Profundizando
Educación Judía
El arte de corregir
+100%-

Lidiar con adolescentes en epoca de cambios

Extraido del libro En riesgo – Soluciones a tu alcance

Cambios Físicos y Psicológicos
Sandy tiene quince años y no le gusta su cuerpo. Su acné la vuelve loca. Le está cambiando el cuerpo y se siente con exceso de peso. Sandy no sabe por qué se pone tan temperamental. Algunos días se siente contenta y otros días se siente deprimida. A veces se siente de maravillas, mientras que en otras ocasiones se siente abrumada e incapaz de lidiar con las presiones escolares e integrarse con sus pares. Tal vez para el mundo exterior estas inquietudes parezcan insignificantes, pero para Sandy son muy reales y no se le van de la cabeza.

Relaciones y Sexo Prematrimonial
A Jack, de diecisiete años, le encanta ver videos, en especial los que se centran en las relaciones entre varones y mujeres. Sus padres y rabinos no dejan de decirle que no tiene que salir con chicas, pero todas las películas y revistas que ve apoyan los noviazgos y ven la abstinencia sexual como algo pasado de moda.
Jack quiere algún día casarse, pero sus amigos le dicen que salir con una chica y tener contacto físico antes del matrimonio está bien.

Valores Religiosos Opuestos

Sam, de catorce años, está en conflicto con los valores de sus padres. Toda su vida, él y sus padres han sido miembros activos de la sinagoga, y él siempre sintió que sabía qué actitud era la correcta. Pero ahora algunos de sus amigos lo están presionando para que salga de parranda con ellos los viernes por la noche. Quiere estar con sus amigos, pero de algún modo no se siente bien con la violación del Shabat. La dificultad radica en que no está seguro del motivo. Sabe que no puede ser como sus padres, pero tampoco se siente bien con lo que hacen sus amigos. ¡El verdadero problema es que no sabe lo que quiere!

Problemas de Aprendizaje
Steve, de quince años, está en tercer año y tiene problemas de lectura y comprensión de textos, estando en un nivel de séptimo grado. Steve tiene un problema de aprendizaje que hace que su vida sea más difícil que las de la mayor parte de los adolescentes de su edad. Un problema de aprendizaje se define como una dificultad en un área escolar (lectura, matemática o expresión escrita). La capacidad de eficiencia del niño o adolescente en el área de estudios específica está por debajo de lo que se espera para la edad, el nivel educativo y el nivel de inteligencia del menor. La dificultad que experimenta es lo suficientemente seria como para interferir con los logros escolares o actividades cotidianas propias de la edad.

Los tipos de problemas de aprendizaje incluyen:
• Dislexia.
• Dificultades para la expresión escrita.
• Dificultades para las matemáticas.

En el caso de la dislexia el niño tiene dificultades para aprender a leer y entender el lenguaje escrito. Pueden incluso padecerla niños con una inteligencia promedio o por encima del promedio, y con una gran motivación y amplias oportunidades de lectura. Debido a que los niños con dislexia tienen dificultades
para trazar la conexión entre las letras y los sonidos, también suelen tener problemas con la ortografía, la redacción y el habla. Las dificultades para la expresión escrita se caracterizan por una falta de habilidad para la escritura. Y la dificultad para las matemáticas es una afección caracterizada por una habilidad
matemática sustancialmente por debajo de lo que se espera dada la edad del niño, la inteligencia general y la educación.

Se estima que de un «diez a treinta por ciento de los niños tienen problemas de aprendizaje. Se estima que las dificultades para las matemáticas afectan al uno por ciento de los niños en edad escolar. Los problemas de lectura son más comunes en hijos de padres que experimentaron un problema de aprendizaje. Los
varones son más propensos a ser diagnosticados con problemas de lectura que las mujeres». Si bien las razones exactas de los problemas de aprendizaje
no se conocen, se cree que suponen una anormalidad en el sistema nervioso, ya sea en la estructura del cerebro o en el funcionamiento de los químicos cerebrales. Esta diferencia en el sistema nervioso hace que el niño con un problema de aprendizaje reciba, procese o comunique información de manera diferente
a la de otros niños.

Los niños con problemas de aprendizaje tienen aun más dificultades en las escuelas en las que se les exige a los estudiantes leer y traducir al menos dos idiomas. Para los que tienen alguna discapacidad para el aprendizaje —en especial problemas con la lectura o el idioma— el estudio puede ser una tarea muy difícil y desagradable. Por ejemplo, los varones que no pueden estudiar Talmud suelen sentirse alienados de la sociedad religiosa y abandonar el sistema religioso por completo.

Un alto porcentaje de los adolescentes en riesgo que veo en mi práctica profesional tienen algún tipo de problema de aprendizaje y en el transcurso de su desarrollo se han sentido progresivamente alienados de sus escuelas y comunidades. Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad A Mark, de dieciséis años, le cuesta quedarse sentado en clase. Le divaga la mente; está ansioso y está reprobando muchas de las materias. A Mark nunca le han hecho un estudio para detectar si tiene un trastorno de déficit de atención con hiperactividad (TDAH); se deslizó, de algún modo, por las grietas del sistema y nunca recibió la ayuda necesaria años atrás. Mark se encuentra ahora en dificultades para terminar el secundario.

Los estudios han mostrado que los adolescentes con TDAH tienen un mayor riesgo de fracaso escolar, otros problemas de aprendizaje, y consumo de alcohol y drogas. Es posible que a Mark le resulte más difícil conservar las amistades y llevarse bien con su familia. Es también posible que sea más irritable y tenga mal temperamento. Los adolescentes con TDAH tienen también un mayor riesgo de padecer depresión por causa de las frustraciones que acompañan a este desorden. Es importante notar que cerca de un «20 a un 40 por ciento de niños con TDAH pueden desarrollar con el tiempo problemas de conducta, un patrón de comportamiento antisocial más serio».
Estos niños suelen mentir o robar, pelearse o intimidar a otros y corren un serio riesgo de meterse en problemas en la escuela o con la policía. Violan los derechos básicos de los demás, son agresivos con las personas y/o animales, destruyen la propiedad, irrumpen en las casas de otros, cometen robos, llevan o usan armas, o se meten en el vandalismo.

Depresión

Simon, de quince años, ha perdido el entusiasmo por la vida del que disfrutaba cuando era niño. Le va bien en la escuela, pero en lo personal se siente desdichado. Tiene además sensaciones de tristeza y desesperación, y se ha recluido para no pasar tiempo con los amigos y la familia. Simon tiene depresión.
Hay más adolescentes con depresión de lo que se piensa. Se estima que uno de cada cinco niños tiene alguna clase de problema mental, de conducta o emocional y que es posible que uno de cada diez tenga un serio problema emocional. Entre los adolescentes, es posible que uno de cada seis padezca depresión.

De todos estos niños y adolescentes que luchan con problemas emocionales y de conducta, tan sólo un treinta por ciento recibe algún tipo de intervención o tratamiento. El otro setenta por ciento sencillamente lucha en medio del dolor de la enfermedad mental o la agitación emocional, haciendo lo mejor que puede
para llegar a la edad adulta. He descubierto que los padres no reconocen los síntomas de la depresión en sus hijos adolescentes. Los síntomas a los que hay que estar atento incluyen:
• Preocupación constante o irritabilidad prolongada.
• Falta de energía.
• Problemas de concentración.
• Vestirse con ropas oscuras.
• Obsesión con música con temas nihilistas.
• Dolores y molestias crónicos.

Trastornos Alimenticios
Rajel tiene un secreto y está desesperada por mantenerlo como tal. Tiene catorce años, está a punto de entrar en el secundario, y, literalmente, muere por ser delgada. Hace poco descubrió que mantener la silueta de preadolescente era posible. El abuso de laxantes, los vómitos autoinducidos y el ejercicio excesivo
la mantendrían esbelta para siempre. Rajel tiene bulimia nerviosa, una enfermedad severa que puede llevar a la desnutrición, el desequilibrio de electrolitos, los
ataques cardíacos y las convulsiones. Hay estudios que indican que uno de cada diecinueve adolescentes ortodoxos tiene algún trastorno alimenticio, y pocos reciben el cuidado necesario para sobreponerse a este fenómeno peligroso y en crecimiento.

Los trastornos de la alimentación son serias alteraciones en la conducta alimenticia, como una reducción extrema y poco saludable del consumo de alimentos o comer muy en exceso, así como sensaciones de angustia u obsesión extrema con la forma del cuerpo o el peso. Los profesionales están investigando cómo
y por qué conductas en un principio voluntarias, como ingerir cantidades de alimentos menores o mayores de lo usual, se vuelven en algún punto fuera de control para algunas personas y se convierten en un desorden alimenticio. Los trastornos alimenticios no se deben al fracaso de la voluntad ni de la conducta; son enfermedades clínicas reales y tratables en las cuales ciertos patrones alimenticios inadecuados asumen vida propia. Los tipos principales de desórdenes alimenticios son la anorexia nerviosa y la bulimia nerviosa. Se ha sugerido un tercer tipo, el síndrome del atracón, pero aún no se lo ha aprobado como diagnóstico psiquiátrico formal. Los trastornos alimenticios suelen presentarse en la adolescencia o la adultez temprana, pero algunos estudios
indican que su comienzo puede darse en la infancia o más tarde en la edad adulta.

Odio a la Escuela

Mijael tiene quince años y ya ha estado en tres escuelas diferentes. La semana pasada lo expulsaron de su ieshivá y está actualmente haraganeando en su casa sin nada que hacer. Tolerando el dolor de la situación y dándose cuenta de las implicaciones que esto tiene para el futuro de su hijo, los padres de
Mijael están empezando a preguntarse qué es lo que salió mal. Recuerdan con vaguedad las experiencias escolares de la primera infancia de su hijo. En tercer grado tuvo malas experiencias con su rabino. «Mi rabino era muy mezquino con nosotros —recuerda Mijael—. Me gritaba incluso cuando yo no hiciera nada malo. Además me daba castigos ridículos, como escribir treinta mishnaiot una y otra vez… ¡tan sólo por llegar tarde al dávenen!». Y luego estuvieron los problemas de cuarto grado y nuevamente en sexto grado con los rabinos que los padres de Mijael creían que entenderían a su hijo. Pero él no lograba seguirle el
paso al Talmud y, frustrado, dejó de intentarlo. Fue entonces cuando empezaron los problemas de conducta. Mijael comenzó a recibir más castigos y notas del director, y con el tiempo lo echaron de la escuela por interrumpir en clase.

Pregúntales a los adolescentes lo que piensan de la escuela y estas son algunas de las respuestas que te darán:
 «Los profesores son malos y no me entienden».
 «No puedes sentarte junto a tus amigos».
 «Siempre me toman de punto y me castigan sin que yo
haya hecho nada».
 «El profesor me odia y yo lo odio a él».
 «El almuerzo es muy corto, las clases muy largas y el recreo
nunca es suficiente».
 «Hay demasiada tarea».
Ahora sabes más de aquellos duendecillos que han capturado a tu hijo adolescente y sabes también que dentro de unos años te lo devolverán. La pregunta es: ¿cómo lidiarás con la situación ahora, mientras esperas? En los capítulos siguientes consideraremos las formas de abordar los problemas internos de tu hijo o hija adolescente, cómo desarrollar una relación de toda la vida, cómo motivar sin coaccionar y cómo alentarlo a tomar elecciones positivas en su vida.

Rabino Daniel Schonbuch

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