Relatando
Historia
La Tierra de Israel
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La Vision de Rabi Natan de Breslov

extraido de Diario de un Camino Espiritual

 

Cada paso que di durante mi viaje a la Tierra Santa es extremadamente valioso para mí, en especial al considerar todos los obstáculos que se presentaron en el camino. Por ese motivo he decidido registrar todo lo que recuerdo de mi viaje a Eretz Israel. Escribo para que mis descendientes, mis amados y amigos puedan compartir lo que tuve el privilegio de experimentar. En verdad, se requerirían páginas y páginas para contener todos los detalles y no puedo describir todo lo que ocurrió. Escribiré tanto como el tiempo me lo permita.

Tan grande es mi amor por la Tierra Santa que me gustaría escribir lo que me sucedió cada día, en cada etapa del viaje, desde el día en que comencé a planearlo. Me gustaría contar cada pensamiento, cada palabra y acción que contribuyeron a mi ímpetu para ir a Israel o que actuaron como freno. Pues incluso los obstáculos tuvieron un propósito creativo: fortalecer mi deseo de ir. Escribiré para que las futuras generaciones sepan cuánta convicción y determinación se requieren para alcanzar la Tierra de Israel, con cuánta fuerza debe luchar para ir a Eretz Israel aquel que desee ser un buen judío, así sea alguien grande o pequeño y para que ellas se lo cuenten a sus hijos.

La santidad de la Tierra de Israel es suficiente para cada individuo. Cada judío, grande o pequeño, tiene una parte en la Tierra. Ella es nuestra vida, nuestra santidad, nuestro lugar para vivir, nuestra tierra, nuestro suelo, nuestro destino. Fuera de la Tierra de Israel vivimos como extranjeros, errando por las calles y los mercados, pues las tierras fuera de  Eretz Israel no son nuestras tierras. Es por ello que nos referimos a ellas como jutz la Aretz, “fuera de la Tierra”. De hecho nos encontramos fuera y no estaremos en nuestro hogar, hasta no alcanzar Eretz Israel.

(Para comprender este concepto estudia los escritos del Rebe en la Lección 20 del Likutey Moharán I y en la Lección 129 del mismo volumen, titulada “La Tierra que consume a sus habitantes” [Números 13:32]. Ver también la lección que trata de la gente simple, “VaEtjanan” [Likutey Moharán II, 78]. Ver también la Lección 40 [Ibid.] sobre el tema, “Aquel que sabe sobre la Tierra de Israel”. Lee también la lección sobre la paciencia en el Likutey Moharán I, 155, sobre el versículo “Moisés se dio prisa y se prosternó” [Éxodo 34]. Dicen los Sabios [Sanhedrín 111a], “¿Qué es lo que vio Moisés? Vio la paciencia y por lo tanto se prosternó”. La palabra hebrea utilizada para “se prosternó”, vaikod, tiene la misma raíz que la palabra kikad, “arder”, como si dijera, “Moisés se dio prisa pues su corazón ardía por la Tierra de Israel”. Además de aquellas que he citado, hay varias lecciones más que hablan sobre la Tierra de Israel y su santidad. Estúdialas bien al igual que mis discursos, donde he tratado en extenso el tema del propósito último de la santidad de cada judío y el hecho de que todas las victorias tienen el propósito de llevarnos a Eretz Israel).

Quiera Dios otorgarme la gracia de tener pronto el privilegio de llegar a Israel y lograr allí lo que necesito lograr, retornar a Él en verdad, alegría y bondad del corazón. Pueda tener el privilegio de empezar nuevamente mi servicio a Dios, como desde el mismo comienzo, para ser la persona que Él quiere que sea, la persona que el Rebe hubiera querido que yo fuera, siempre. Que Dios tenga misericordia de Su rebaño y nos traiga al recto Mashíaj, pronto. Que nos haga retornar a nuestra tierra para que podamos habitar en ella y regocijarnos con la reconstrucción de nuestro Templo, pronto y en nuestros días. Amén. Que así sea Su voluntad.

2

Durante mucho tiempo tuve el anhelo de ver la Tierra Santa. Esto se remonta a la época en que oí las lecciones del Rebe concernientes a la poderosa santidad de Eretz Israel. A partir de todas sus enseñanzas queda claro que la santidad del judío depende de la Tierra Santa. Desde esa época tuve un ardiente deseo de ir a Israel. Ese deseo ha sido especialmente fuerte desde que oí al Rebe hablar sobre las “Nueve Rectificaciones” (Likutey Moharán I, 20, lección dada en Rosh HaShaná, 1804). El Rebe mencionó que aquel que realmente desea ser un “hombre de Israel”, es decir, elevarse a las alturas espirituales, no podrá hacerlo sin la Tierra de Israel. Dijo que aquel que gana la batalla y logra alcanzar la Tierra es llamado un “guerrero”. Sólo merecerá ese título al llegar allí. Mientras aún está en camino hacia la Tierra Santa, todavía se encuentra en la categoría de aquél que va a la guerra, tal cual nos advierten las Escrituras: “Que el hombre que se ciñe para la guerra no se vanaglorie como aquél que retorna y se saca la armadura” (Reyes I, 20:11).

El Rebe reveló entonces toda la lección explicando cómo se llega a tener el mérito de alcanzar la Tierra de Israel. Luego de oír lo que nos dijo le pregunté al Rebe, “¿Qué quieres decir realmente cuando dices que lo más importante es la Tierra de Israel?”.

En respuesta me retó y dijo, “¡Quiero decir, muy simplemente, esta Tierra, con estas casas y estos patios!”. (Él me habló en idish, “¡Ij mein take, dos Eretz Israel – mit di shtieber, mit di jaizer!”). Lo que quería decir era que uno debe viajar literalmente a la Tierra, a las casas y patios de Safed y Tiberias y otros lugares en Israel. Esto, al igual que todos los preceptos, debe ser hecho de manera literal y con simpleza. No es posible tener el mérito de santificarse sin la Tierra de Israel que conocemos, a la cual debemos viajar para lograrlo.

Desde esa época comprendí que el Rebe quería que todos fuésemos de hecho a la Tierra de Israel y anhelé mucho hacerlo. Sin embargo durante la vida del Rebe hubo numerosas cosas que me impidieron viajar a Eretz Israel y asentarme allí. Primero y principal, no podía apartarme del Rebe, porque él significaba mucho para mí. Él era mi vida y yo no existía sino para él. También me era difícil imaginar que viajaría a Israel sólo con la intención de retornar y no de quedarme allí; ello por diversas otras razones, no siendo la menor los gastos que implicaba. ¿Y cómo me las arreglaría para tener la fuerza de soportar alejarme tanto tiempo del Rebe, algo implícito en semejante viaje? En esa época estaba acostumbrado a visitar con frecuencia al Rebe. Cada vez que llegaba oía las “palabras del Dios Vivo” que beneficiarían a tantos por generaciones. Todo ello me impedía ir a Israel. Pero mi deseo era muy fuerte, en especial cuando recordaba y pensaba en mi amor por la Tierra.

El Rebe, en sus conversaciones con nosotros, nos urgía a viajar a la Tierra Santa. Solía decir que era muy fácil llegar a Israel y que los gastos no eran tan grandes como pensábamos. También dijo que el viaje no era tan peligroso como la gente imaginaba. Comprendimos que, simplemente, nos estaba alentando a ir a la Tierra Santa.

Cierta vez, en que el Rebe nos estaba contando sobre las dificultades que tuvo que enfrentar al ir desde Estambul a Eretz Israel y sobre los terribles peligros que hubo de pasar allí, dijo, “Pero ustedes podrán llegar a Israel con facilidad”. Nos estaba diciendo que nosotros no enfrentaríamos tales obstáculos y que si realmente lo queríamos, llegaríamos allí. Esas palabras han estado grabadas en mi corazón desde esa época y ayudaron a fortalecer mi determinación de llegar a la Tierra Santa.

3

Cuando el Rebe partió del mundo, hace doce años (5571-1810) fue para nosotros como si el sol se hubiera puesto en medio del día. Quedamos como huérfanos. Poco después de que falleciera pensé que debía viajar a Israel con mi esposa y mi familia y asentarme allí. Me parecía que era algo fácil de hacer y que podría establecer un medio de subsistencia con la ayuda de nuestros parientes ricos y amigos. También tenía ahorrada una pequeña cantidad de dinero, cerca de cien rublos, alguna platería y joyas. Tenía la sensación de que con esos bienes no me sería difícil mantenerme de manera modesta en la Tierra de Israel.

Pero me di cuenta de que no podía permitirme el lujo de mudarme a la Tierra Santa pues tenía una responsabilidad frente a la comunidad, aquí en la diáspora. Había tenido el privilegio de transcribir mucha de la Torá del Rebe pero aún quedaba mucho por escribir, tanto como yo podía recordar, al igual que copiar y publicar. Y en verdad, en el primer año luego del fallecimiento del Rebe, logré imprimir sus libros: Likutey Moharán II, Sefer HaMidot y la Síntesis del Likutey Moharán. Tan ocupado estaba con esos proyectos que comprendí que me sería imposible partir y establecerme en Israel. Realmente no tenía tiempo para viajar ni los medios para cubrir los gastos de semejante emprendimiento. También hubo otros obstáculos. Por todos esos motivos no pude hacer el viaje.

Es naturaleza del hombre olvidar las cosas que no son inmediatas. De modo que luego de un tiempo olvidé mi fuerte deseo de viajar a Israel. Sin embargo al estudiar y al escribir la Torá del Rebe mantuve vivo mi anhelo de ir. Dios es Todopoderoso y está pleno de amor y de salvación. ¡Nada está más allá de Él! El Rebe, en sus enseñanzas, menciona numerosas veces que uno debe orar a Dios para que le otorgue anhelo por la Tierra Santa.

Durante mucho tiempo supe que no podía llegar a cumplir con mi anhelo de viajar a la Tierra pues demasiadas cosas se encontraban en mi camino. Pero desde el momento en que tuve el privilegio de escribir la plegaria basada en la Torá que trata de las “Nueve Rectificaciones” mencionada más arriba, comencé a pedirle a Dios que me ayudara a ir a la Tierra Santa. Cada vez que veía levantarse los obstáculos oraba con especial ahínco para tener el mérito de ir a Israel. Sabía que Dios es grande y que Él me ayudaría a superar todas las dificultades que me impedían viajar. Subsecuentemente, tuve el privilegio de componer varias plegarias más relacionadas con Eretz Israel y con cada una se fortaleció mi deseo de ir. Sin embargo, muchos años pasaron antes de llevar a cabo mis planes.

4

Es imposible registrar todo lo que sucedió en relación a mis planes. No alcanzarían muchos folios. Imagina cuan difícil sería registrar todos los pensamientos de un hombre en un solo día de su vida y podrás apreciar cuán difícil sería registrar los pensamientos y eventos de muchos años.

 

Rabi Natan de Breslov

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