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La Tierra de Israel
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La Tierra Santa: Una Perspectiva Kabalista

Extraido de Esta Tierra es Mi Tierra

El pueblo de Israel se benefició de cuatro maneras diferentes al vivir en la Tierra de Israel: emocional, física, financiera y espiritualmente.

En la esfera emocional, los israelitas se transformaron en una nación segura y soberana que no tenía que someterse a ningún poder extranjero. Bajo Ioshúa, todos los pueblos que rodeaban a Israel les temían y dejaron de atacarlos. El Reinado del Cielo estaba manifiesto y la Presencia Divina revelada, pues Dios había mostrado Su compromiso con Su pueblo. Su seguridad se apoyaba en el liderazgo estable y creíble de los Ancianos, de los Jueces y de los Profetas (como fue establecido en los días de Moisés).

Un tribunal central sesionaba en el Tabernáculo y había cortes menores establecidas por toda la Tierra. Maimónides (Rambam), líder y pensador del siglo XII, indica las cualidades y obligaciones de estos jueces (Iad HaJazaká, Hiljot Sanedrín 2:2, 25:1-2). También se establecieron escuelas (Rashi Jueces 1:16). Las Doce Tribus funcionaban como una “Federación de Estados”, decretando leyes sociales para el beneficio mutuo de todos (ver Eruvin 17a; Bava Kama 80b).

Con respecto al ámbito físico ya hemos mencionado los frutos de la Tierra (ver Números 13). El Talmud describe el producto agrícola de un período muy posterior, en la época del Rabí Shimón ben Shetaj, cuando los granos de trigo tenían el tamaño de un riñón y los granos de centeno el tamaño de carozos de aceitunas (Taanit23a ).

Otro pasaje relata que un zorro hizo su guarida en un nabo y aunque retiró gran parte de él, el nabo aún pesaba sesenta kilogramos (Ketuvot 111b). Las cabras pastaban bajo las higueras, la miel goteaba de los higos y la leche fluía de la ubre de las cabras, produciendo literalmente una “Tierra que fluye con leche y miel”, cubriendo una área de más de 24 kilómetros cuadradas (ibid. 111b). Los sabios indican que un área de 1680 metros cuadrados producía 150 toneladas de grano (ibid. 112b). De tales afirmaciones, podemos inferir que el producto agrícola de la Tierra era notable, contribuyendo a la salud y al bienestar de sus habitantes.

El Midrash y los comentarios hablan de los beneficios de habitar en la Tierra Santa. Los Cananeos, conscientes de que Dios cumpliría con su promesa a Israel, adoptaron una “política de tierra arrasada” y comenzaron a destruir sus hogares y campos, para que el pueblo judío sólo recibiese una tierra árida. Al ver que la estadía de los israelitas en el desierto retrasaba su entrada en la Tierra, los Cananeos volvieron a construir sus hogares. Fueron precisamente sus nuevas casas las que tomó Israel (Vaikrá Rabah 17:6). Más aún, el abundante producto de la Tierra promovió el comercio y el intercambio, lo que aumentó la riqueza del pueblo.

Sin embargo, el ámbito espiritual era el más importante. La Presencia Divina estaba manifiesta y el conocimiento de Dios se revelaba en todas partes. La relación entre el bienestar físico y material y la espiritualidad es un tema tratado por el Rebe Najmán. Explica el Rebe que sólo es posible alcanzar una profunda comprensión de Dios cuando la persona está financieramente segura. Enseñan nuestro sabios, “Si no hay harina, no hay Torá” (Avot 3:17).

Si la persona carece del sustento básico, no tiene el tiempo ni la paciencia necesarias para estudiar Torá. Las presiones y las dificultades de la lucha por ganarse el sustento no le permiten la paz mental necesaria para el estudio de la Torá. Sólo aquél que es rico tendrá el tiempo para contemplar los misterios más profundos de la Torá. Enseña el Rebe Najmán:

¡Debes saber! Existen senderos de la Torá que implican una gran contemplación que sólo puede ser alcanzada por medio de la riqueza. Incluso para un estudio e interpretación elemental de la Torá, “si no hay harina no hay Torá”, de modo que al menos uno debe tener el sustento. Cuánto más aún, si se desea alcanzar una profunda contemplación de la Torá: entonces es necesario tener una gran riqueza.

Aquél que posee esa gran riqueza no carece de nada y puede dedicarse a la contemplación profunda… Es por esto que Moisés y todos los Profetas tenían una gran riqueza, para que pudiesen alcanzar esta contemplación. Y dado que el estudio de la Torá implica esta contemplación, es por lo tanto llamada “riquezas…” (Likutey Moharán I, 60:1).

Aparentemente, en la época de Ioshúa los israelitas poseían una gran abundancia. Habían dejado Egipto llevando una gran riqueza, pudiendo así experimentar la Revelación en el Sinaí (que corresponde a la contemplación profunda, es decir, la manifestación de Dios). Antes de entrar a la Tierra, lucharon también contra Sijón, contra su hermano Og y contra los Midianitas, aumentando más aún su riqueza con el botín capturado (ver Rashi Deuteronomio 2:34). Los israelitas alcanzaron un elevado nivel de espiritualidad y fueron privilegiados con la capacidad de una profunda contemplación de Dios y de la Torá. La Kabalá describe los beneficios espirituales de la Tierra que comenzaron con la Creación.

Jaim Kramer

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