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Libertad, libertad, libertad! (Pesaj)

Extraido de jabad magazine

¿CÓMO PUDIERON LOS JUDÍOS CELEBRAR PESAJ DURANTE TODA LA SAGA DE PERSECUCIONES QUE SUFRIÓ SU PUEBLO A LO LARGO DE LA HISTORIA. ¿ESCAPISMO DELIBERADO? UNA RESPUESTA PROFUNDA PARA TODAS LAS GENERACIONES.

LIBERTAD POR FIN

En la Torá, Di-s asegura a Moshé que a pesar del hecho que su intervención inicial con el Faraón de Egipto ha puesto las cosas peor, la iberación llegará. De hecho, después de una serie de plagas que aplastaron el país, el Faraón finalmente se rindió. Después de torturar implacablemente, abusando y asesinando a los hebreos durante décadas, fueron liberados. En el decimoquinto día del mes hebreo de Nisán, los judíos, por fin, experimentaron un éxodo en masa de un régimen genocida y una monarquía tiránica. Se habían embarcado en el camino a la libertad.

Más de tres milenios han pasado desde ese día. Todavía los hijos y nietos de los esclavos que partieron de Egipto conmemoran este evento anualmente. Hasta el momento, Pesaj sigue siendo la fiesta judía más ampliamente observada y celebrada. Muchos judíos que se juzgan lejados de la tradición y religión todavía se reúnen para participar en alguna clase de seder de Pesaj.

La importancia de esto no puede exagerarse. Es fácil celebrar el milagro de la libertad cuando uno es libre. Pero la mayoría de su historia, la nación judía se encontró desterrada, oprimida, dominada física, emocional y religiosamente, por tiranos y dictadores de todo tipo. Si Pesaj representa el paso de la esclavitud a la libertad, ¿qué sucedió después de la destrucción babilónica del Primer Templo y el destierro subsiguiente de Israel? ¿O después de los griegos y la conquista romana de la Tierra de Israel y el destierro de sus habitantes? ¿Qué pasó a la celebración de la libertad luego de la destrucción del Segundo Templo, el fracaso de la rebelión de Bar Kojba, las persecuciones horrendas de Adriano y la larga y trágica serie de eventos que llevaron al más gran destierro en la historia judía? ¿Los judíos podían celebrar la emancipación bajo circunstancias opresivas? Los judíos podían sentarse anualmente y declarar: “Fuimos esclavos del Faraón en Egipto y Di-s nos ha liberado?” ¿Libertad bajo la opresión?

Esta pregunta se planteó uno de los grandes pensadores judíos del Siglo XVI que fue sometido a persecuciones horribles de las autoridades cristianas. Rabi Iehuda Loew (1512-1607), conocido como el Maharal, era el Gran Rabino de Praga, y una de las personalidades judías más influyentes de su tiempo, autor de muchos trabajos del pensamiento judío. Durante sus días, los judíos padecieron los infames libelos de sangre, acusándolos de matar a niños cristianos antes de Pesaj para usar su sangre para la matzá, y la leyenda cuenta que el Rabi Loew creó un Golem, un hombre creado a través de poderes Cabalísticos para combatir los libelos de sangre que afligían la comunidad judía de Praga. El Maharal se preguntó ¿cómo los judíos podían celebrar su libertad de Egipto durante tiempos en que estaban sumergidos en la oscuridad del destierro y la persecución? Sin embargo, lo hicieron.

Durante 3,300 años, cuando Pesaj llegaba, una nación terca se sintió determinada a re-experimentar la libertad. Incluso en el Ghetto de Varsovia, bajo el ojo de la Inquisición, en el Archipiélago Gulag de Stalin, se podía oír la misma pregunta cada año: “¿Por qué esta noche es diferente a todas las otras noches?” Y la respuesta: ¡Porque esta noche fuimos liberados! ¿Eran escapistas irracionales, olvidados de la realidad? ¿O, quizás, los judíos estaban celebrando algo muy auténtico que sentían en sus almas cada Pesaj, a pesar de las condiciones insufribles?

EL NUEVO HOMBRE

La respuesta presentada por el Maharal de Praga es profunda y conmovedora. El Éxodo de Egipto, sugiere, no fue meramente un evento político y geográfico en que a esclavos les fue permitido dejar un país y forjar su propio destino. También fue una mutación existencial en que el regalo de la libertad se “conectó” en la misma psique de un pueblo. Con la liberación Divina de la esclavitud egipcia, se creó un nuevo tipo de persona -el Hombre Libre: El individuo que nunca hará paz con la opresión y anhelará libertad para siempre.

El éxodo implantó dentro del alma de la humanidad una demanda inherente por la libertad y una repulsión innata hacia la subyugación. Del drama que llevó al Éxodo de Egipto: el diálogo con el Faraón, los milagros realizados por Moshé y Aarón, el rey que se pone más obstinado, las diez plagas que dominaron a Egipto, y finalmente la ceremonia del Seder realizada todavía en Egipto. En una era en que la opresión era la norma, cuando se creía que los reyes tenían poder divino e interminable, y el ser humano ordinario estaba a merced de los líderes caprichosos y dioses, el Éxodo de Egipto revolucionó el paisaje de la imaginación humana por toda la eternidad. Los judíos descubrirían y serían responsables de impartir este descubrimiento a todos los humanos- que la responsabilidad primaria de cada sociedad es conservar la libertad y dignidad de cada ser humano individual bajo la soberanía de un Di-s libre que deseó seres humanos libres que escojan construir un mundo fundado en la libertad, la dignidad del individuo y el llamado moral de edificar un fragmento de cielo en la tierra.

Así, aun cuando se lo conquistó y oprimió, fue objeto de abuso, cazado como animal, el judío nunca dejó de verse inherentemente como hombre libre. Nunca asintió emocionalmente la persecución, y las condiciones de la realidad de la subyugación. Su mismo ser clamaría en protesta contra la tiranía y la crueldad, y permanecería obsesionado con la creencia que el futuro será diferente, que la redención vendrá, que una sociedad en la que la maldad y corrupción gobierna, no pueden sostenerse.

Esto, el Maharal postula, es por qué los judíos celebran cada año su seder de Pesaj. Si- como el Baal Shem Tov brillantemente dijo- donde el hombre desea estar, allí se encuentra. Esto significa que es esencialmente libre. Los maestros Jasídicos desarrollan esta idea más profundamente. Si para algunos pensadores religiosos, la demanda del hombre de libertad es sintomático de su deseo por la auto indulgencia frívola y la emancipación del yugo de responsabilidad, en el misticismo judío, nuestro deseo de libertad es una de nuestras cualidades más Divinas. El hombre anhela reflejar a Di-s. Así como Di-s es absolutamente libre, el hombre creado a imagen de Di-s anhela ser absolutamente Divino, absolutamente libre. Esta Divinidad es inherente al ser humano que nos lleva a desafiar y trascender los límites impuestos sobre nosotros, incluyendo los límites de nuestra propia naturaleza.

¿POR QUE ELLOS SE REVELAN?

Esta idea del Maharal contiene ramificaciones profundas en el campo de la educación contemporánea. Siendo que la libertad es una propiedad intrínseca del alma humana, una manifestación de su naturaleza Divina, debemos ser sumamente cautos a animar, en lugar de amenazar, su expresión intensa. Si esto es verdad en cada persona, cuánto más así con los niños y adolescentes que tienen una demanda particularmente profunda por la libertad, la expresión individual, libertad para hacer sus propias opciones y ser autores de su propia existencia. Esto no es pecado; es una cualidad Divina que puede actualizarse para producir las más grandes bendiciones. Si suprimimos su libertad, puede compelerlos a expresarse de maneras indeseables.

Así por ejemplo, cuando padres y educadores imponen en sus niños valores y tradiciones sólo por medio de la autoridad y coerción, muchos de estos niños en la madurez podrán rechazar estos valores. La educación requiere autoridad y disciplina. Niños que son concedidos de hacer cualquier cosa que quieren, a menudo terminan teniendo vidas infelices, carentes de estabilidad, dirección, y seguridad. Por otro lado, cuando sólo se comunican los valores morales y religiosos en el nombre de la autoridad en lugar de la voz de la compasión, cuando la fe está sobre el dogma en lugar de la profundidad, cuando la pasión es completamente reemplazada por la obligación, el amor por el hábito, la voz del alma con la carga de la tradición, pueden percibirse los valores que celebramos tan estimados como instrumentos de opresión en los ojos de nuestros niños.

En su necesidad desesperada por libertad, no les damos a veces, otra opción que decir adiós a todo lo que intentamos enseñarles. Un equilibrio delicado entre la anarquía y la supresión debe mantenerse. Debe mostrarse a los jóvenes por qué los valores tradicionales, morales y religiosos de sus padres y abuelos son los medios para el auto descubrimiento y la libertad. Y ellos deben darse oportunidades de experimentar la alegría de tener la libertad para escoger lo que constituye el camino a una vida dignificada y profunda; la libertad para escoger la libertad.

Y. Jacobson

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