Profundizando
El Libre Albedrío
Temas Varios
+100%-

Libre albedrío: Una aparente paradoja

Extraído de “Conforta mi alma”, Recopilación de textos del Rabí Najmán de Breslov, presente en la obra “Meditación, Fuerza interior y Fe” recientemente publicado.

Se nos enseña que el hombre tiene libertad de elección. Pero al mismo tiempo, el Santo, bendito sea, es Quien gobierna el universo. Esto parece una paradoja. Para poder entenderlo debes comprender que existen en el mundo dos niveles de la libertad de elección. En un nivel se encuentra la libertad de elección del hombre. Cuando los hombres eligen cumplir con los mandamientos divinos y realizar buenas acciones, participan así de la tarea de purificar la creación al elegir el bien y rechazar el mal. De modo que las acciones del hombre tienen un profundo efecto en llevar la Creación hacia su perfección. Estos actos individuales de libre albedrío de parte del hombre constituyen el “despertar desde abajo.”

El segundo nivel de la libertad de elección es el que se encuentra en manos del Santo, bendito sea. él actúa en cada momento para llevar la Creación hacia la perfección. Esto constituye el “despertar desde Arriba,” mediante lo cual el Mismo Santo, bendito sea, purifica la Creación, extrayendo el bien del mal. Pero estos niveles de la libertad de elección no están separados. Ambos son aspectos de lo mismo. El “despertar desde abajo” pone en movimiento cantidad de procesos en los mundos superiores. Pero el poder para hacer que se produzca el “despertar desde abajo” sólo se encuentra en manos del Santo, bendito sea. Sin embargo, es parte de nuestra condición en esta, nuestra vida presente, el que seamos incapaces de comprender el modo en que estos dos niveles de la libertad de elección son en realidad uno mismo. Y es de hecho nuestra incapacidad de comprenderlo lo que es en sí mismo la fuente de nuestra propia libertad de elección.

Si vives tu vida con simplicidad esta paradoja no te confundirá nunca. “Aquél que anda con simpleza, irá con seguridad” (Proverbios 10:9). Con simpleza y fe es posible cumplir, en todos sus detalles, con todas las leyes de la Torá. Uno trabaja entonces con el convencimiento de que la reparación de toda la creación sólo depende de uno mismo, es decir del “despertar desde abajo,” despertar que se genera mediante la observancia de las leyes de la Torá en todos sus detalles. Y aunque se tropiece en el pecado y las malas acciones, aún así nunca se perderá la esperanza. Pues se tendrá la fuerza para retornar al Santo, bendito sea, porque uno sabe que existe un nivel superior de libertad, es decir “el despertar desde Arriba.” Los ámbitos superiores nunca pueden llegar a ser alcanzados por pecado alguno. “Si pecas, ¿qué le haces a él?” En los mundos superiores todo encuentra reparación: todas las transgresiones son transformadas en méritos gracias al retorno al Santo, bendito sea. Los pensamientos del Santo, bendito sea, son “muy profundos” (Salmo 92:5). él tiene el poder de operar una verdadera reparación incluso partiendo de actos de destrucción. La persona que conoce esto dentro de su corazón podrá mantenerse firme en su servicio al Santo, bendito sea, sin importar lo que suceda.

Que la gente se encuentre lejos del Santo, bendito sea, y caiga en las malas acciones sólo se debe a que no comprenden estos dos niveles de elección. Esta es la gente que no ha comenzado a servir al Santo, bendito sea, o que, por el contrario, hace lo opuesto. Esto se debe a que la mala inclinación les hace creer que la influencia de las circunstancias es más poderosa que la libertad de elección. Persuadiéndolos así de que el hombre carece de libertad de elección y que todo depende únicamente de la decisión del Santo, bendito sea. De modo que si ahora él ha rechazado a este hombre ya no hay esperanzas de que pueda cambiar y volver al Santo, bendito sea. Esta concepción del hombre como víctima de las circunstancias es absolutamente falsa. Está diseñada para proveer de una justificación para el ateísmo y las malas acciones, y para que la gente, de este modo, arroje de sí el yugo del Cielo. Hay mucha gente que nunca soñaría con buscar para su forma de vida una justificación filosófica como ésta. Ellos están simplemente atrapados en sus propios deseos físicos y en sus pecados. Pero en su raíz, también ellos se encuentran bajo la influencia de esta línea de razonamiento producida por la mala inclinación. Pues es el ateísmo el que yace en el centro mismo de la mala inclinación.

Por otro lado están aquellos que, de alguna manera, ya han comenzado a servir al Santo, bendito sea. Si sufren una caída se sienten extremadamente desmoralizados y hay quienes hasta dejan por completo de servir al Santo, bendito sea, pues ven que pese a sus muchos esfuerzos, no han alcanzado el resultado esperado. Esto es algo que suele observarse entre la gente joven. También en este caso es la confusión entre los dos niveles de la libertad de elección lo que genera la mala inclinación. Sólo que ahora ella presenta otro argumento y arguye que lo más importante es precisamente la libertad de elección del hombre, como si todo estuviese en las manos del hombre y no hubiera ayuda alguna por parte del Santo, bendito sea. Y como ahora esta persona ha tropezado y ha estropeado las cosas, ello estaría demostrando que no posee la capacidad de mejorar.

Para vivir con simpleza es necesario tener fe en que todo está en nuestras propias manos y que al mismo tiempo todo nos es enviado por el Santo, bendito sea. Es posible que esto sea algo incomprensible. Pero si vives esta paradoja en la práctica, nunca estarás lejos del Santo, bendito sea y nunca caerás. Por supuesto que debemos servir al Santo, bendito sea, con todas nuestras fuerzas, como si todo dependiese sólo de nosotros. Pues “él ha dado la tierra a los hijos de los hombres” (Salmo 115:16). Por el otro lado no existe algo así como una caída real, ni hay razón alguna para perder la esperanza – pues el Santo, bendito sea, es el origen definitivo de todas las cosas. él arregla todas las cosas de acuerdo a Su Voluntad, “Tú, Señor, eres eternamente ensalzado” (Salmo 92:9). “El consejo del Señor permanece para siempre” (Salmo 33:11). Nada del bien que haga una persona se pierde jamás (Zohar II 150), aunque ella misma llegue a pensar que ello no tuvo valor alguno debido a todos los problemas que le sobrevinieron más tarde.

La conexión entre estos dos niveles de la libertad de elección es algo imposible de comprender. Es la misma paradoja sobre la que discuten nuestros Sabios en el caso de un pequeño niño que murió cuando iba a cumplir con una orden de su padre. Se nos ordena honrar a nuestro padre y a nuestra madre “para que tus días puedan ser largos sobre la tierra que el Señor nuestro Dios te ha dado” (Exodo 20:12). El padre de este niño le pidió que subiera a un árbol para traer el nido de un pájaro, pero que dejara antes ir a la madre, en cumplimiento de la ley de la Torá (Deuteronomio 22:7). Se nos dice que cumplamos con este precepto para “que te vaya bien y prolongues tus días.” El niño cayó y murió a consecuencia del golpe. Preguntan los Sabios, ¿dónde estaba la largura de días que prometió la Torá? “En el mundo eterno que es largo” (Julin 142a).

Del mismo modo, existen muchos mandamientos donde la Torá menciona de manera explícita una influencia especial para mantenernos lejos del pecado y acercarnos al Santo, bendito sea. Por ejemplo, las leyes de los tzitzit y de los tefilín. Pero hay casos de gente que usa los tzitzit y los tefilín y aún así se encuentran dominados por sus deseos. Al final terminan arrojando el yugo y dejando de cumplir con estos preceptos.

Debemos tener fe en que todas las palabras de la sagrada Torá y de nuestros Sabios son “verdaderas, firmes y eternas” (de la Plegaria de la Mañana). Pero existen muchos temas que nos son imposibles de comprender perfectamente. No hay duda que el poder del mandamiento de los tzitzit posee una fuerza más allá de toda medida. Usar los tzitzit puede hacer que los hombres se alejen de la inclinación al mal y de todos sus deseos físicos. Como prueba de esto la Guemará trae la historia del hombre cuyos tzitzit le golpearon la cara (Menajot 44a). Pero, de todos modos, no todos los hombres son iguales. Hay casos en los que la gente ha caído tan completamente bajo la influencia de su mala inclinación que incluso hasta usando los tzitzit les resulta muy difícil poder superarla. Es precisamente gente como ésta la que debiera prestar el mayor cuidado en usar los tzitzit y en observar, de hecho, todos los mandamientos de la Torá. Al menos tendrán el mérito de haber cumplido con el mandamiento de los tzitzit y no habrán perdido todo. Y es muy probable que el mérito de los tzitzit termine por unificar sus fuerzas con los demás puntos buenos que existen dentro de esa persona y la hagan digna de conquistar por completo su mala inclinación, pues el bien nunca se pierde.

Existen numerosos detalles en la relación entre los dos niveles de la libertad de elección cuyo significado se encuentra oculto para nosotros. El propósito de estar ocultos es permitirle al hombre la verdadera libertad de elección. Debemos hacer nuestra parte pase lo que pase y tratar de servir al Santo, bendito sea, todos los días de nuestras vidas. Si, pese a ello no llegamos a ser dignos de la santidad y la pureza, aún así, ninguna buena intención se perderá, jamás.

Es posible que hayas leído en algún libro respecto al cumplimiento de algún mandamiento en especial o de cierta práctica en particular que producen una especial influencia en cierta dirección. Es posible que hayas encontrado que aunque la has cumplido, aún no alcanzaste lo que anhelabas. Bajo ningún concepto debes desanimarte. ¿Quién conoce los caminos del Santo, bendito sea? Es posible que él haya querido que tú cumplieses con ese mandamiento o que hicieras esa buena acción, para aplicarla así a algún propósito más elevado. Pues los pensamientos del Santo, bendito sea, “son muy profundos.” Nunca debes cuestionar las sendas del Santo, bendito sea, o las palabras de la Torá ni las palabras de nuestros Sabios. (Leyes de las Marcas de Pureza e Impureza en los Animales 38, 41, 42, 48, 49).

 

Libros relacionados

Meditacion, fuerza interior y fe



Deje su comentario

Su email no se publica. Campos requeridos *

Top