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Las janukiot en las artes

Morton Teicher es Decano fundador de la Escuela Wurzweiler de Asistencia Social, Decano Emérito de la Ieshiva University, Escuela de Obra Social, Universidad de Carolina del Norte, Chapel Hill.

El viernes 29 de Noviembre a la noche, los judíos de todo el mundo se reunirán en sus hogares para encender la primera luminaria de Janucá. Usarán la Janukiá, una Menorá (candelabro) especial con ocho brazos, uno para cada noche del festival, y una novena luz, el Shamash (`asistente’), usado para encender las otras. El Shamash protege la santidad de las demás luces al proveer de iluminación de modo que podamos disfrutar de las otras ocho velas sin emplearlas para un propósito personal. El Shamash comúnmente está un tanto apartado y distinguido con su colocación a una altura o ángulo diferente, o por su forma.
La Janukiá es un elemento favorito de Judaica desde el punto de vista de la creatividad artística. Durante los 2100 años en que los judíos han celebrado la victoria de los Macabeos encendiendo las velas cada noche de Janucá, los artistas han moldeado Janukiot, adaptando formas antiguas que se remontan al Siglo I, y creado nuevas que arden trazando novedosas sendas para que nosotros expresemos nuestro regocijo en el Festival de las Luces.

La historia popular simbolizada con el encendido de las velas de Janucá es ampliamente conocida. Iehudá Macabí y sus hermanos lideraron una pequeña fuerza, pobremente armada y superada en número, de 6000 hombres, llevándola a la victoria sobre el bien equipado y poderoso ejército grecosirio de 47.000 soldados. Tras la decisiva batalla en Bet Tzur, los judíos marcharon a Jerusalén donde liberaron la ciudad y recuperaron el Santo Templo. Decididos a reinaugurar el Templo que había sido profanado por los sirios, Iehudá reconstruyó el altar e hizo nuevos recipientes para el servicio del Templo. Cuando llegó el momento de encender la Menorá, los Macabeos sólo pudieron encontrar un pequeño recipiente del puro y sagrado aceite de oliva que se requería. Era suficiente apenas para un único día, y ellos sabían que tomaría una semana preparar más. No obstante, encendieron la Menorá y, milagrosamente, el aceite que serviría para un día no se consumió.
Las llamas de la Menorá brillaron ocho días, al cabo de los cuales se había preparado más aceite.

Una interpretación de este suceso lo observa como una inequívoca señal de la intervención de Di-s, demostrando que fue la mano de Di-s la que derrotó a los Sirios. Otro comentarista afirma que la capacidad de ese único recipiente de aceite para durar ocho días evidencia cómo, con la ayuda de Di-s, una entidad minúscula puede traducirse en un abastecimiento infinito de riqueza espiritual. Hay una historia menos conocida que afirma que cuando Iehudá y sus hermanos recuperaron el Templo, encontraron ocho lanzas de hierro sobre las que afirmaron velas y las encendieron, comenzando así la tradición de encender la Janukiá.
Para conmemorar los milagros del aceite y la victoria militar, se proclamó el festival de Janucá. El encendido de la Janukiá cada noche es su observancia principal.
Al principio, esta ceremonia se realizaba del lado de afuera de la casa para difundir el milagro y recordar la celebración original, cuando se encendieron luces en los patios de Jerusalén para marcar el triunfo Macabeo. Linternas de vidrio protegían las lámparas del viento y la lluvia. Este tipo de Janukiá se encuentra disponible en Jerusalén hasta el día de hoy.
En el Talmud se da cuenta de una interesante discusión acerca del ritual de Janucá. Shamai sostenía que todas las ocho luces debían encenderse en la primera noche, y una menos se encendía cada noche siguiente. El argumentaba que había una cantidad fija de aceite en la primera noche y que decrecía cada noche. Hilel, cuya posición es nuestra práctica de hoy, afirmaba que cada noche debía encenderse una luz adicional. El razonaba que no debemos disminuir la santidad de la fiesta cada noche, sino, más bien, incrementarla.
Dado que predominó la óptica de Hilel, celebramos como se indica a continuación: En la primera noche se enciende la luz del extremo derecho de la Janukiá. En la segunda noche, y así cada noche de ahí en más, se agrega otra luz a la izquierda de la anterior. La vela adicional, que marca el siguiente día de Janucá, siempre es la primera en ser encendida. Ponemos las velas de derecha a izquierda, pero las encendemos de izquierda a derecha.

El Talmud también nos cuenta que si un hombre pobre se ve obligado a elegir entre comprar aceite para la Janukiá o vino para el kidush, debe comprar aceite porque es más importante anunciar el milagro de Janucá. Similarmente, para asegurar que todos sepan acerca del milagro, el encendido se realizará antes de que la gente se retire a dormir pero sólo después del anochecer. Y, dado que también las mujeres estuvieron incluidas en el milagro, también ellas están obligadas a encender la Janukiá (obligación que cumplen a través de su esposo).
Finalmente, si bien puede usarse cualquier tipo de aceite, es preferible el de oliva, y deber haber suficiente como para arder al menos durante media hora.

La lámpara de Janucá es diferente de la Menorá de siete brazos mencionada en Exodo, Levítico y Números. La Menorá del Templo se hizo de oro, y la tradición prohíbe su duplicación exacta. En contraste, se usó arcilla para hacer las primeras Janukiot que consistieron de ocho lámparas de aceite con forma de pera. Gradualmente, los contenedores individuales evolucionaron en una lámpara con ocho aberturas para las mechas, alimentadas por un depósito central conteniendo el aceite. Además de la arcilla, se usaron piedra, mármol y bronce.
A medida que se desarrollaron las Janukiot, éstas absorbieron, más que cualquier otro objeto ceremonial judío, concepciones artísticas de su ambiente inmediato. Los primeros modelos de Janukiá con ocho copas datan de la Edad Media. Dado el posible peligro de mostrar la lámpara fuera del hogar, los rabinos permitieron que se encendiera dentro de la casa, donde se colgaba en la entrada, del lado opuesto al de la mezuzá. Para facilitar el colgar la lámpara, se introdujo una pared posterior con un gancho. Los receptáculos de aceite se unieron en un único metal o trozo cerámico, y fueron montados sobre un panel posterior.
El diseño de pared posterior brindó oportunidades para embellecer la Janukiá. Los artesanos comenzaron a diseñar lámparas conforme los gustos de sus propietarios. Janukiot antiguas de España y Francia contienen aspectos arquitectónicos, utilizando edificios locales como inspiración. Algunas de estas Janukiot tienen la forma de los finos gabletes de las catedrales flamencas, con una ventana central. Copiando de lo que hallaban en sus cercanías, los artistas del Norte de Africa hicieron Janukiot que incluían elementos de la arquitectura Islámica con domos puntiagudos, como decoración. En la Italia del Renacimiento, las Janukiot se basaban en arcos redondos, un aspecto que se difundió a Alemania y Austria. En la Europa Oriental, aparecieron chimeneas, barandas, puertas del Arca y el balcón sinagogal de las mujeres. Se agregaron piernas, haciendo una Janukiá tipo banco que podía ponerse sobre una mesa o el alféizar de la ventana.

Durante el siglo XIX se usó la decoración rococó, y los elementos arquitectónicos fueron reemplazados por unicornios, leones, centauros y escudos de armas. A comienzos del siglo XX, los artistas y artesanos del Instituto Betzalel de Jerusalén hicieron Janukiot que tenían escenas de los Macabeos purificando el Templo o celebrando su reinauguración. También usaron trabajos de filigrana yemenita, combinándola con el estilo de lámpara de mesa de la Europa Oriental y agregando metal en forma de baranda. Los artistas contemporáneos combinan motivos tradicionales con elementos de arte moderno, modificando el diseño de la Janukiá.
La Janukiá es una forma de arte ceremonial judío que ha estimulado la imaginación de muchos artesanos. Sus decoraciones incluyeron paredes, puentes, máscaras, símbolos, figuras bíblicas, torres, arcos, ventanas, urnas y querubines. Los materiales que usaron incluían cobre, bronce, oro, plata, hierro, estaño, piedra, madera, hueso y cromo, plomo, vidrio y arcilla. Las inscripciones sobre las Janukiot varían con la ubicación geográfica y la erudición judía de los artesanos. Libres de restricciones bíblicas, las Janukiot se diversifican en su diseño y decoración. Su gran variedad ha hecho de este objeto ritual un favorito para los coleccionistas de Judaica. Los museos judíos exponen tipos diferentes de Janukiot que reflejan etapas de la historia judía.

El principio de Janucá se expresa en la leyenda del soldado judío estacionado en Valley Forge que encendió su lámpara de Janucá donde era vista por el General George Washington. Cuando Washington preguntó qué era eso, el soldado le explicó que la Janukiá simboliza la lucha de los Macabeos por la libertad.
“Si tú, hijo de los profetas”, dijo Washington, “crees que ganaremos nuestra libertad, lo lograremos!”
Años después, el soldado que entonces vivía en Nueva York, encendió su Janukiá y la puso sobre el alféizar de su ventana. El Presidente Washington casualmente pasaba por allí y dijo al soldado que su Janukiá había introducido luz en su corazón durante los oscuros días en Valley Forge y le ayudó a asegurar la victoria.

Hoy en día, los judíos usan la Janukiá en todo el mundo para recordar el primer intento serio de un grupo minoritario por mantener su individualidad religiosa y cultural. Los Macabeos pelearon por el derecho a ser diferentes y cuando nosotros encendemos las velas de Janucá, afirmamos la importancia de defender nuestros valores judíos contra las presiones internas y externas. Expresamos y reafirmamos nuestra convicción en la victoria final de la luz sobre la oscuridad.

(extraído de Jabad Magazine, www.jabad.org.ar


 

Morton I. Teicher

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