Relatando
Historia
La Tierra de Israel
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Leche y miel

Extraído de ‘Esta tierra es Mi tierra” por Jaim Kramer. Traducido por Guillermo Beilinson. Breslov

Dios le dio tres buenos regalos al pueblo de Israel. Todos le fueron dados sólo a través del sufrimiento. Ellos son la Torá, la Tierra Santa y el Mundo que Viene (Berajot 5a).

Si son regalos beneficiosos, ¿por qué fueron dados sólo mediante el sufrimiento? Para poder apreciarlos plenamente, uno debe sufrir para obtenerlos. Hemos sufrido mucho por la Tierra. Hemos visto cómo los Patriarcas lucharon para hacer que Dios fuera conocido en el mundo. Hemos experimentado la construcción y la destrucción de ambos Templos. Hemos estado en el exilio, derrotados y humillados. Pese a todas las probabilidades, hemos sobrevivido a las Cruzadas, a la Inquisición, a las masacres de Chmielnicki, al Sabetaismo, a las disputas entre jasidim y mitnagdim, al secularismo, al nazismo, al comunismo, al holocausto y a las mil y una noches árabes. ¿Será el futuro igual de negro o resonará con gran alegría y felicidad? Lo que nos falta ahora es el conocimiento, el Daat, de nuestra futura vida en la Tierra Santa, saber que vale la pena esperar. Por lo tanto, examinemos lo que dicen los Profetas y los sabios sobre el futuro.

Y acontecerá que en los últimos días, el monte de la casa del Señor será establecido como cabeza de los demás montes… Y ellos romperán sus espadas para hacer de ellas azadones y sus lanzas cambiarán en podaderas; no alzará espada nación contra nación, ni aprenderán más la guerra… En ese día el hombre arrojará sus ídolos de plata y de oro… (Isaías 2:2-4,20).

El Profeta Isaías amonestó y consoló a su pueblo en los capítulos 1-39 del Libro de Isaías. Sin embargo, desde el capítulo 40 en adelante las profecías de Isaías son palabras de consolación, que hablan del retorno de la nación a la Tierra Santa. Isaías habla de líderes dignos y de la difusión de la verdad, de incontables riquezas que serán llevadas a la Tierra Santa como recompensa por haberse mantenido fieles a Dios durante su exilio.

Jeremías profetizó durante la destrucción de Jerusalén a manos de los Babilonios y al final de la dinastía de David. Trató de convencer al pueblo de que se arrepintiese, pero no lo logró, de modo que el Libro de Jeremías se muestra negativo. Pero aun así Jeremías predijo, “He aquí que vienen días en que ya no dirán: ‘El Señor que hizo subir a los hijos de Israel de la tierra de Egipto’, sino ‘El Señor que hizo subir a los hijos de Israel de la tierra del Norte y de todas las demás tierras adonde los había arrojado’.
Pues los volveré a traer a su propia tierra, que les di a sus padres” (Jeremías 16:14). Los capítulos 30-31 del Libro de Jeremías hablan de un maravilloso futuro, cuando Israel volverá a la Tierra y a Dios, recibiendo bendiciones y abundancia mucho mayores que bajo el rey Salomón. Todas las enfermedades serán curadas, todos los pecados serán perdonados y la opresión desaparecerá para siempre. La paz reinará para todos en la Tierra.

Ezequiel vivió en Babilonia en la época de la destrucción del Primer Templo. Los primeros treinta capítulos de su libro expresan crítica, pero luego comienza con su relato del futuro.

Porque así dice el Señor Dios: “He aquí que Yo mismo iré en pos de mis ovejas y las buscaré… Yo las libraré de todos los lugares por donde fueron extraviadas… Las sacaré de entre los pueblos y las traeré a su propia tierra y las haré pastar en buenos campos… ya no serán presa [de las naciones]… Yo, el Señor, seré su Dios, y mi siervo David será príncipe entre ellos… Haré con ellos un pacto de paz y haré que las bestias no habiten más en la tierra; ellos vivirán con seguridad en el desierto y dormirán en los bosques… Los árboles darán fruto, la tierra entregará sus productos y el pueblo estará a salvo… Ustedes son mi rebaño…” (Ezequiel 34).

Y profetiza:

“Yo tomaré a los hijos de Israel de entre las naciones en donde fueron dispersos y los traeré a su propia Tierra. Haré de ellos una nación… Ya no estarán más divididos… Los limpiaré de sus impurezas… Ellos vivirán [en su Tierra] por siempre… Yo habitaré entre ellos…” (Ezequiel 37:19-28).

Luego de describir las guerras de Gog y Magog, Ezequiel presenta un detallado plano del futuro Templo y de la división de la Tierra entre las tribus (Ezequiel, capítulos 40-48).
Otros profetas han predicho el Final de los Días y la restauración de Israel.

He aquí, “Vienen días”, dice el Señor. “El que ara alcanzará al segador… Las montañas destilarán mosto… Yo haré retornar el cautiverio de Mi pueblo Israel; y ellos edificarán las ciudades asoladas y las habitarán; y plantarán viñas y beberán el vino de ellas; harán huertas también y comerán su fruto. Yo los plantaré en su propia Tierra y nunca jamás volverán a ser arrancados de su Tierra que Yo les he dado”, dice el Señor tu Dios (Amos 9:12-15).

Y sucederá en ese día, que los montes destilarán mosto y los valles manarán leche, todos los arroyos de Iehudá fluirán con aguas; y una fuente brotará de la Casa del Señor y regará el valle de Shittim [en el lado occidental del río Jordán]… Iehudá permanecerá por siempre habitada y Jerusalén de generación en generación. Aunque Yo los haya perdonado, no perdonaré a aquellos que derramaron su sangre; y el Señor tendrá su morada en Sión (Joel 4:18-21).

Nuestros sabios también ofrecen una imagen de un futuro brillante:

En el futuro, todos tendrán una parcela de tierra en las montañas y en el valle, al igual que en la planicie (Bava Batra 122a). La Tierra de Israel producirá hogazas de pan [listas para comer] y [los árboles darán] vestimentas de seda [listas para usar]. Las espigas de trigo se elevarán altas como palmeras, pero cuando llegue el tiempo de la cosecha Dios hará que el viento las haga caer cerca de la persona [resabio del maná]. Y los granos serán del tamaño del riñón de un toro. Un solo racimo deberá ser transportado en una carreta. ¡La vid puede producir treinta barriles de vino! Hasta los árboles yermos darán fruto (Ketuvot 111b-112b).

El Rambam enseña que “en la era mesiánica no habrá más hambre, guerra, celos ni rivalidad. Por el contrario, habrá abundancia de toda clase de placeres terrestres. Y el objetivo de toda la humanidad será aprender sobre Dios y conocerLo” (Rambam, Hiljot Melajim 12:4).

Existe mucho más sobre el futuro que lo que hemos presentado aquí, y el material accesible puede llenar varios libros. De modo que será suficiente con las pocas ideas citadas arriba. Todo lo que se nos pide para que seamos testigos de ello con nuestros propios ojos es la verdad, la unidad, la fe, la plegaria, la honestidad en los negocios, el estudio de la Torá y la observancia del Shabat. Tampoco estará de más un poco (o mucho) de paciencia y de humildad.

Entonces podremos vivir la vida que anhelamos, una vida de paz, de buena salud, de prosperidad y de seguridad. Pues si bien “ésta Tierra es Mi Tierra”, la propiedad de Dios que él da a quien desea, somos nosotros quienes hemos vivido, luchado y sufrido pacientemente por nuestro derecho a recibirla. Así, “ésta Tierra es también mi Tierra”. Hemos ganado y merecido, el consuelo de Sión, junto con sus legítimos habitantes, con nuestro retorno a Sión y la reconstrucción de nuestro Santo Templo, ahora y en nuestros días, Amén.

Jaim Kramer

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1 comentario
  1. daison

    bendito se el todo poderoso .por la vida de ustes y esta maravillosa perla de apoyo.para seguir conociendo el camino de la tora…les saludo. desde colombia..feliz januka..shalom

    25/12/2016 a las 01:02

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