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La redención tras los dos exilios

(selección extraída del libro «Profecía y Providencia» por R. Meir Sokolovski, © Kest-lebovits

 

La Torá Describe la Redención Tras los Dos Exilios

El Ramban prosigue:

Si se analiza más en profundidad la promesa de redención del primer Exilio Babilónico, se verá que D-os sólo le asegura a Israel que El recordará el pacto de los padres y de la tierra. No hay mención de que vaya a perdonar sus iniquidades y que los vuelva a amar como antes, o que vaya a reunir a todos los que se dispersaron. Y fue así exactamente como ocurrió. Pues cuando los judíos retomaron de Babilonia, solamente regresaron las tribus de Yehuda y de Biniamin, junto con una pequeña fracción de otras tribus. Además, regresaron pobres y como servidores de los reyes de Persia. Tampoco afirma D-os que ellos han de regresar a El con total arrepentimiento, sino solamente que «confesarán su iniquidad y la iniquidades de sus padres», que fue exactamente lo que ocurrió cuando regresaron del exilio. Por el contrario, la promesa de redención mencionada en Devarim, en la segunda Tojajá, será una redención completa, superior a cualquiera precedente. Así prometió Moshé: «Y será benévolo contigo y hará que te multipliques más que tus padres» (Devarim 30:5). Moisés nos prometió que D-os diezmaría y destruiría a quienes nos exiliaron, tal como está escrito: «Entonces el Eterno tu D-os volverá aquellas maldiciones contra tus enemigos y contra los que te aborrecen y contra los que te persiguieron…» (Devarim 30:7). Las dos expresiones de «tus enemigos» y «los que te aborrecen» hacen referencia a las dos religiones (los cristianos y los musulmanes), que continúan persiguiéndonos. (Ramban, Vaikra 26:16)

La Torá Predijo Acerca del Rey de Israel y su Destino

(En la Tojajá de Devarim, que se refiere a la destrucción del segundo Beit ha-Mikdash, dice la Torá:) «El Eterno te llevará, junto con el rey que hayas puesto sobre ti, al seno de un pueblo que no conociste ni tú ni tus padres» (Devarim 28:36)

El Ramban comenta sobre este versículo:

El rey Agripas fue a Roma hacia el final del período del segundo Beit ha-Mikdash, y mientras se encontraba allí, le dijo al Emperador Nerón que había habido un levantamiento judío en Eretz Israel. Como resultado, Nerón envió un ejército contra los judíos, y se destruyó el segundo Beit ha-Mikdash. Debemos notar que la Torá no dice «el rey que reinará sobre ti», sino «el rey que hayas puesto sobre ti». La Torá hace alusión a un rey que no sería elegible para reinar, pues la Ley Judía prohibía un rey como Agripas, que era descendiente de Herodes, hijo de Antipater, el edomita, pues la Torá dice: «No un varón extraño que no sea tu hermano» (Devarim 17:15). No obstante ellos «pusieron» a Agripas como rey suyo, en contra de lo que establece la ley (ver Sotá 41b).

En su comentario de la Tojajá de Devarim, el Ramban agrega:
También es posible que Moisés hubiera aludido a un rey que precedió a Agripas, llamado Aristóbulo hijo de Alejandro Yanai, a quien el general romano Pompeyo capturó y condujo hacia Roma junto con sus compañeros, engrillado. Los cautivos pasaron a estar en boca de todas las naciones, que no cabían en su asombro ante el hecho de que a pesar del enorme poderío de este rey, le hubiera ocurrido semejante calamidad. Se dice que estos pueblos decían: «¡Cómo caen los poderosos, y perecen las armas de guerra!»

El Ascenso del esclavo Edomita y otros forasteros

Rabí Y.A.Halevi comenta también el siguiente versículo de la Tojajá:

El forastero que estuviere contigo se elevará sobre ti muy alto, en tanto que tú descenderás muy bajo…El será cabez y tú serás cola (Devarim 28:43)

También esta profecía se cumplió al final de la era del segundo Beit ha-Mikdash. Herodes, que era un esclavo edomita, escaló posiciones, hasta convertirse en Rey de Israel. Este rey malvado y déspota oprimió a sus súbditos con gran crueldad, asesinándoles, saqueándolos, robándoles y dejándolos en la más absoluta pobreza. Pero en cuanto a los gentiles que habitaban la tierra, a ellos los ascendió de cargo y les mandó construir edificios magníficos y ciudades imponentes, llenándolos de la abundancia que había tomado de los judíos (Dorot ha Rishonim, ídem).
Josefo cita las palabras de judíos eminentes que se presentaron ante el emperador romano tras la muerte de
Herodes, quejándose:

A decir verdad, todos los aspectos de su reinado fueron de una enorme crueldad, con el solo propósito de destruir y saquear a los judíos.Construyó todas las ciudades de nuestros vecinos, las ciudades gentiles, y las realzó con estructuras enormes y espléndidas, a fin de que, por comparación, empequeñecieran las ciudades de judea, y lo logró. Los habitantes de judea cuya situación económica era favorable al comienzo de su reinado, fueron pisoteados una y otra vez, hasta convertirse en simples mendigos.

Así se cumplió en su totalidad la amarga profecía del forastero que «se elevará sobre ti muy alto, en tanto que tú descenderás muy bajo».

La Maldición de la Mujer Comprometida que es Sometida por Otro Hombre

Y lo mismo ocurre con la profecía de Devarim 28:30:
Te comprometerás con una mujer, mas otro hombre se acostará con ella.

Esta maldición se cumplió cuando los griegos y los romanos reinaron en la tierra, tal como lo describe el Talmud (Ketubot 3b): «Durante el período de persecución, se firmó un decreto por el cual todas las vírgenes, al momento de casarse, debían acostarse primero con el gobernador». Este decreto malvado, el jus prima noctis, se mantuvo en efecto contra los judíos durante un lapso muy prolongado, en diferentes territorios, según lo demuestran los registros históricos.

Las Profecías de la Torá se Cumplen hasta en el Mas Mínimo Detalle

La Torá no se limitó a predecir el futuro en términos generales y vagos, sino que describió en detalle los acontecimientos que traerían la Destrucción y el Exilio. El cumplimiento de estas profecías, hasta en sus más mínimos detalles, es otro testimonio de la omnipotencia del Creador y de Su permanente control del curso de la historia. Obviamente, en la época en que fueron escritas estas profecías era humanamente imposible predecir los acontecimientos históricos del futuro. Solamente un Ser Supremo y Omnisciente podía adelantarse a lo que ocurriría más tarde. Fue El Quien dispuso que estos hechos ocurrieran del modo que ocurrieron, a fin de que Sus palabras se cumplieran al pie de la letra.
Por ejemplo, tomemos la profecía de Devarim 28:49: «El Eterno hará que venga contra ti un pueblo de muy lejos, desde el extremo de la tierra». La Biblia afirma en forma específica que la nación que enviaría a Israel al exilio vendría «de muy lejos, desde el extremo de la tierra». A primera vista, este dato no nos parece de tanta relevancia. Después de todo, dada la amarga agonía del galut, el origen geográfico del enemigo invasor no tendría por qué importarnos. ¿Para qué mencionarlo, entonces? ¿Acaso un país vecino no podría haber logrado lo mismo? Por cierto que Antioquías, el tirano helenista ubicado en la vecina Siria, había demostrado ser un tirano poderoso e inflexible con total dominio sobre sus súbditos. ¿Por qué no fue él quien habría de exiliar a Israel de su tierra?

Según nuestra perspectiva humana, no le faltaba poder ni control. Pero no era él el destinado a hacerlo. Varios siglos antes, D-os había advertido que vendría una nación «desde el extremo de la tierra».
Así es como Antioquías estaba destinado a ser expulsado de Eretz Israel, y las legiones de Roma estaban destinadas a cruzar los mares, destruir el segundo Beit ha-Mikdash y exiliar al Pueblo Judío, todo el tiempo con el estandarte del águila romana en alto, tal como había sido predicho hacía tanto tiempo: » … rápido como el águila…» (Devarim 28:49)
Si analizamos las profecías de las Advertencias que describen el período que precedió al exilio del segundo Beit ha-Mikdash, vemos que la Torá describe ese período en detalle:

Tu buey será degollado ante tus ojos… tu asno te será quitado delante de tu rostro… tus hijos y tus hijas serán dados a otro pueblo… servirás a tus enemigos… Y él pondrá un yugo de hierro en tu cuello hasta exterminarle…(Devarim 28:31-48)

Estas advertencias proféticas de castigo Divino se cumplieron durante el período de esclavitud y de opresión que precedió al segundo Exilio. ¿Quién, sino un profeta de D-os, pudo haber predicho con mil años de anticipación que ocurrirían semejantes hechos? ¿Acaso los romanos no podrían haber exiliado a los judíos en forma inmediata, igual que los asirios y los babilonios, sin necesidad de empobrecerlos y esclavizarles antes? ¿Cómo fue posible predecir con tanta anticipación las tácticas que emplearían los romanos? Pero como la Torá advirtió a los judíos que si no cumplían con la palabra de D-os serían castigados con la esclavitud y la opresión, El dispuso que estos hechos precedieran al galut, según lo predicho.
Hay muchos otros detalles, tales como el exilio del rey, el envío de cautivos a Egipto y el enfrentamiento de los extranjeros contra los judíos en su propio país, así como muchas otras profecías que cita el Ramban, que se cumplieron tal como habían sido previstas. ¿Acaso estos hechos eran inevitables? ¿Hubo algún factor que los obligara a seguir el modelo predicho por la Torá? ¡Por cierto que no!
El cumplimiento de las profecías en torno al galut, cada una con sus detalles específicos, sirve para fortalecer nuestra fe y nuestra confianza. Porque así como se cumplieron todas estas profecías de sufrimientos, también habrán de cumplirse las de consuelo y reunión de los exiliados. Que muy pronto en nuestros días merezcamos el cumplimiento de las palabras que se han escrito:

He aquí que vendrán días, dice el Eterno, … y haré tomar el cautiverio de Mi pueblo Israel y reconstruirán las ciudades asoladas, y las habitarán. Y plantarán viñedos… y comerán sus frutos. Y Yo plantaré en su propio suelo y no serán más arrancados de la tierra que les di, dice el Eterno su D-os. (Amos 9:13)

Entonces todo el mundo sabrá que fue D-os y solamente D-os Quien exilió a Su pueblo de su tierra, y que es El Quien los hará retomar a su país, tal como está escrito:

Por tanto así dice D-os el Eterno: «Ahora tomaré la cautividad de Jacob… Y sabrán que Yo soy el Eterno su D-os que les hice ir en cautiverio entre las naciones. Los reuniré a su propia tierra, y no dejaré más a ninguno de ellos». (Yejezkel 39:25-28)

 

R. Meir Sokolovski

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