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Las trampas del instinto del mal

Rabí Sadka Hussein, Z”L, fue uno de los más grandes Jajamim (sabios) de la comunidad judía proveniente de Irak, en Ierushalaim de hace unos sesenta años. Era un gran Sadik (justo), y sus actitudes para cumplir las Mizvot son un ejemplo de tesón y constancia que hoy en día podemos aplicar para nuestras vidas.

Una vez fue a pernoctar a la ciudad de Tel Aviv, en la casa de una familia conocida. Le preguntó al anfitrión si conocía un Bet Hakeneset donde se rece Shajrit en el horario justo a la salida del sol.
El dueño de casa le dijo que el único Bet Hakeneset que él recuerda que se rece Shajrit en ese momento, está a una hora de caminar desde donde estaban.
“No hay problema”, dijo el Rab. “Me levantaré bien temprano, y caminaré hasta allá”.
Y así lo hizo. Se despertó muy temprano; salió a la calle, y comenzó a caminar en la dirección que le indicó.
No anduvo más de media cuadra, cuando pasó por el Bet Hakeneset “Hagrá” de la calle Hayarkon. Entró allí y preguntó:
“¡A qué horas comienzan a rezar Shajrit?”.
“¡Dentro de unos minutos, porque lo hacemos exactamente con la salida del sol!”, fue la respuesta.
El Sadik meditó unos instantes y exclamó:
“¡Miren cómo son las trampas del Iezer Hará (instinto del mal)! Para hacerme caer y que yo no cumpla con mi costumbre de rezar Shajrit con la salida del sol, le hizo olvidar a mi anfitrión que a media cuadra de su casa hay un Bet Hakeneset que lo hacen a ese horario. Pero cuando me sobrepuse y me dispuse a caminar una hora, a pocos pasos encontré este Bet Hakeneset. Esto nos enseña que si la persona tiene voluntad de vencer a su Iezer Hará, apenas empieza a luchar con él, alcanza la victoria”.

(Gentileza Revista semanal Or Torah, Suscribirse en: ortorah@ciudad.com.ar )

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