Profundizando
2. Pureza familiar y Natalidad
El Amor, La Mujer Judía y El Matrimonio
+100%-

Los Ciclos de Intimidad Marital

Extraído de El misterio del matrimonio, del Rab Itzjak Ginzburgh. Ediciones Obelisco

El Ciclo Mensual – Una Espiral de Crecimiento Espiritual

“Pureza familiar” es el nombre del área de la Ley de la Torá – halajá – que trata las circunstancias en las cuales una pareja tiene permitido practicar relaciones maritales. Como lo describiremos a continuación, el eje en torno al cual giran estas leyes es el ciclo menstrual de la esposa.

Una pareja que vive según las leyes de “Pureza familiar” puede verdaderamente ser considerada como “viviendo acorde con el tiempo”. El ciclo menstrual femenino de la esposa les permite ser extremadamente sensibles a las estructuras temporales en la creación y aplicar esa comprensión al servicio a Dios.

Una de las enseñanzas fundamentales del Baal Shem Tov es que cada acción completa en el servicio de Dios comprende tres fases: sumisión, separación y dulcificación . Según el principio de integración que se cumple en cada conjunto integral de conceptos o experiencias en el servicio Divino, cada una de las tres etapas se manifiestan también a su vez dentro de si misma. Al desplegarse en forma completa, las tres etapas se expanden en nueve niveles de experiencia espiritual.
Cuando la mujer atraviesa su ciclo mensual y experimenta los cambios físicos consecuentes, ella y su marido pueden construir un modelo de servicio Divino que siga cada una de estas etapas.

Días de observación, días de limpieza, días de pureza

El comienzo de la menstruación y los cambios emocionales que produce, centran la atención de la mujer en sí misma. Durante su período, ella se dedica a la realidad biológica y emocional de su condición física y por lo tanto no puede dirigir su atención a otra persona. Como durante este período ella no puede experimentar la serenidad apropiada para que tengan lugar las relaciones maritales, éstas son prohibidas .

Como ya lo analizamos anteriormente, en el pensamiento de la Torá la exagerada conciencia de uno mismo es considerada un estado de “impureza” y “corrupción”, impedimentos para la orientación espiritual y crecimiento. Por lo tanto este período es considerado un estado impuro del que la mujer debe purificarse ritualmente antes que ella y su esposo reanuden las relaciones maritales.
En la ley de la Torá el ciclo menstrual se divide en tres etapas, los “días de observación”, los “días de limpieza” y los “días de pureza”.
Los días de observación son el período de tiempo durante el cual la mujer experimenta su flujo menstrual. Este período dura cinco días o hasta que la mujer deje de sangrar.
Los días de limpieza siempre son siete y siguen inmediatamente a los días de observación. Durante este período, la mujer se “recupera” y se limpia de la pesadez psicológica de los días de observación . Por lo tanto, aunque no se vea más sangre, el cuerpo es considerado aún espiritualmente impuro por el flujo previo. Durante estos dos primeros períodos, toda forma de contacto físico entre el marido y la mujer es prohibida.
Después de la inmersión de la mujer en la mikve (baño ritual) al finalizar el séptimo día limpio, comienzan los días de pureza. Esposo y esposa tienen permitido entonces reanudar la intimidad física hasta la reaparición de la sangre menstrual.

Días de pureza (=18) Período que sigue a la inmersión en la mikve Relaciones maritales permitidas
Días de limpieza (=7) La semana que sigue al cese del flujo menstrual Relaciones maritales prohibidas
Días de observación (=5) Período de flujo menstrual

Estos tres períodos del ciclo menstrual físico son paralelos a las tres etapas de servicio Divino mencionadas arriba:
Los días de observación corresponden a la sumisión. Al ver por vez primera la sangre impura, el alejamiento físico involuntario entre la esposa y el esposo les recuerda la distancia existencial del alma a Dios, aprisionada como está en su cuerpo “impuro” (no rectificado). La pareja experimenta la misma humildad existencial que un sirviente cuando se le indica que abandone la presencia del rey.
Saben, sin embargo, incluso desde el fondo de su alejamiento, que éste es pasajero. El alejamiento del ser amado aumenta el anhelo intenso de acercarse .

El deseo sincero y la fe en la eventualidad de la reunión, junto con la fe en la providencia y la benevolencia de Dios, incluso en el momento actual de distanciamiento, lo protegen a uno de caer en un estado depresivo como consecuencia de sentirse separado y alienado, estado que puede degenerar en desesperación y apatía. La amargura que uno experimenta puede en realidad servir de aliciente para cambiar su comportamiento de forma tal que logre resolver la fuente de su descontento.

Los días de limpieza corresponden a la labor espiritual de separación. Cada día, durante este período, la mujer se revisa escrupulosamente para comprobar si el flujo menstrual continúa o ha vuelto. Espiritualmente, este proceso enseña a la pareja a examinar si se han separado adecuadamente de pensamientos, sentimientos o comportamientos que puedan perpetuar el distanciamiento de Dios. En el versículo “alejarse del mal y hacer el bien” , este nivel de servicio Divino corresponde a “alejarse del mal”.

En un nivel más profundo, la revisación diaria sirve para incrementar la anticipación creciente de la mujer respecto a su próxima reunión con su marido y el acercamiento de la pareja a Dios. Cada día sin sangre es contado y cuando han transcurrido siete días consecutivos, la mujer puede sumergirse y purificarse espiritualmente. Esta esperanza y expectativa hacia el futuro equilibra su preocupación meticulosa respecto a un posible signo de impureza.

Finalmente, la mujer se sumerge en la mikve y así comienzan los días de pureza que corresponden al servicio de dulcificación. La preocupación por el pasado y el futuro que caracterizan los recientes días de limpieza abren el camino a un goce limpio de toda impureza en el momento de consumar la unión física de marido y mujer en santidad y pureza. Sus relaciones maritales son el endulzamiento absoluto del anhelo y el deseo que sintieron. En el plano espiritual, la pareja aprende de esto a experimentar la inmensa alegría de la unión con Dios concedido al observar Sus preceptos. Este es el cenit del cumplimiento del mandamiento Divino de “hacer el bien”.

En resumen:

Ciclo de pureza familiar
Etapa de crecimiento espiritual
Aspecto del servicio Divino
Días de pureza Dulcificación Unión con Dios en la observación de los preceptos; “hacer el bien”
Días de limpieza Separación Examen de conducta, “alejarse del mal”, anticipación de la reunión con Dios
Días de observación Sumisión Conciencia de la distancia existencial de Dios

Rab Itzjak Ginzburgh

Libros relacionados

El misterio del matrimonio

Kabala




Deje su comentario

Su email no se publica. Campos requeridos *

Top