de ese orden superior, cada pieza cumple un rol específico en el mantenimiento de la armonía universal. En medio de ese precioso mecanismo de relojería cósmico hay un componente que de cierta forma es ajeno a ese conjunto y que tiene la posibilidad, que ninguna otra criatura puede alcanzar: alterar el orden preestablecido del mecanismo cósmico. El hombre es la única criatura que puede des-cubrir el potencial que el mundo no revela por sí mismo.

Una relación única
Así como es necesaria la relación femenina-masculina para que se revele una nueva vida, así la relación del ser humano con el mundo es la única que puede des-cubrir las energías ocultas en la naturaleza y en su propio ser. El hombre puede elegir cambiar el mundo y su vida.
La Torá nos enseña que dentro de esos engranajes cósmicos, donde el libre albedrío humano juega un rol central, la responsabilidad individual y colectiva interactúan generando la dinámica de la vida en pos de la superación humana.

Un rol específico e insustituible
Cada ser humano tiene su particularidad. Unos son más intelectuales, otros poseen aptitudes que los conduce al liderazgo, otros al comercio, etc. Todos juntos constituyen un mismo organismo, análogo al cuerpo humano donde cada órgano cumple un rol específico e insustituible, pero sin olvidar que todos son órganos y miembros de un mismo cuerpo con un objetivo común: el bien colectivo.
Cuando una nación se rige de acuerdo a esos Principios Superiores, ese es el ejemplo más excelso que puede existir en este mundo. Ese es el papel que la Torá exige a Israel: ser el modelo para lograr la Armonía Universal.

Cuerpo y alma
Todo en este mundo posee cuerpo: su materialidad, y alma: lo que lo anima. De la misma forma Israel posee un cuerpo colectivo: los individuos que lo componen, y su alma: el contenido espiritual que lo vivifica en pos de sus objetivos.
Sólo cuando el pueblo está unido en su Tierra y de acuerdo a sus contenidos espirituales y a sus objetivos puede activarse el mecanismo a través del cual Israel revela su verdadera esencia con la cual inspiró a lo largo de toda la historia los valores más preciados que la humanidad posee.
Para que ello sea posible, todas las manifestaciones de la vida israelí: el gobierno, el sistema judicial, la vida cultural, el arte, la economía, la agricultura, la industria, etc. toda vivencia debe transformarse en canales de expresión de la auténtica identidad de Israel.

Lograr un alto estándar para sí mismo no es suficiente
Esa situación existió durante la época del rey Shlomó, hace miles de años. Israel era una nación soberana en su Tierra, tenía su propio gobierno basado en Principios Superiores, ejército, una economía autosuficiente, agricultura, etc. Israel logró un estándar de civilización pocas veces alcanzado en la historia humana, pero no fue suficiente para inspirar al mundo con sus ideales altruistas y la fuerza civilizadora que alcanzó para sí.

Influir o ser influído
El hombre influye o es influído. Al no lograr influir suficientemente al mundo, Israel no pudo sustentar por mucho tiempo su estándar y las influencias exteriores se infiltraron creando división; entonces los enemigos destruyeron el Templo y así perdimos nuestra independencia.

Una experiencia única
Surgió un experiencia nueva y única en la historia de la humanidad: una nación toma contacto con prácticamente todos los pueblos y culturas que existen en el mundo. Israel permanece casi 2000 años en el exilio para retornar nuevamente a su Tierra ancestral, trayendo consigo sus milenarias tradiciones conjuntamente con un bagaje cultural y experiencias que recogen la esencia de la historia.

Los nudos de la historia
El Cristianismo y el Islam tomaron los objetivos de la Sabiduría de Israel pero obviaron la forma en que la propia Sabiduría de Israel propone para implementarlos. Por ello observamos que los conflictos que actualmente el mundo vive son el resultado de la confrontación de las religiones que surgieron a partir de los ideales de Israel.

Nuestro desafío
Los valores esenciales de la civilización que en la época de oro salomónica no lograron trascender más allá de Israel, hoy pueden llegar a todos los rincones del mundo a través de la la globalización y la internet. Cuando ese mecanismo se active inspirando el potencial de bondad latente en el ser humano toda la humanidad, Bezrat HaShem, se beneficiará del altruismo que surge de la correcta implementación de la Sabiduría contenida en la Torá.

Un fenómeno universal y necesario
Después de casi 2000 años de exilio retornamos a nuestra tierra para continuar nuevamente desde nuestro hábitat natural este proyecto de bien universal.
El proceso que comenzó con Abraham Avinu hace casi 4000 años y continuó con el resto de los Patriarcas, Profetas, etc. sintetiza, conciente o inconscientemente, los anhelos más preciados no sólo de Israel sino que de toda la humanidad: el retorno al orden esencial. El sionismo es un fenómeno universal y necesario para que el mensaje civilizador involucre a todas las familias humanas por ello necesita de las energía y creatividad de todos los que quieren ser partícipes activos y están dispuestos a aceptar el desafío más importante de la historia humana: crear una civilización justa en el mundo para toda la humanidad con el objetivo de alcanzar la Armonía Universal.

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