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Los Jasidim

Extraido de Los Jasidim

 

 

Introducción

En el imaginario popular, el término “Jasidim” evoca la imagen de aquellos judíos que uno vio en algún viaje a Israel o a EE.UU., de vestimenta o cortes de cabello peculiares; o aquel estilo de “baile jadísico”, en el que los bailarines/as se visten de cierto modo a la usanza del pasado y zapatean al son de los acordes y ritmos de “música jasídica”.

También hay quienes consideran – equivocadamente – que el modo jasídico de conducirse es una costumbre obsoleta del pasado, con algunos representantes pintorescos y extravagantes en el presente.

Nada más alejado de la verdad.

Si bien – es cierto – muchos grupos jasídicos visten de una manera singular (que difiere según cada grupo), esto es más bien una apariencia externa (de hecho, muchos de aquellos que hoy en día son Jasidim no se visten de una manera particular, sino que sólo – obviamente – cuidan las leyes obligatorias del recato).
Jasidut no es algo nuevo en la historia: anteriormente se llamaba Jasidei Ashkenaz a los Sabios de las Ieshivot de Alemania de la época de Rash”í.
Más que una cuestión cabalísitca, mística, etc. el Jasidut es un acercamiento a haShem con reglas de excelsa conducta personal ya establecidas desde tiempos inmemoriales (obviamente partiendo de la Torá), y que todo Jasidut – del color que sea – no puede denominarse como tal, si no adhiere a esos principios.

¿Quiénes son los Jasidim?
Existen muchas comunidades jasídicas vibrantes en diferentes países del mundo, que siguen los lineamientos de sus mentores del presente, como así también las costumbres de los grandes maestros del pasado.

Como veremos al pasear nuestra atención por esta obra, el movimiento jasídico se desarrolló durante los últimos casi trescientos años en Europa Oriental, y ha transmitido mucha sabiduría y moralejas enormemente útiles para una conducción correcta en la vida, aun para quienes no son adeptos a todas las características del jasidismo y no pertenecen a sus comunidades.

En esta obra, conoceremos los orígenes de muchas de las congregaciones dentro del jasidismo, y algunas de las anécdotas que se narran sobre quienes fueron sus fundadores y guías.
Estas historias, más allá que muchas veces no se pueda verificar su autenticidad, nos imparten lecciones para reflexionar y aplicar en nuestra vida.

Los Jasidim y las historias de los Rebes
El estilo de vida y el modo de guiar de cada uno de los Rebes (maestros jasídicos) que mencionaremos puede haber diferido entre sí considerablemente: los había muy ostentosos y majestuosos, y los había sencillos y austeros.  Hubo aquellos que guiaron (o que hoy en día guían) a grandes multitudes, mientras que otros conducían a muy pequeñas comunidades.
Hubo Rebes que enseñaban y escribieron sobre temas kabalísticos y místicos, mientras que otros se dedicaron a la Guemará y a la Halajá.
Y así, existen muchas otras distinciones entre diferentes grupos jasídicos, las cuales resultan irrelevantes al momento de aprender las lecciones de vida que nos legaron.

Sería muy difícil escribir sobre todos los Rebes, pues son muchos nombres de personas y de sitios, lo cual no aportaría demasiado más al mensaje principal de esta obra.
Debemos hacer notar, asimismo, que muchas de las muy conocidas dinastías que fueron famosas, como así también los dirigentes que regían los destinos de sus comunidades en Polonia, Hungría, Rusia y países aledaños, sufrieron el exterminio de los nazis, al punto que muy poco se escucha de ellos hoy en día.

Aparte de referirnos a los datos históricos relevantes en el caso de cada uno de los fundadores de las dinastías jasídicas, elegimos, entre las anécdotas que se cuentan acerca de esos protagonistas, aquellas que nos permitan ponderar y aprender para corregir ciertas asperezas en nuestra conducta.

Omitimos, por lo general, las anécdotas que refieren a milagros y/o maravillas que se cuenta ocurrieron a través de los Rebes. Esto no se debe a que creamos que esas historias no sean verdad, sino porque optamos por relatar aquellas que están más cerca de las acciones a las que tenemos acceso en nuestra vida cotidiana.

También nos apartamos del estereotipo del “rabino kabalista”, no porque los Tzadikim no hayan estudiado o no supieran Kabalá, sino porque es un tema que no está al alcance del hombre común actual, y – además – muchos de los propios maestros jasídicos hicieron hincapié en que las personas que no estaban preparadas – por falta refinamiento espiritual o de un conocimiento previo cabal de la Torá – no estudiaran Kabalá, una disciplina que no les aportaría nada y que – al contrario – podría llegar a causar daño, sin beneficio práctico alguno.

¿Qué es un Jasid, y qué es Jasidut (o jasidismo)?
Dicho lo anterior, estamos ahora en condiciones de encarar la pregunta principal: ya hemos dicho que el Jasidismo no radica, por ejemplo, en el atuendo que se viste, entonces: ¿qué es Jasidut?

Sin duda la respuesta es larga, pero nos basaremos resumidamente en Mesilat Iesharim de Rav Moshé Jaim Luzzatto (Ramja”l, 1707-1746) en los capítulos que se dedican a este tema.
Esta obra sigue el orden de una enseñanza del Taná Rabí Pinjás ben Iair (siglo II d.E.C.), que nos aconsejó y encomendó un orden de crecimiento personal, mediante el cual cada individuo debe escalar los peldaños morales, y luego de haber incorporado la pureza ética (Tahará), debe encarar el Jasidut (al que nos dedicaremos) para luego pasar a la modestia (Anavá), etc.

Jasidut – dice Ramja”l – es la actitud de crear beneplácito al Todopoderoso al cumplir Sus preceptos de la mejor manera posible, aun en aquellos detalles que no están obligados por la Halajá, por el solo indicio que Él desea que se hagan esas acciones, y saber que al hacerlas Lo “complace”, y demuestra así el amor que profesa la persona por Él, tal como si se tratara de la relación de un hijo con su padre, a quien ama profundamente e intenta con los medios a su alcance causarle agrado.

Esta actitud es aplicable a: 1. las acciones mismas, 2. el modo de realizarlas, y 3. las intenciones de la persona en el momento de efectuarlas.

Cuando hablamos de las acciones, estas abarcan, por un lado, aquellas relacionadas con el quehacer con los congéneres, en las que debemos ser cuidadosos en cumplir con todo aquello en que podemos ser serviciales a sus necesidades físicas; asistir a las personas, y evitar que los dañe perjuicio alguno;  cuidar su patrimonio – en cuyo caso debemos también intentar cuidar que no les suceda algún percance o pérdida; y en el orden emocional, realizar todo aquello que les traiga bienestar anímico.  Esta cualidad también incluye el perdonar los errores de quienes obraron incorrectamente hacia uno, y hasta proceder benévolamente con los animales.

Las acciones que mencionamos, también abarcan aquellas con las que obedecemos las Mitzvot (los Mandatos) en nuestra relación con D”s; en cuyo caso es menester, para quien procura ser Jasid, cumplir con las Mitzvot en su máxima expresión posible y estudiar la Torá con absoluto esmero y dedicación.

Mencionamos también que el modo de realizar las mitzvot es valioso.
En ese sentido, dice Ramja”l, se debe profundizar el respeto con el que se realizan las mismas, la sumisión ante D”s al momento de llevarlas a cabo, y el sentimiento de privilegio por poder realizarlas.
Asimismo, es inestimable el amor que respalda las acciones. Este cariño comprende el sentimiento de alegría, el intento de apego espiritual para con Su Voluntad, y el celo que se suscita en el momento en el que no se cumple con Su Mandato.

En tercer lugar, se toman en cuenta las intenciones del Jasid, quien debe realizar su tarea espiritual abnegadamente y con el solo motivo de complacer a D”s, hasta tal punto que registra profundo dolor por el exilio de Su pueblo y la falta de respeto a Su autoridad que se suscita en el mundo actual.  Asimismo, es menester que la motivación que sustenta la acción sea el deseo del Jasid de generar espiritualidad en el seno del pueblo de Israel y en la sociedad en general, aun en los pecadores.

El Talmud (Bavá Kama 30.) menciona que quien desea ser Jasid, debe cumplir con las prescripciones de Nezikín (tomar precauciones para no dañar a otros),  las enseñanzas de Avot (refiriéndose a las máximas y conductas de los Sabios que se citan en el tratado de la Mishná que lleva ese nombre), y las leyes de Brajot (las bendiciones que el judío debe pronunciar en diferentes ocasiones, por tener provecho de lo que se come o de fragancias, al tener oportunidad de obedecer ciertas leyes, o al observar diferentes elementos de la Creación de D”s).
Analizando estos tres grupos de conducta, podemos entender que abarcan la relación con los semejantes, con uno mismo, y con D”s, respectivamente.

Volviendo al Ramja”l, él hace hincapié en el “Mishkal haJasidut” (evaluación de la magnanimidad), y explica que fácilmente uno puede caer en el error de creer que está cumpliendo un precepto (mitzvá) con creces, cuando – en realidad – las acciones que está realizando conllevan los efectos adversos al espíritu de la ley.
Para evitar estas confusiones, indica tres procederes decisivos:

  1. Estudiar con objetividad la verdadera intención de la persona al hacer lo que hace (obrando con integridad abnegada, con la sola mira en hacer el bien y complacer al Todopoderoso),
  2. Cuidar minuciosamente el detalle de cada acción para realizarla y perfeccionarla según criterios honrados, y
  3. Confiar en el Todopoderoso y pedir por Su asistencia en lo que se desea hacer para no apartarse de los objetivos correctos.

¿Cuáles son los caminos para adquirir Jasidut?
Responde Ramja”l:

  1. Contemplar la Grandeza y Magnificencia de D”s, en comparación con nuestra insignificancia.
  2. Leer y compenetrarse en los Tehilim (Salmos) del Rey David, en donde el gran monarca vertió sus sentimientos de devoción hacia el Todopoderoso.
  3. Asimismo, leer las narraciones sobre la forma de vivir y proceder de nuestros grandes Sabios de todas las épocas y el ejemplo que nos transmitieron es una gran fuente de motivación, que nos indica el rumbo correcto.
  4. Y, finalmente, cuidarse y alejarse de los elementos que dificultan y distancian al individuo del Jasidut, que son las preocupaciones y ansiedades que impiden concentrar la mente en lo que realmente tiene valor, y la frenética demanda por satisfacer placeres mundanos y materiales que desvían la mente hacia lo banal e inconducente.

Entendiendo, pues, la idea del Jasidut, y lo que exige de cada uno de nosotros, podremos apreciar los rasgos de vida que caracterizaron a los Rebes y a los alumnos que los siguieron.

Entendamos que el término Jasid es muy frecuente en el Talmud, y describe al propio rey David, por su proceder humilde y austero, como así también a los judíos conscientes que se toman el tiempo para contemplar y reflexionar antes de sus rezos aquello que están por hacer y, luego del rezo, aquel crecimiento espiritual que desean enraizar en sus almas después de haberse comunicado con el Todopoderoso, entre otros ejemplos similares.

 

Rab Daniel Oppenheimer

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