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La trampa del rengo

Mientras cabalgaba por el bosque camino a la ciudad, a poco de llegar a ella, encontró un judío a un mendigo sentado sobre el tronco de un árbol caído.
El mendigo pidió al hombre unas monedas, el cual se las dio, y al querer seguir su camino, el pordiosero se le cruzó, rogándole lo llevara con él hasta la ciudad, pues como era rengo le era muy dificultoso hacerlo por sus propios medios y temía lo encontrara la noche en el bosque, quedando así a merced de ladrones y animales salvajes.
El judío, que era muy bondadoso, se apeó del caballo e hizo subir al rengo dándole las riendas y sentándose él detrás.
Así, cabalgando ambos sobre el mismo animal, llegaron al centro de la ciudad, y entonces el mendigo dijo al hombre:
“Ya llegamos, así que ahora bájate que yo sigo hasta mi casa”.
Como es de suponer, el hombre se enojó y comenzó a gritar:
“Así quieres pagarme, robando mi caballo”.
El rengo no se inmutó por los gritos del otro, y sujetándose fuerte al caballo, empezó a gritar a su vez para que se juntase gente a su alrededor y a sollozar:
“Miren lo que este sinvergüenza quiere hacerme; quiere despojarme de mi caballo, a mí, que soy un pobre rengo. Yo lo encontré en mitad del camino, lo traje en mi caballo hasta aquí y ahora, por favor, ayúdenme para que no me despoje”.
El llanto y los gritos que profería hicieron su efecto en los presentes y no permitieron que el buen hombre pudiera llevarse el caballo, que ciertamente le pertenecía.
El hombre se dio cuenta que de nada valdría cuanto dijese, y pidió ver al juez para que éste determine quien tenía razón.
Frente al juez expusieron los hechos y éste contestó:
“Estoy convencido que el caballo es tuyo” dijo dirigiéndose al judío. “Pero lamentablemente nada puedo hacer ya que tú mismo lo sentaste delante y le diste las riendas y eso es una prueba a favor del rengo”.

De esta anécdota debemos aprender lo siguiente: el ser humano está constituido de dos sustancias opuestas: espíritu y materia. La persona se eleva si estudia Torá, realiza buenas acciones y Mizvot, fortaleciendo así el espíritu sobre la materia.
Aunque necesite del trabajo para subsistir materialmente, no debe convertir eso en la base principal de su existencia, y “sentar el materialismo en la parte delantera”, porque de esa forma en toda su vida la materia vencerá al espíritu y aunque el individuo sostenga lo contrario, nadie le creerá, pues la pregunta será: “¿Quién va delante? ¿Acaso renuncia a algo para elevarse espiritualmente?”.
Si lo material va delante, eres esclavo de las malas inclinaciones, pero si anteponemos el espíritu a todo, somos beneficiados por las buenas inclinaciones que nos harán triunfadores en la vida.

Extraído de Oasis

(Gentileza Revista semanal Or Torah, Suscribirse en: ortorah@ciudad.com.ar )

1 comentario
  1. Moisés Lopez Onofre

    Seré triunfador ante esta existencia si le doy las riendas al alma que Mora en mi y lleve acabo su propósito.

    10/07/2016 a las 00:13

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